Cómo hacer que un cambio de hogar en la vejez sea un éxito

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ILUSTRACIÓN - Para reducir el estrés de una mudanza a edad avanzada es recomendable decidir semanas antes de qué objetos habrá que desprenderse y cuáles se van a conservar. Foto: Christin Klose/dpa

Vivir en la propia casa el mayor tiempo posible sigue siendo el objetivo de muchas personas mayores. Muchos de ellos asocian el cambio de hogar, es decir, una mudanza, principalmente con el estrés. Pero hay otras formas de afrontar esta situación.

Aunque la mudanza no sea para alcanzar un objetivo personal, sino por motivos puramente prácticos, no hay por qué tener miedo a la idea. ¿Qué es importante para que no sólo la mudanza sino también el nuevo comienzo sean todo un éxito?

Cuando los escalones para subir al vivienda parecen insuperables e incluso llevar la casa se convierte en un reto cada vez mayor, muchas personas mayores y sus familiares empiezan a plantearse si un traslado a un apartamento sin barreras o a una residencia no les haría la vida más fácil.

Sin embargo, este traslado al nuevo hogar se percibe a menudo de forma negativa, dice la psicóloga Eva Asselmann. En concreto, como la señal de que uno ya no está tan en forma ni es tan independiente como le gustaría.

Si, por el contrario, la mudanza no es necesaria todavía, la imagen que uno se puede formar de esa situación es más neutra. Es por ello que Asselmann recomienda pensar con relativa antelación, a los 50 o 60 años, en lo que podría ser importante para la persona en la vejez y en cómo le gustaría vivir dentro de 15 años.

Para la psique, la mudanza en esos años de la vida en los que la persona se acerca a su final puede ser estresante. "Cuanto más mayores son las personas, más difíciles les resultan los cambios", explica Sabrina Odijk, que dirige el Servicio de Voluntariado Social de la organización católica alemana Malteser Hilfsdienst. Las personas mayores dependen mucho de las rutinas, especialmente en los casos en los que la demencia también es un factor a tener en cuenta. Por lo tanto, para ellas comenzar completamente de nuevo es algo que les puede generar inquietud.

Además, las personas que han vivido en un lugar durante mucho tiempo suelen estar muy apegadas a su casa, su entorno y su barrio o comunidad. Así que, aunque haya razones prácticas para mudarse, suele haber mucha resistencia emocional a hacerlo. Y los familiares tienen que tomar eso en serio.

Lo mejor es sentarse juntos y escribir una lista de todas las ventajas e inconvenientes, aconseja el psicólogo e investigador del envejecimiento, el profesor Hans-Werner Wahl.

Sin embargo, la "sobreprotección bienintencionada" puede llevar rápidamente a que la persona mayor sienta que sus capacidades están limitadas, advierte Sabrina Odijk. Incluso con las personas con discapacidades cognitivas, es importante mantener un enfoque de colaboración, dice Wahl, para que la persona mayor siga sintiendo que ella también forma parte de las decisiones que se toman.

Si la persona mayor se siente bien involucrada en las decisiones importantes sobre la mudanza, también es posible que la adaptación al nuevo lugar fluya mejor. Lo más importante es la participación activa en la vida del nuevo lugar, señala el psicólogo Asselmann.

Aunque un apartamento sin barreras constituye una base importante, de poco sirve si el entorno no es adecuado. ¿A qué distancia está el supermercado y la farmacia más cercanos? ¿Qué reuniones y actividades de ocio hay para mayores? ¿Puede ir fácilmente a visitar a la familia y a los amigos?

Tener éxito en la nueva etapa empieza por decir adiós al viejo hogar, señala el investigador Frank Oswald, especializado en estos temas. Sobre todo, cuando la mudanza ha supuesto ir desprendiéndose de muchos objetos preciados ya que se ha reducido el espacio disponible.

Lo que es importante, es algo que solo puede decidir la persona afectada, no los familiares. A menudo no es el valor material lo que cuenta, sino el apego emocional. A la hora de decidir lo que uno quiere quedarse, es conveniente que la persona mayor tome parte activa en ese proceso, siempre y cuando pueda.

Lo mejor es empezar por elaborar una lista con unas semanas de antelación en la que se incluya qué puede desaparecer y qué debe desaparecer.

Clasificar los objetos suele ser más fácil si la mayoría de ellos no acaban en los contenedores de residuos, sino si se pueden regalar o donar a una buena causa. En lugar de deshacerse rigurosamente de las cosas, Hans-Werner Wahl aconseja tomarse un tiempo para despedirse conscientemente y recordar, por ejemplo, el papel que un mueble ha desempeñado en la vida de uno.

Otro consejo de Wahl es hacer como una pequeña "fiesta" con motivo de la mudanza, quizás con una comida. "Puede ayudar a desprenderse de las cosas", señala.

dpa