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Un estudio vinculó la lectura en la cama con una mejora en la calidad del sueño

La investigación publicada en Trials comparó a quienes incorporaron esa práctica con un grupo de control y registró mejores reportes de descanso, con una diferencia de 14 puntos porcentuales entre ambos

Una persona en la cama lee un libro con una lámpara de mesa encendida a la derecha, debajo de una colcha de color claro y con almohadas.
La investigación evaluó la lectura nocturna en la cama durante 15 a 30 minutos a lo largo de siete días (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El tramo final del día suele quedar atravesado por pantallas, alertas, sobrecarga mental y una sucesión de estímulos que pueden dificultar el descanso. En ese contexto, los hábitos previos a acostarse ganaron espacio entre las recomendaciones de especialistas que estudian la relación entre rutina nocturna, calidad de sueño y salud cerebral.

Frente a jornadas extensas y noches marcadas por el uso del celular, leer antes de dormir aparece como una práctica asociada con un descanso más reparador y una transición más ordenada hacia el sueño.

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Especialistas en sueño, neurología, bienestar y hábitos nocturnos vienen señalando que la forma en que una persona atraviesa los minutos previos a acostarse influye sobre el descanso más de lo que suele suponerse.

De acuerdo con Sleep Foundation, incorporar una actividad tranquila y sostenida al final del día puede ayudar a ordenar el pasaje entre la vigilia y el sueño, sobre todo cuando reemplaza prácticas que mantienen elevado el nivel de activación. Dentro de ese marco, la lectura aparece vinculada a una rutina más estable, con menos dispersión y mayor foco en una sola tarea.

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Ese enfoque encontró respaldo en una investigación publicada en Springer Nature dentro de la revista Trials. El trabajo comparó a personas que leyeron en la cama antes de acostarse con otras que no lo hicieron y detectó que el 42% del grupo de lectura reportó una mejora en la calidad del sueño, frente al 28% del grupo de control, con una diferencia de 14 puntos porcentuales.

Qué mostró el estudio sobre la lectura nocturna

Infografía que muestra a una persona leyendo en cama, iconos de beneficios de la lectura para el sueño, hábitos nocturnos y la importancia del formato. Fuente: Infobae.
El estudio ubicó a la lectura nocturna como un hábito de bienestar y no como un tratamiento médico para dormir mejor (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación analizó una práctica específica: leer entre 15 y 30 minutos, en la cama, antes del sueño y durante siete días. Según los autores, quienes incorporaron ese hábito tendieron a describir un descanso de mejor calidad y menos alteraciones nocturnas que quienes no sumaron esa actividad.

De acuerdo con PubMed Central, que difundió el contenido completo del ensayo, la prueba se diseñó para medir si una conducta simple y cotidiana podía marcar una diferencia perceptible en el descanso. El estudio no presentó la lectura como un tratamiento médico, pero sí como una práctica vinculada a mejores resultados autorreportados.

Esa precisión resulta relevante porque ubica a la lectura nocturna dentro del terreno de los hábitos de bienestar y no de las intervenciones clínicas. El valor del hallazgo, según las fuentes citadas, radica en que se trata de una conducta accesible, breve, cotidiana y fácil de incorporar a una rutina estable.

Por qué no todos los formatos tienen el mismo efecto

Un joven de cabello castaño claro yace boca abajo en su cama, leyendo un libro rojo. La luz del sol ilumina su rostro y la habitación.
Los autores señalaron que quienes incorporaron la lectura antes de dormir describieron un descanso de mejor calidad y menos alteraciones nocturnas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La evidencia también distingue entre libros impresos, tabletas, luz azul y somnolencia. Un estudio difundido por Sleep Medicine comparó la lectura en papel con la lectura en pantalla antes de dormir y observó cambios en indicadores fisiológicos del sueño cuando se utilizó la tableta, un dato que reforzó el peso del formato en la rutina nocturna.

En la misma línea, Sleep Foundation señaló que la lectura puede integrarse a una rutina de higiene del sueño, con menos exposición a estímulos digitales y más señales estables para el cerebro al final del día. Dentro de ese esquema, un libro físico, una rutina constante, menos pantallas y un entorno más calmo aparecen como elementos compatibles con un mejor descanso.

Ese punto también reforzó una distinción cada vez más presente en los estudios sobre sueño: no es lo mismo exponerse a una pantalla retroiluminada que leer en papel o en un dispositivo con menor emisión de luz. La diferencia no depende solo del contenido, sino también del tipo de estimulación que recibe el cerebro en los minutos previos al descanso.

Las fuentes no describen este hábito como una solución universal ni definitiva. Lo que sí muestran es que, dentro de una rutina nocturna ordenada, la lectura antes de dormir, la reducción de estímulos, la constancia horaria y la elección de soportes sin luz intensa pueden asociarse con condiciones más favorables para dormir.

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