El ejercicio contribuye a evitar el aumento excesivo de peso y a conservar el peso previamente perdido. “Durante la actividad física se produce un gasto calórico, y este aumenta conforme la intensidad de la actividad es mayor”, destacan en Mayo Clinc.
La actividad física regular figura como el principal factor para alcanzar un envejecimiento saludable y prolongar la esperanza de vida, según un panel de expertos de la Universidad de Harvard. Incluso las personas sedentarias pueden experimentar mejoras con solo 1.000 pasos al día, aunque la sugerencia es caminar entre 30 minutos y una hora diarios.
En este escenaro, la caminata es un ejercicio ampliamente recomendado por los expertos. Sin embargo el paseo diario no es suficiente para mantener la salud a partir de los 60 años, según el entrenador Álvaro Puche, autor de Entrenamiento de fuerza para personas mayores y Entrenamiento de fuerza para mayores de 50 años, caminar no genera ningún estímulo real sobre el músculo, el hueso ni el sistema nervioso.
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“La caminata no nos lleva a ningún tipo de mejora vinculada con la condición física o con esa buena longevidad que queremos desarrollar en nuestras personas mayores”, señaló Puche.
El entrenador va más lejos: “Es lo que toda la vida han dicho: camine al menos, camine al menos... Bueno, con eso no hacemos en absoluto nada”.
La alternativa que propone es concreta y no requiere gimnasio: un circuito de cuatro ejercicios que se completa en tres o cuatro minutos, tres veces por semana. “Se tarda de 3 a 4 minutos y es, por muchísimo, más interesante a nivel funcional, a nivel metabólico y a nivel de longevidad de calidad que ir a caminar”, afirmó.
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Lo que el cuerpo pierde a partir de los 50 años
El entrenamiento de fuerza se ha posicionado como una de las principales estrategias avaladas por la ciencia para mantener la salud después de los 50 años. Especialistas consultados por Prevention y Harvard Health señalan que sumar estas rutinas ayuda a reducir la pérdida de masa muscular y ósea, un fenómeno que aumenta tras la menopausia y con el paso de los años.
Para Puche, el envejecimiento biológico comienza mucho antes de lo que se suele asumir. “Empezamos a envejecer desde que somos jovencitos, desde que somos adolescentes”, advirtió. A partir de la quinta o sexta década de vida, el deterioro se acelera si el cuerpo no recibe el estímulo correcto: “Lo que va a perder es fuerza, potencia, músculo, hueso y materia cerebral de valor”.
Ninguna de esas pérdidas se frena con paseos cotidianos. Por eso, el entrenador propone “señalar la caminata como una forma recreativa y ociosa de movimiento, no como un movimiento que realmente tenga un impacto de valor en nuestra biología”.
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En todo caso, puede complementar un programa de vida activa, pero no reemplazarlo. La clave de una longevidad con calidad real reside en el estímulo mecánico que protege la función de los órganos y el metabolismo. Dos o tres días por semana de entrenamiento de fuerza bastan para generarlo, según Puche.
Los cuatro ejercicios del circuito exprés
El circuito que Puche describe como “una línea de acción maestra hacia los factores que son más dados a deteriorarse” no exige equipamiento especial.
“No hace falta que busque ninguna silla especial ni que pida a domicilio nada del otro mundo”, subrayó.
1. Sentadillas en silla a máxima velocidad (10 repeticiones)
La consigna es levantarse a la máxima velocidad intencional posible en el momento en que los glúteos tocan ligeramente el asiento, sin ayuda de las manos y cuidando que las rodillas no se proyecten hacia adentro al bajar —lo que se conoce como valgo de rodilla—. “Según sienta que los glúteos tocan el asiento, como si tuviéramos un alfiler, a la mayor velocidad, la persona se levanta. Eso es totalmente funcional”, explicó Puche.
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El objetivo de la fase ascendente a máxima velocidad es trabajar la potencia muscular: “Estamos trabajando la musculatura que nos previene de una caída, de tropezar y caer, y que en esa caída a lo mejor haya una fractura y se nos complique mucho la vida”.
Este principio de velocidad intencional también está respaldado por la evidencia clínica. Según el especialista en medicina deportiva y director del Programa de Medicina del Estilo de Vida de Cleveland Clinic, el Dr. Matthew Kampert, unos glúteos fuertes aportan estabilidad en los movimientos diarios y reducen el riesgo de caídas en adultos mayores.
2. Elevación de talones (12 repeticiones)
Puche aconseja dividir este ejercicio en dos sesiones semanales para trabajar estructuras anatómicas distintas de forma alterna: “Uno de esos dos días lo hacemos sentado; ahí trabaja mucho más el sóleo.
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La otra sesión semanal la hacemos de pie, en extensión de rodilla; ahí trabaja más el gemelo. Ambos proveen al pie de una buena estabilidad, previenen la falta de fuerza en la flexión plantar y ambas mejoran la salud cardiovascular porque favorecen el buen retorno venoso desde las piernas hacia el corazón”.
3. Remo unilateral con banda elástica (10 repeticiones por brazo)
Se ancla una banda elástica a un punto estable; de frente, con las rodillas ligeramente flexionadas y la pelvis en zona neutra con una ligera retroversión, se rema llevando el codo hacia la cadera.
“El objetivo es mejorar la higiene postural. Nos pasamos todo el día haciendo actividades que nos predisponen a cerrarnos de hombros, a una rotación interna muy grande y a una actitud hipercifótica. Esa ‘chepita’ que a nivel dorsal le sale a la persona mayor cuando pierde fuerza. Aquí buscamos justamente lo contrario, abrirnos”, detalló el entrenador.
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Su recomendación estratégica: empezar siempre por el lado más débil. “Si la persona es diestra, generalmente con la mano izquierda vamos a empezar, porque es el hemisferio corporal que más tiende a costarnos”.
4. Flexiones en la mesada de la cocina (6 repeticiones)
Se apoyan las manos un poco más allá del ancho de los hombros sobre una superficie alta, estable y antideslizante. Con los codos ligeramente cerrados, se lleva el pecho hacia la superficie y se empuja con firmeza hacia arriba extendiendo los brazos. La premisa del entrenador es “ante todo, seguridad”.
“En cuatro ejercicios, estamos dedicando como mucho tres o cuatro minutos a ese circuito; y tenemos un trabajo muscular de mucha calidad, muchísimo más interesante que dedicar ese tiempo a caminar sin más”, afirmó Puche.
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Esos minutos representan un estímulo mecánico que “cuida de que nuestro músculo preserve su función”. La razón de fondo no es estética ni de agilidad aparente. La masa muscular actúa, según el entrenador, “como protector del cerebro, como protector del hueso, como protector del hígado, del páncreas, del intestino, del sistema inmune y del sistema linfático”. Un circuito de tres minutos, tres veces por semana, es la dosis mínima eficaz para sostener ese blindaje biológico y garantizar una vejez independiente y funcional.