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Australia prohibió las redes sociales a menores de 16 años, pero los primeros datos muestran un impacto limitado

Un estudio reciente halló escasos cambios tras la entrada en vigor de la norma y reavivó el debate sobre cómo proteger la salud mental adolescente

Seis adolescentes en un patio observan las pantallas de sus teléfonos móviles con logotipos de redes sociales.
La prohibición por edad en redes sociales en Australia abrió un debate sobre bienestar adolescente y riesgos del uso intensivo de las plataformas (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La prohibición australiana de redes sociales para menores de 16 años abrió un debate que va más allá del país y pone a prueba una idea cada vez más extendida: limitar el acceso puede contribuir a proteger el bienestar adolescente.

La medida parte de una premisa concreta: reducir la presencia de menores en estas plataformas podría disminuir la exposición a contenidos dañinos, el uso intensivo y algunas formas de presión social en línea.

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Los primeros datos no confirman, al menos por ahora, que esa ecuación funcione de manera automática. La novedad no pasa solo por la existencia de la ley, sino por el primer intento serio de medir qué ocurrió después de su entrada en vigor.

Un estudio de BMJ mostró que la ley australiana no logró cerrar la brecha entre la prohibición formal y el uso real de redes sociales entre menores de 16 años (REUTERS/Hollie Adams)
Un estudio de BMJ mostró que la ley australiana no logró cerrar la brecha entre la prohibición formal y el uso real de redes sociales entre menores de 16 años (REUTERS/Hollie Adams)

Ese punto vuelve relevante el caso australiano fuera de sus fronteras, porque la discusión sobre restricciones por edad ya forma parte de la agenda pública en varios países y suele presentarse como una respuesta directa frente al malestar adolescente vinculado al entorno digital.

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De acuerdo con un estudio de BMJ, los primeros efectos de la ley australiana mostraron una brecha entre la prohibición formal y el uso real de las plataformas. El trabajo siguió a adolescentes de 12 a menos de 17 años antes de la entrada en vigor de la norma y unos tres meses después.

De los 436 participantes iniciales, 408 completaron el seguimiento realizado unos tres meses después de la entrada en vigor de la ley. En esa segunda evaluación, más del 85% de los menores de 16 años afirmó haber usado al menos una red alcanzada por la regulación durante los siete días previos.

Más de 85% de los menores de 16 años dijo haber usado en la semana previa al menos una red social alcanzada por la regulación en Australia (REUTERS/Hollie Adams)
Más de 85% de los menores de 16 años dijo haber usado en la semana previa al menos una red social alcanzada por la regulación en Australia (REUTERS/Hollie Adams)

Australia puso a prueba una idea extendida

La experiencia de Australia ganó atención internacional porque convirtió en política pública una idea que circula en el debate global: fijar un piso de edad para frenar daños asociados al uso de redes sociales.

Según publicó BMJ, la normativa obliga a las plataformas incluidas a adoptar medidas razonables para impedir que menores de 16 años creen o mantengan cuentas. La responsabilidad recae sobre las empresas y no sobre los adolescentes o sus familias.

El punto central del estudio dirigido por Courtney Barnes fue observar su efecto inmediato. Según indicó BMJ, el uso diario se mantuvo estable entre los participantes de 12 y 13 años, bajó entre los de 14 y 15 años del 78% al 69% y subió entre quienes tenían 16 años o más del 80% al 89%.

La normativa de Australia obliga a las plataformas a impedir que menores de 16 años creen o mantengan cuentas, con la responsabilidad puesta en las empresas (REUTERS/Hollie Adams)
La normativa de Australia obliga a las plataformas a impedir que menores de 16 años creen o mantengan cuentas, con la responsabilidad puesta en las empresas (REUTERS/Hollie Adams)

A la vez, el análisis no encontró evidencia suficiente de una caída clara en los principales indicadores entre quienes quedaban por debajo del límite etario. Ese hallazgo obliga a revisar qué puede esperarse de esta herramienta. Si el acceso continúa, la protección no puede darse por resuelta solo porque exista una barrera legal.

Qué muestran los datos sobre el acceso real

El estudio agregó otro elemento para la discusión actual. Según publicó BMJ, una parte de los adolescentes reportó mecanismos de verificación de edad, aunque también aparecieron formas de eludir esos controles, entre ellas el uso de cuentas falsas y el acceso por navegador privado.

Ese dato muestra una dificultad práctica para cualquier política que se apoye casi por completo en la puerta de entrada a la plataforma.

El estudio dirigido por Courtney Barnes registró que el uso diario de redes sociales bajó entre adolescentes de 14 y 15 años, pero se mantuvo o subió en otros grupos (REUTERS/Jeremy Piper)
El estudio dirigido por Courtney Barnes registró que el uso diario de redes sociales bajó entre adolescentes de 14 y 15 años, pero se mantuvo o subió en otros grupos (REUTERS/Jeremy Piper)

La discusión ya no pasa únicamente por si conviene fijar una edad mínima, sino por si ese instrumento alcanza por sí solo para modificar la experiencia digital de los adolescentes. El propio trabajo recogido por BMJ describió un escenario de implementación parcial, cumplimiento incompleto y elusión de las restricciones en los primeros meses.

La salud mental no se deja leer en una sola variable

De acuerdo con un artículo de JAMA Pediatrics, una revisión sistemática de Luisa Fassi y otros investigadores reunió 143 estudios, 1.094.890 adolescentes y 886 mediciones para examinar la asociación entre uso de redes y síntomas internalizantes, una categoría que incluye malestares como ansiedad y depresión.

Primer plano de un joven con una camiseta verde, sosteniendo un teléfono móvil que muestra iconos de corazón y pulgar arriba en la pantalla.
BMJ reportó que adolescentes eludieron los controles de verificación de edad con cuentas falsas y acceso por navegador privado (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según publicó JAMA Pediatrics, el trabajo encontró una asociación positiva de magnitud pequeña, con una correlación general de r = 0,14. En términos prácticos, ese resultado describe un vínculo estadístico acotado y no permite afirmar por sí solo que el uso de redes cause de manera directa esos síntomas en todos los adolescentes.

La misma publicación corrigió en 2026 uno de los valores extraídos para el análisis, aunque aclaró que ese ajuste no modificó las conclusiones generales.

Ese marco ayuda a ubicar mejor el caso australiano en la agenda. El informe Social Media and Youth Mental Health del U.S. Surgeon General sostuvo en 2023 que no se puede concluir que las redes sociales sean suficientemente seguras para niños y adolescentes y planteó que el problema también depende del tipo de contenido, el tiempo de exposición, el diseño de las plataformas y la situación previa de cada joven.

Una joven con cabello castaño y suéter oscuro yace en la cama, mirando un iPhone con pantalla brillante. Hay una taza blanca y cables de carga cerca.
Una revisión de JAMA Pediatrics encontró una asociación pequeña entre uso de redes sociales y síntomas internalizantes como ansiedad y depresión en adolescentes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Leído en conjunto, ese cuadro no invalida la discusión sobre restricciones por edad. Lo que sí pone en cuestión es la idea de que esa medida, por sí sola, alcance para ordenar un problema más amplio.

Los primeros datos de Australia colocan ese punto en primer plano: cuando el acceso persiste, el debate sobre bienestar adolescente vuelve a girar hacia la capacidad real de las plataformas para establecer entornos más seguros y no solo hacia la edad formal que figura en una cuenta.

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