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Por qué los niños de 6 a 9 años rechazan el trato desigual más que el castigo

Una investigación internacional publicada en el Journal of Experimental Child Psychology reveló que los escolares priorizan la igualdad de trato, y que una sanción justa produce alivio mientras que la impunidad deriva en tristeza y culpa

Tres niños pequeños juegan alrededor de una mesa baja llena de muñecas, figuras de acción y una casa de muñecas, bajo la luz del sol que entra por una ventana.
Un estudio internacional determinó que los niños de 6 a 9 años priorizan la igualdad de trato por encima del castigo cuando un adulto aplica reglas tras una infracción - (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un estudio internacional publicado en el Journal of Experimental Child Psychology determinó que los niños de entre 6 y 9 años priorizan la igualdad de trato por encima de la presencia o ausencia de castigo, y que una sanción justa genera alivio emocional en quien la recibe, mientras que escapar de las consecuencias puede derivar en culpa y tristeza cuando el niño descubre que un par fue tratado de otra manera.

La investigación fue realizada por la psicóloga y socióloga Katarzyna Myślińska-Szarek, de la Universidad SWPS de Polonia, y el profesor Felix Warneken, de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos.

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El estudio, divulgado por el portal científico Phys.org, es la segunda entrega de un proyecto internacional cuya primera fase fue publicada en la revista Cognition en 2025. Ambos trabajos abordan la sensibilidad de los niños a la justicia en la aplicación de normas y la forma en que evalúan las emociones de quienes enfrentan consecuencias desiguales por la misma infracción.

Dos niños sentados en una mesa con masas de colores, slime morado y verde en cuencos, recipientes de masa y herramientas de plástico.
En historias sobre infracciones cotidianas, el 97% de los niños aceptó decisiones iguales para ambos personajes y el 93% pidió igualar el trato cuando hubo diferencias - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para la investigación más reciente, 122 niños de Polonia y Estados Unidos observaron historias ilustradas en las que personajes cometían infracciones cotidianas (usar el teléfono en clase o dejar desorden después del almuerzo) y luego respondieron preguntas sobre si el personaje debía ser castigado y si el trato recibido era justo.

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Los resultados fueron contundentes: cuando los dos personajes recibían el mismo trato: ambos castigados o ambos sin consecuencias. El 97% de los niños consideró que el adulto no necesitaba cambiar nada. Pero cuando las consecuencias eran distintas, el 93% exigió que se igualara el trato. El foco de los niños no estaba en el castigo en sí, sino en que las reglas se aplicaran de manera uniforme.

Ese comportamiento responde a lo que los investigadores denominan “metanormas”: principios de orden superior que los niños aplican para evaluar cómo deben hacerse cumplir las reglas, más allá del contenido de las reglas mismas.

Grupo de niños corriendo sobre césped verde, pateando un balón de fútbol blanco y negro, con árboles y cielo azul de fondo en un día soleado.
El estudio previo en Cognition describió un efecto de primacía por el cual la primera decisión del adulto fija el estándar que los niños esperan en casos siguientes - (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación previa del mismo equipo, publicada en Cognition, había descrito el llamado “efecto de primacía”: la decisión que toma un adulto frente al primer infractor establece un estándar que los niños esperan ver replicado en los casos siguientes. Si el primero es castigado, los niños anticipan que el segundo también lo será; si el primero sale sin consecuencias, esperan la misma leniencia para el siguiente.

“Los resultados muestran que los niños pequeños esperan que las reglas se apliquen de forma imparcial e igual a cada miembro del grupo, y que ser tratado de manera diferente por un adulto provoca una fuerte resistencia y socava su sentido de la justicia”, declaró Myślińska-Szarek, primera autora del estudio, según recogió Phys.org.

El estudio también exploró el papel del conocimiento en la evaluación emocional. Cuando el personaje de la historia no sabía cómo había sido tratado su par, los niños evaluaban sus emociones principalmente a partir de las consecuencias propias: alegría si escapaba del castigo, tristeza si era sancionado.

Cinco niños juegan en una mesa al aire libre; hay bloques de construcción, slime, una casa de muñecas, muñecas y juegos de mesa.
El estudio previo en Cognition describió un efecto de primacía por el cual la primera decisión del adulto fija el estándar que los niños esperan en casos siguientes - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pero cuando el personaje se enteraba de que había recibido un trato diferente al de su compañero, los niños le atribuían emociones negativas —tristeza, enojo, culpa— con independencia de si había sido castigado o no. Esto indica que los niños de tan solo 6 años ya tienen en cuenta lo que otra persona sabe al momento de evaluar cómo se siente.

Uno de los hallazgos más contraintuitivos del trabajo es la función emocional del castigo. Lejos de ser percibida únicamente como algo negativo, una sanción justa ofrece al niño una sensación de cierre y lo libera de la carga de la culpa.

La investigación mostró que enfrentar las consecuencias puede funcionar como un “reinicio emocional”. El caso opuesto también quedó documentado: quien escapa del castigo puede experimentar alivio inicial, pero ese estado se revierte cuando descubre que un par sí fue sancionado por la misma conducta, dando paso a la culpa y la tristeza.

Tres niños, una niña con gafas de realidad virtual, un niño con tableta y sándwich mordido, un niño con teléfono, una mano con otro teléfono y muebles.
Cuando un niño desconoce cómo fue tratado su par, evalúa las emociones según su propio castigo o ausencia de consecuencias, pero esa lectura cambia al conocer una desigualdad - (Imagen Ilustrativa Infobae)

“La leniencia mostrada a un niño en un grupo no se percibe como amabilidad, sino como una violación del principio de igualdad. El favoritismo y la aplicación selectiva de las reglas destruyen el sentido de la justicia y generan malestar incluso en el niño que escapa del castigo”, señaló Myślińska-Szarek, de acuerdo con Phys.org.

Los resultados fueron consistentes entre los niños polacos y estadounidenses, lo que sugiere que la sensibilidad ante el doble estándar es una capacidad que se desarrolla con independencia del contexto cultural.

Para los investigadores, las implicaciones prácticas apuntan directamente a padres y docentes: construir autoridad y confianza requiere coherencia desde la primera infracción, porque esa primera decisión establece el parámetro que los niños esperarán ver aplicado en adelante. Los niños no miden la claridad de las reglas por la severidad de las sanciones, sino por la imparcialidad y la previsibilidad con que los adultos las hacen cumplir.

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