
El 30 de agosto pasado, en el cruce de la avenida Calchaquí y la calle Bolivia, de la localidad de Ezpeleta, frente al hotel alojamiento El Ruca, asesinaron de siete tiros a Josué Quispe Álbarez, de nacionalidad peruana y de 40 años, quien había salido caminando del establecimiento junto a una mujer. El crimen quedó sospechado de un ajuste narco por su modalidad: le dispararon por la espalda y a la víctima no le robaron nada.
El caso quedó en manos de la fiscal Ximena Santoro, a cargo de la UFI Nº7 de Quilmes, quien en las últimas horas ordenó tres allanamientos de urgencia para dar con los sospechosos del crimen. Así, la DDI de ese distrito detuvo al presunto sicario, identificado como Alexander Cardenas Acuña, también peruano, y a la supuesta autora intelectual del feroz crimen: Camila Isabel Satravater, peruana, de 20 años, quien sería la chica con la que Quispe Álbarez salió del hotel alojamiento el día del hecho.
En los operativos, producidos en la zona Sur del Conurbano bonaerense y la Ciudad de Buenos Aires, los investigadores secuestraron 30 gramos de cocaína, distribuidos en 30 envoltorios listos para su venta, una balanza de precisión, $137.870 pesos y ropa de interés para la causa. De esta manera, ambos quedaron en la mira de la fiscal Santoro como los principales sospechosos del crimen con sello narco. Por otra parte, se cree que más personas participaron del ataque.
“La víctima vendía droga. Le hacen el ‘entre’ un grupo de sicarios que operan en la Argentina y en Perú que están vinculados al narcotráfico. Con la complicidad de la detenida, lo esperaron a la salida del hotel, donde lo ejecutaron”, relató una fuente del caso a la agencia de noticias Telam.

Las detenciones se efectuaron luego del análisis de las cámaras de seguridad y de las antenas que captaron la señal de los teléfonos celulares. Según explicó un investigador, la organización tenía base en el barrio porteño de Abasto y se tiene acreditado que cometieron varios asesinatos en Perú bajo la modalidad sicaria.
El caso se conoció el 30 de agosto pasado cerca de las 4, cuando el 911 fue alertado por una serie de disparos en la vereda del hotel El Ruca. Al llegar, la Policía se encontró con un ciudadano peruano tendido boca abajo sobre el piso y con varios impactos de bala en su cuerpo.
Según contaron testigos, la víctima y su acompañante se retiraron del lugar caminando y cuando llegaron a la esquina, a unos pocos metros de la puerta de ingreso al albergue transitorio, se produjo la balacera. Los agentes del Comando de Patrullas que llegaron al lugar fueron los que llamaron a una ambulancia del SAME de Quilmes, que constató que la víctima estaba fallecida.
Los resultados preliminares de la autopsia habían revelado que Quispe Álbarez recibió un disparo en la espalda, cinco en la cabeza desde atrás y un séptimo en el pecho, que le efectuaron de frente. Los disparos totales fueron más: en la escena del crimen, la Policía Científica recolectó 13 vainas servidas calibre 9 milímetros.
La primera pista que encausó la investigación hacia un ajuste narco ocurrió cuando los policías que llegar a la escena observaron que la víctima conservaba dinero entre sus pertenencias: tenía 60 mil pesos en los bolsillos del pantalón. Además, llevaba puesto un reloj, pulseras y una cadena que pudieron haber sido considerados como objetos de valor por los delincuentes de haberse tratado de un asalto.
De esta forma, la fiscal Xantoro le tomará declaración indagatoria a los acusados por el delito de homicidio calificado por la intervención de dos o más personas. Mientras tanto, los detectives continúan la investigación para determinar si los detenidos contaron con más cómplices para cometer el crimen.
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