Ambar Chacin se instaló en la Argentina hace tres años, después de huir de Venezuela 

Cada vez son más los venezolanos que huyen en busca de nuevas oportunidades, mientras su país parece desangrarse. Cuando su familia empezó a migrar poco a poco, Ambar Chacin, de 28 años, resistió todo lo posible: quería quedarse en Venezuela, su tierra. Hasta que no pudo más.

Hace tres años la joven decidió instalarse en la Argentina porque en Venezuela no tenía para comer, debía elegir entre bañarse o lavar los platos -por la escasez de agua que existe allí y que cada vez se ve más acentuada- y además sufrió la muerte de varios de sus amigos en distintos hechos de violencia urbana.

Varias cosas le resultaban atractivas de la Argentina: le gustaba mucho el país y el hecho de que hubiera educación pública y medicina gratuita eran dos puntos importantes. De todos modos, nada fue sencillo cuando finalmente se decidió a emprender el viaje. Tuvo que empezar de cero y buscar trabajo no fue fácil: pese a que tenía una carrera universitaria y varios estudios, lo único que conseguía era trabajar en cafés, call centers y comercios.

“A los argentinos yo los adoro, la verdad. Incluso por temas de trabajo he tenido que ir a otros países y nadie me ha recibido ni me trata como los argentinos”, asegura Ambar
“A los argentinos yo los adoro, la verdad. Incluso por temas de trabajo he tenido que ir a otros países y nadie me ha recibido ni me trata como los argentinos”, asegura Ambar

Pero Ambar no se dio por vencida y comenzó, de a poco, a transitar un camino de hormiga. Entre otras cosas, invirtió todos sus ahorros para estudiar marketing digital. El esfuerzo rindió sus frutos: hoy la joven tiene  un puesto muy importante en una ONG donde se dedica, justamente, al marketing digital.

— ¿Por qué elegiste Argentina y no otro país?

— Mi decisión principal fue mi familia. Mi mamá se vino a Argentina hace diez años, vive en Bariloche. Y mi hermana, que es médica, se vino hace seis años. Digamos que yo era la última de la familia que estaba tratando de quedarse en Venezuela. Hasta que llegó un punto en que se cruzaron los límites de lo que es vivir y me decidí venir.

— ¿Qué fue lo que te hizo tomar la decisión?

— Lo que me hizo tomar la decisión fue estar muy cerca de un acto violento: le dispararon a un compañero de trabajo que estaba al lado mío. Pero esa no fue mi primera experiencia cercana a un arma o a un acto de violencia. Me han apuntado con un arma en Venezuela, por lo menos diez veces, para robarme desde un libro hasta el desayuno, cualquier cosa. 

La venezolana logró salir adelante, se especializó en marketing digital y en la actualidad trabaja en una ONG
La venezolana logró salir adelante, se especializó en marketing digital y en la actualidad trabaja en una ONG

— ¿Cómo era tu vida en Venezuela?

— Socialmente era muy monótona. Básicamente tiene un toque de queda no establecido: es ir a tu casa, ir a trabajar, ir a tu casa, ir a trabajar, una decisión salir o no con tus amigos porque es exponerte a que algo te pase.  Tienes que decidir entre bañarte o lavar los platos con el tema del agua porque tienes diez minutos de agua algunos días en la semana. ¡Diez minutos! ¿Qué haces? Yo vivía con mi abuela, éramos dos personas, imaginate una familia de cuatro que es básicamente corriendo o no bañarte y lavar los platos.

-¿Qué pasaba con la comida?

-El problema de la escasez, que no encontrabas nada. Entonces, tenías que depender de esta bolsa que te entregaban con comida. Yo viví ese cambio de comunidad de un parque, donde la gente se organizaba o tenía algún contacto con el gobierno y les llegaban las bolsas. Una bolsa desequilibrada, básicamente todo harina para llenarse el estómago pero no alimentar. Cuando quieres conseguir algo más en Venezuela estaba en bachaqueo. "Bachaquear" era una persona que tenía acceso a comprar al mayor productos o alimentos y luego los vendía más caros, al quíntuple.

— ¿Qué fue lo mas difícil que viviste en Venezuela?

