Paula Fernández
Redacción Medioambiente, 8 may (EFE).- Europa y Latinoamérica son regiones complementarias en transición energética, una ventaja que la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) quiere impulsar con el proyecto EnergyTran, que busca tejer redes entre investigadores para avanzar juntos y asegurar que se tienen en cuenta sus impactos sociales y medioambientales.
La iniciativa, financiada con 1,5 millones de euros del programa Horizonte Europa de la Unión Europea, agrupa a investigadores de once universidades y centros de seis países (España, Portugal, Argentina, Chile, México y Costa Rica) para trabajar conjuntamente en transición energética durante dos años.
El proyecto quiere unir a dos regiones que son "muy complementarias" en ese campo, como explica en una entrevista con EFE la directora general de Educación Superior y Ciencia de la OEI, Ana Capilla.
"América Latina tiene un gran potencial de producción, desde litio a hidrógeno verde. Y Europa es más avanzada en el desarrollo de las tecnologías que permiten obtener el potencial de esas energías o de esos materiales", señala.
Capilla recuerda que Argentina, Bolivia y Chile forman el llamado "triángulo del litio", con el 56 % de las reservas mundiales, y que se estima que el 12 % de la producción mundial de hidrógeno verde podría venir de América Latina.
El problema es que esta región quede de nuevo como un mero extractor y no participe en el resto de la cadena de valor.
"Para eso necesitas conocimiento. Y eso es lo que aporta EnergyTran. Por un lado, Europa tiene acceso al litio. Y por otra parte, América Latina la capacidad de poder luego participar en el resto de la cadena", con plantas de procesamiento o vendiendo baterías, ejemplifica Capilla.
Europa tiene mucho que ganar también: "Tienes un problema de suministro de energía, más a largo plazo la solución puede venir de América Latina, que es un socio muchísimo más fiable".
Impacto medioambiental
Los participantes trabajan en soluciones como sistemas de almacenamiento o baterías de mayor duración, pero este proyecto multidimensional no se centra sólo en el desarrollo de las tecnologías, sino que también busca crear conocimiento sobre sus impactos ambientales.
Se están desarrollando indicadores para medir esos impactos medioambientales y poniendo en contacto a investigadores que pueden complementar sus campos de acción: el que se dedica a tecnologías sobre litio puede beneficiarse del trabajo de un compañero que estudia cómo la extracción puede dañar los acuíferos.
Transición energética y cambio climático son dos esferas interconectadas, y en América Latina no falta concienciación sobre ello; este año, la COP se celebra en Belém (Brasil).
Pero aunque los latinoamericanos saben que ya están sufriendo sus efectos, el problema es cómo afrontarlos ante la falta de inversión y de trabajo conjunto a nivel regional, según la directora general de la OEI.
Y por ello también es importante impulsar la generación de conocimiento en el sector dentro de la propia América Latina para no depender de experiencias de terceros y partir de la propia realidad de la región, porque instalar turbinas eólicas en la costa de Países Bajos no es igual que hacerlo en el Caribe, ilustra Capilla.
La transición energética debe ser sostenible pero también justa, por lo que el tercer pilar de EnergyTran es su dimensión social, tener en cuenta los efectos sobre las poblaciones locales.
El proyecto tiene además una vertiente de género, ya que en el sector energético de América Latina hay, en general, poca representación femenina.
Las carreras de ciencia, energía, tecnología y matemáticas (STEM en inglés) y la participación en proyectos locales de autoconsumo con paneles solares -"la mujer al final es la que lleva la casa", dice Capilla- son formas de aumentar su implicación en la transición energética.
La iniciativa también incluye la elaboración de recomendaciones políticas, para que el conocimiento generado llegue a las autoridades y puedan tomar decisiones informadas y saber dónde invertir.
A la OEI le gustaría ir más allá de las redes de conocimiento y profundizar en el potencial de formación y generación de empleos en transición energética si el proyecto pudiese tener continuidad con nuevas convocatorias de fondos.
"Hay una necesidad de capacitación de los técnicos en los ministerios. Desarrollar una política energética también requiere una cierta capacitación", defiende.
De momento, los resultados tangibles del proyecto incluyen 50 movilidades internacionales de expertos entre Europa y Latinoamérica, más de una veintena de actividades, publicaciones científicas sobre litio, hidrógeno verde y género en la transición energética y una plataforma digital con 1.500 investigadores registrados. EFE
(foto)(vídeo)
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