Cuando hablamos de dolores de espalda, muchos piensan enseguida: hay que ponerle calor. Pero no en todos los casos el calor es la mejor opción. En algunos casos, el frío puede ayudar. Así lo asegura Munther Sabarini, neurocirujano de la Clínica Avicenna de Berlín, en Alemania. Por ejemplo, cuando se debe a una contusión, una inflamación aguda o un nervio pinzado. Según el médico, el frío ralentiza la transmisión de las señales de dolor al cerebro. Esto es útil, por ejemplo, en hernias de disco, lumbalgias o ciática. El calor estimula una mejor irrigación sanguínea ¿Y cuándo ayuda el calor? En el caso de tensiones musculares o dolores crónicos, recomienda Sabarini. Y es que el calor estimula la circulación de la sangre y, por lo tanto, la relajación. Pero, en general: estas medidas no eliminan la causa del dolor, sino que solo sirven para paliar los síntomas. No sustituyen un tratamiento médico. dpa
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