—  Yo creo que lo más difícil fue empezar a sentirme sola. No tenía ya a mis amigos, no me sentía tampoco cerca de mi familia, con una soledad y un gran daño psicológico. Muchas veces hablamos del alimento, del agua, la luz y no hablamos de la depresión que te da sentirte sola y que te da que te despegas. Incluso, hasta si tienes la idea de tener una relación romántica, probablemente esa persona al otro día te diga: "Me voy del país". Mis amigos se iban, también hay amigos que perdí por la violencia. Yo creo que eso no hay manera de explicarlo. Sabes que las cosas pasan y que te puedes morir de un día al otro, pero que te digan casi mensualmente que perdiste un amigo porque le dispararon o porque lo mataron o cosas así, se va acumulando y se vuelve como una depresión interna.

Lo que me hizo tomar la decisión fue estar muy cerca de un acto violento: le dispararon a un compañero de trabajo que estaba al lado mío. Pero esa no fue mi primera experiencia cercana a un arma o a un acto de violencia. Me han apuntado con un arma en Venezuela, por lo menos diez veces, para robarme desde un libro hasta el desayuno, cualquier cosa

— ¿Por qué tu papá no viajó?

—  Mi papá es ingeniero y trabaja en una empresa de metalurgia. Te puedes imaginar que es una industria en la que igual hay muchas en Venezuela, que no está bien. Pero, ¿cómo le dices a un adulto de más de 50 años con una profesión que vaya a otro país a rehacer su vida? Mi papá no lo ve, yo creo que esto es un lujo que tenemos los jóvenes. Sé de muchos que se han traído a sus papás. Pero ese es el tema, no es lo mismo que un joven se vaya a otro país de migrante a conseguir trabajo a que lo haga un adulto mayor de 50 años.

— ¿Cómo fue el recibimiento en Argentina?

— Bien. A los argentinos yo los adoro, la verdad. Incluso por temas de trabajo he tenido que ir a otros países y nadie me ha recibido ni me trata como los argentinos. Además son muy calurosos al trato. Al venirse a vivir para acá yo estaba muy metida todo el tiempo con saber cómo era Argentina, qué era Argentina. Vine un par de veces por vacaciones y recuerdo que hasta el televisor lo tenía puesto en un canal todo el tiempo, quería saber todo, todo y no se me hizo tan difícil la transición. En cuanto a los trabajos sí fue relativamente fácil en los trabajos pero no en mi área. Sí conseguía trabajos en comercio, o call center, o en tiendas. Yo soy comunicadora audiovisual y me encanta estar detrás de una cámara, hacer videos y comerciales pero se hizo muy difícil. Entonces dije: "¿qué se está moviendo, marketing?". Así que agarré el poco dinero que había ahorrado de los trabajos que había tenido en call center y me metí a estudiar marketing digital a full. Estudiando eso logré llegar a otros tipos de entrevistas y otros tipos de cargos y hoy ya me siento como que ya soy responsable de un área, en marketing digital y me va súper bien.

Sé de muchos que se han traído a sus papás. Pero ese es el tema, no es lo mismo que un joven se vaya a otro país de migrante a conseguir trabajo a que lo haga un adulto mayor de 50 años

— ¿Tenés el deseo de volver a Venezuela en algún momento?

— Sí, yo amo mi país. Si yo pudiera elegir estar en algún lugar, quiero estar en mi país. Quiero ver a mi familia y compartir con ellos. Amo Caracas, me encantaría. Pero, si pienso en volver, la verdad que no pienso volver para quedarme. Sobre todo porque siento que tiene que haber un cambio grande, no solo político, sino social. Yo creo que todavía no hemos entendido que, aun cuando son los políticos los que lideran, hay un movimiento detrás que somos nosotros mismos, que decidimos salir porque ya no aguantábamos. También hay otros que están decidiendo quedarse y lucharla: a esos evidentemente los admiro. Yo no pude ser ellos y los admiro muchísimo y les agradezco. Desde afuera sigo mi lucha lo más que pueda y yo espero que en algún momento nosotros podamos recomponernos como sociedad y como venezolanos, como para que me sienta lo suficientemente tranquila para volver a ir. Más estando en un país como Argentina, donde se habla de los derechos de las mujeres, se habla de igualdad salarial, hasta de ecología y un montón de cosas que en Venezuela no tienes ni chance de pensar.

Me parece muy triste y casi tragicómico que un político utilice una crisis humanitaria para decir que algo está mal en Argentina

— ¿Cómo fue volver a empezar?

