Un mate por trofeo y un tren que cruza las pistas, así es el Open de tenis de Buenos Aires

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Juan Verano

Buenos Aires, 17 feb (EFE).- Todos los torneos de tenis tienen su mística, pero el IEB+ Argentina Open de Buenos Aires es el único en el que el sonido del cordaje de las raquetas al golpear la bola se confunde con el ruido de los trenes, el de los aviones y el característico rumor del mate al sorberse.

El Torneo de Buenos Aires, que este año tiene a su vigente campeón, el español Carlos Alcaraz, como principal candidato al título, no es ninguna novedad en el circuito del tenis mundial.

La competencia en tierra batida de la capital argentina data de 1893, aunque no ha seguido disputándose ininterrumpidamente desde entonces y tampoco ha tenido siempre la misma categoría.

Desde 2001, el Argentina Open lo organizan los mismos promotores, con el extenista Martín Jaite a la cabeza y las pistas del Buenos Aires Lawn Tennis Club como escenario para la práctica del deporte.

Este año, la organización del IEB+ Argentina Open ha renovado completamente su predio con nuevas áreas para el público y una zona renovada para los jugadores.

El Estadio Guillermo Vilas, bautizado en honor al mejor jugador argentino de todos los tiempos, es el centro de este elegante club de tenis situado en los Bosques de Palermo, uno de los principales pulmones verdes de la capital argentina.

La pista, donde se disputará la final del torneo, cuenta para esta edición con una grada supletoria extra con una capacidad para unas 850 personas, lo que eleva el aforo máximo del Estadio Guillermo Vilas hasta los 5.862 espectadores.

El silencio, un elemento que acompaña habitualmente al tenis, no está garantizado en el epicentro del Open. Un puente ferroviario muy transitado atraviesa la pista de un lado a otro.

Independientemente de la emoción que se esté viviendo en las pistas, los vagones del Tren Mitre, que transportan cada día a unas 160.000 personas, cruzan el Buenos Aires Lawn Tennis Club varias veces durante los partidos.

Sus espectadores forman parte del público y no es extraño que los maquinistas hagan sonar su bocina en algunas ocasiones a lo largo del partido Además de los trenes, el sonido de los aviones que aterrizan y despegan en el Aeroparque Jorge Newbery, muy próximo a las pistas, también es constante.

Cada jornada pasan por este aeropuerto, a pocos kilómetros del centro de Buenos Aires, unos 56 vuelos nacionales e internacionales.

El calor, sofocante en esta época del año en la orilla argentina del Río de la Plata, protagonizó los primeros días de la competición, pero las temperaturas han ido suavizándose con el paso de las jornadas.

Un capítulo aparte en todas las competiciones deportivas del país suramericano es el público, completamente entregado a animar a los tenistas argentinos y a las estrellas extranjeras.

Hasta ahora, en los palcos del Estadio Guillermo Vilas se han dejado ver figuras históricas del tenis argentino como Gabriela Sabatini o Guillermo Coria, y protagonistas de otros deportes como el portero del Club Atlético Boca Juniors, Sergio 'Chiquito' Romero.

Todos esperan al domingo, cuando se conocerá quién se hará con el curioso trofeo del torneo que, como no podía ser de otra manera, está coronado desde hace años por un mate y su bombilla, elementos centrales de la cultura del país suramericano.

Como el tradicional posado frente a la Torre Eiffel del ganador del Roland Garros o el chapuzón en la piscina del campeón del Torneo Conde de Godó en Barcelona, los coronados en Buenos Aires tienen por costumbre fotografiarse mientras simulan que sorben directamente desde el trofeo.

En el Argentina Open de Buenos Aires no es ninguna mala noticia que la victoria llegue con un sabor especialmente amargo. EFE

jgv/sab