Mientras que en San Cristóbal todavía retumban las detonaciones de los disparos que realizó G.C. (15) el pasado lunes dentro de la Escuela N° 40 “Mariano Moreno”, donde mató a Ian Cabrera (13) e hirió a otros dos estudiantes, en las últimas horas volvió a tomar relevancia un aberrante hecho ocurrido en enero de este año, también en aquella pequeña ciudad ubicada en el centro de la provincia de Santa Fe, donde una adolescente de 15 años fue atacada en patota cuando salía de hacer unas compras en un almacén.
Producto del ataque a golpes y cuchillazos, Delfina, la víctima, terminó con su cara desfigurada y debió ser hospitalizada. A pesar de que los agresores descargaron su furia contra ella, eso no les bastó y continuaron con las amenazas hacia la víctima, quien, según confirmó su abuela en recientes declaraciones televisivas, tuvo que dejar la ciudad junto a su madre.
La salvaje agresión a Delfina se registró el jueves 1° de enero, el primer día del año. Según confirmaron fuentes policiales a Infobae en aquel entonces, todo ocurrió cerca de las 21 a la salida de una despensa ubicada en el barrio José Dhó, en un sector conocido como Barrio Texa, donde la víctima, sin mediar palabras, fue abordada por un grupo de cinco personas -tres de ellas menores y dos mayores de edad- que la apuñalaron con crueldad.
Según relató la madre de la víctima en diálogo con el medio San Cristóbal al Día, la adolescente sufrió cortes en el rostro y los agresores intentaron herirla en el cuello, con claras intenciones de provocarle una lesión fatal. Sin embargo, la rápida intervención de vecinos del lugar fue clave para frenar la agresión y evitar una tragedia.

Con graves heridas en su cara, Delfina fue asistida de urgencia en el hospital local y posteriormente fue trasladada a la ciudad de Rafaela para recibir atención médica especializada.
Tras recibir la denuncia correspondiente, personal de la Policía de Investigaciones (PDI) se abocó a la recolección de pruebas y, dos días después del hecho, llevó a cabo cinco procedimientos simultáneos en distintos domicilios de San Cristóbal, por disposición de la fiscal interviniente, Carina Gerbaldo, quien actualmente también está a cargo de la investigación por el ataque a tiros que perpetró G.C. el último lunes.
Como resultado de los procedimientos, los efectivos detuvieron a A.M.R., de 18 años, a un menor de 17 y a una adolescente de 16. Además, se secuestraron teléfonos celulares y armas blancas que podrían haber sido utilizadas en el ataque.
Durante la entrevista con el citado medio local, la madre de Delfina aseguró que su hija era víctima de un bullying sistemático, con insultos, amenazas públicas, publicaciones intimidantes en redes sociales y antecedentes de agresiones físicas por parte de los atacantes a otras jóvenes de la ciudad.
“Se graban cuando golpean a alguien y lo suben como si fuera una hazaña”, denunció. Y en esa misma línea, advirtió que no se trató de un hecho aislado, sino de una escalada de violencia generalizada.
Con evidente preocupación, Luciana, que ya palpitaba lo que podía pasar a futuro, advirtió: “Si no se toman medidas, van a terminar matando a alguien”.
El vínculo que Delfina tenía con el asesino de Ian Cabrera
Y al cabo de casi tres meses del brutal ataque que sufrió Delfina y la posterior advertencia de su madre, ocurrió lo peor.
Este lunes por la mañana, G.C. ingresó a su escuela con una escopeta que le había sustraído a su abuelo, se encerró unos minutos en uno de los sanitarios de la planta baja, salió del mismo y al grito de “sorpresa”, comenzó a disparar a mansalva contra el alumnado, que en ese momento se encontraba a la espera de izar la bandera y comenzar la jornada escolar.
Las Imágenes de lo que ocurría en la escuela normal Mariano Moreno de San Cristóbal. Créditos: @mariogaloppo
Producto del tiroteo, murió Ian Cabrera, un estudiante de apenas 13 años, y otros dos alumnos resultaron heridos de bala. A su vez, seis menores sufrieron distintas lesiones cuando intentaban escapar del asesino, en medio de la balacera.
Pamela Nardulli, abuela de Delfina, la chica atacada en patota a principios de enero, volvió a ser solicitada por los medios de prensa en los últimos días, y confirmó que su nieta, que ya no vive en San Cristóbal por las constantes amenazas que recibía, era compañera de curso del tirador.
“Ella el año pasado iba con este chico a la escuela. Este año no porque Delfina tuvo que irse de San Cristóbal, porque seguía sufriendo amenazas, persecuciones... No podía salir a la esquina porque la perseguían. Pero sí, iban al mismo curso. Por eso me decía que estaba sorprendida, le impactó mucho”, reveló este martes Pamela, en diálogo con A24.
Según contó Pamela, ella misma fue una de las encargadas de ayudar a Delfina y a su madre a, literalmente, escapar de la ciudad. “Tuvieron que dejar todo. La escuela, el trabajo, la casa, los amigos, la familia... todo”, lamentó.
“Ella no se anotó en la escuela este año porque decidimos que se vayan, seguía corriendo riesgo acá. Al estar libres los agresores, corría mucho riesgo. De noche le tiraban piedras a la casa... fue terrible. Asi que por tranquilidad de todos, y para resguardarla a ella, se tuvieron que ir”, completó.
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