— Es difícil. Sobre todo cuando te venís con dos maletas, que era todo lo que podías traer. Y no solo por lo material, sino también como dos maletas en lo emocional. Cuando te dicen empezar de cero es empezar de cero, es no tener ideas de privilegios, ni de beneficios y también respetar mucho. Porque nosotros seguimos sintiéndonos como invitados, sabemos que somos invitados y que tienes que respetar mucho el ambiente en el que estás. Fue un impacto grande, cuando yo me vi aplicando para un call center dije: "Es un trabajo como cualquiera". Y es verdad, yo me acuerdo que mi mamá me decía: "Cualquier trabajo es digno". La verdad es que cualquier trabajo es digno. Y, si yo me movilizaba siempre de un lado al otro, lo hacía sin pretensiones de ningún tipo. Me acuerdo cuando me tocó la primera vez que trabajé en un café: nunca había agarrado una bandeja ni un café. Recuerdo que justo me tocaban fechas especiales: una vez era un 31 de diciembre y trabajé del 31 al primero. Recuerdo que ese día no entendía ni siquiera qué era el menú y qué tenía que llevar ni qué hacer y una persona me dio una propina y me dijo: "Toma, tú mereces algo porque es 31 de diciembre y estás acá". Y yo dije: "Okey, cada cosa se equilibra".  Cada vez que me sentía mal siempre encontraba una palabra de refuerzo de un argentino o una argentina que me hacía sentir mucho mejor, me decía: "Menos mal que saliste ahora a trabajar y estar acá".

“Me parece muy triste y casi tragicómico que un político utilice una crisis humanitaria para decir que algo está mal en Argentina. ¡Nada que ver!”, dice la joven
“Me parece muy triste y casi tragicómico que un político utilice una crisis humanitaria para decir que algo está mal en Argentina. ¡Nada que ver!”, dice la joven

— ¿Qué te pasa cuando escuchás que un político dice: "Estamos como Venezuela"?  

— Sí, hay mucha comparación y hay muchas que me parecen lamentables. Me parecen desacertadas completamente, sobre todo si la persona no ha estado en Venezuela y no ha vivido en Venezuela. Yo sé que muchas personas hablan de derecha e izquierda, pero la derecha y la izquierda con la derecha e izquierda venezolanas no tienen nada que ver. Sé que la Argentina ha tenido una historia política muy fuerte y que le ha tocado salir y renacer como el Ave Fénix. Venezuela no está ni siquiera cerca de eso, así que cada vez que se hace una comparación, sobre todo si tiene que ver con la política argentina, trato de no meterme mucho porque sé que capaz no tengo todo el conocimiento. Pero, con respecto a la política de Venezuela, siempre trato de indicarle a la persona la verdad. Siempre te hacen la pregunta de "¿es verdad lo que está pasando en Venezuela? ¿Es tan real como llega?". Es tan real y peor lo que pasa. Me parece muy triste y casi tragicómico que un político utilice una crisis humanitaria para decir que algo está mal en Argentina. ¡Nada que ver! Yo aquí me siento libre, aquí puedo ir a un mercado y ver diferencias de comercio, hay competencia entre marcas, no tengo que comer lo que me digan, nadie me tiene que marcar y poner con numero a ver qué puedo comprar

Hay otros que están decidiendo quedarse y lucharla: a esos evidentemente los admiro. Yo no pude ser ellos y los admiro muchísimo y les agradezco. Desde afuera sigo mi lucha lo más que pueda y yo espero que en algún momento nosotros podamos recomponernos como sociedad y como venezolanos

— ¿Qué aprendiste en este último tiempo?

— Aprendí muchísimas cosas, sobre todo que la vida es mucho más allá de las cosas básicas. Aprendí que la vida también es un contacto humano, aprendí que la vida es poder tener chances en la tarde de salir a pasear, aprendí que la vida también es cultural, que hay teatro, que hay ganas de salir adelante y aprendí, sobre todo por el argentino, que hay que luchar, que no hay que callarse y salir adelante. Porque el argentino dice lo que piensa, el argentino lucha y si algo no le gusta está en la calle al día siguiente armando quilombo, haciendo valer sus derechos. Eso es algo que en Venezuela está implícito, pero que no se movilizan como acá en Argentina. Por eso es algo que respeto y valoro mucho.

Fotos: Lihue Althabe

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