
Washington, 22 may (EFE).- Si se cumpliera la estadística de que ningún presidente estadounidense posterior a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) ha perdido unas elecciones cuando la economía es boyante, Joe Biden lo tendría todo para ganar en noviembre: la bolsa en máximos históricos, el Producto Interior Bruto (PIB) lejos de la recesión, la inflación bajando y el desempleo en mínimos.
Sin embargo, a día de hoy las encuestas no solo dan como ganador al expresidente republicano Donald Trump (2017-2021), sino que dibujan una realidad distinta a la que describen los números: los ciudadanos están preocupados por la economía y por los altos precios.
¿Por qué la fortaleza económica, que los demócratas y el propio Biden enarbolan en cada evento público, no acaba de permear en la población? La profesora de Comunicación de la Universidad de Boston, Tammy R. Vigil, lo ve claro: "Los demócratas son tradicionalmente muy malos enviando mensajes, particularmente cuando se trata de ciertos logros y muy específicamente en lo relacionado con la economía", cuenta a EFE.
Y los republicanos, explica por su parte el economista Harry M. Kaiser, profesor de la Cornell University, "han hecho un excelente trabajo al convencer a la gente, apoyados de los medios conservadores, de que la economía está mal, de que las tasas de criminalidad han aumentado y de que Estados Unidos está en una situación terrible", explica a EFE.
"El hecho de que la Administración no esté recibiendo mucho crédito por las medidas económicas es bastante sorprendente, ya que normalmente una buena economía favorece fuertemente a la Administración actual en las elecciones generales", añade.
Pero ¿está la economía estadounidense tan boyante como Biden dice? En opinión de Kaiser, está "en buena forma": "la tasa de desempleo es muy baja (3,9 %), las inflación (3,4 % en abril) está bajando y los ingresos reales están aumentando significativamente más rápido que la tasa de inflación".
En cuanto a los mercados, la semana pasada el Dow Jones de Industriales rebasó por primera vez en su historia la barrera de los 40.000 puntos.
Así que, a priori, todo parecería indicar que en Estados Unidos -ya lejos de la recesión y con un crecimiento en el primer trimestre del PIB del 1,6 % (tasa anualizada)- la economía va bien, aunque los ciudadanos no lo perciban del todo.
Y es que existe, como lo bautizaba el Nobel de Economía Paul Krugman en un reciente artículo en The New York Times, "una desconexión" entre "las percepciones de la economía" y "lo que la gente ve en sus propias vidas", apuntaba en el texto.
"Aunque la mayoría de los estadounidenses tienen una visión negativa de la economía, como manifiestan en las encuestas, en sus propias circunstancias financieras la mayoría de los estadounidenses se sienten relativamente positivos acerca de sus propias finanzas", afirmaba Krugman, quien destacaba que las encuestas se centran siempre en hablar sobre la economía general y menos sobre las circunstancias personales.
Por lo tanto, los demócratas tienen por delante el "desafío político" de superar la "falsa narrativa de que a la economía está yendo mal", señalaba el economista.
Pese a que las cifras macroeconómicas sostienen la visión de Biden, existe también un detalle que afecta en la noción que los ciudadanos tienen sobre la economía, el hecho innegable de que -pese a que la inflación esté descendiendo- ciertas cosas cotidianas son mucho más caras que antes y que no van a bajar.
"Hay ciertas cosas que son muy caras, como los restaurantes y la comida, cosas que afectan al día a día de las personas", explica a EFE el profesor de Economía de la Universidad de Boston, Laurence J. Kotlikoff.
La gente, añade, se molesta cuando "va a un restaurante y paga 30 dólares por un sandwich, que equivale a una hora de trabajo", afirma.
Así como ningún presidente que se ha presentado a la reelección ha perdido en las urnas cuando la economía era fuerte, ninguno ha logrado ganar si en los dos años previos había habido una recesión.
Una muestra más de que, recuerda la profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Stanford, Brandice Canes-Wrone, la economía "es tradicionalmente un factor importante" y decisivo en las urnas.
Por ello, "los próximos meses serán críticos" y los demócratas tienen el reto de convencer a la gente de que "se ha dado un giro" y de que la inflación también "se está estabilizando".
Paula Escalada Medrano
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