Cómo funciona el eje intestino-cerebro y por qué es clave para la salud integral

Un creciente volumen de investigaciones científicas revela que esta dinámica influye en procesos tan diversos como el ánimo, la inmunidad y el metabolismo

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El eje intestino-cerebro permite la comunicación entre el sistema nervioso y el digestivo, influyendo en funciones físicas y emocionales (Imagen Ilustrativa Infobae)

El concepto del eje intestino-cerebro —la comunicación bidireccional entre sistema nervioso y aparato digestivo— ha despertado gran interés científico, especialmente en los campos de la psiquiatría, neurología y la inmunología. La causa es que se ha descubierto que participa en múltiples e importantes funciones.

“Un intestino con problemas puede enviar señales al cerebro, al igual que un cerebro con problemas puede enviar señales al intestino. Por lo tanto, el malestar estomacal o intestinal puede ser la causa o la consecuencia de la ansiedad, el estrés o la depresión. Esto se debe a la estrecha relación entre el cerebro y el sistema gastrointestinal", explica Harvard Health.

El gastroenterólogo Purna Kashyap, de Mayo Clinic, puntualizó que la composición microbiana es única para cada individuo, determinada por factores como la alimentación, el entorno y los hábitos de vida. Así, “son como nuestros aliados silenciosos en el intestino. Ayudan a producir vitaminas, preparan nuestro sistema inmunitario y digieren los alimentos”, afirmó.

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Los billones de microorganismos que habitan en el aparato digestivo no solo asisten en la asimilación de nutrientes y la defensa inmunitaria, sino que “tienen un impacto significativo en la salud mental”, afirmó anteriormente Emilia Caro, bióloga molecular y directora ejecutiva de la Fundación GEDYT, a Infobae.

El eje intestino-cerebro

El eje intestino-cerebro es fundamental para el bienestar físico y mental, y la dieta e higiene de vida son claves para su equilibrio (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según la Clínica Cleveland de Estados Unidos, el eje intestino-cerebro es la red de nervios que conecta el cerebro y el intestino, transmitiendo señales en ambas direcciones.

“El sistema nervioso también trabaja en estrecha colaboración con el sistema endocrino, que produce hormonas que regulan sensaciones como el hambre, la saciedad y el estrés. Además, colabora estrechamente con el sistema inmunitario para responder adecuadamente a lesiones o enfermedades intestinales“, describió la entidad.

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Los microorganismos intestinales contribuyen a la producción de vitaminas y modulan el sistema inmunitario según expertos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sus puntos claves son, según la clínica:

  1. Comunicación bidireccional. El intestino y el cerebro envían señales en ambos sentidos, por lo que lo que ocurre en uno puede influir en el otro.
  2. Sistema nervioso entérico, el segundo cerebro. El intestino cuenta con una red neuronal propia, con más de 500 millones de neuronas, llamada “segundo cerebro”, que controla funciones digestivas y responde de forma independiente al cerebro.
  3. Nervio vago, el puente. Este nervio conecta directamente el intestino con el cerebro, transmitiendo información sensorial y motora entre ambos órganos.
  4. Microbiota intestinal. Las bacterias que habitan en el intestino también participan en la conexión intestino-cerebro. Producen neurotransmisores y sustancias químicas que impactan en la salud mental.
  5. Influencia en emociones y estrés. Pueden intensificar las sensaciones físicas en el intestino y viceversa, formando un circuito de retroalimentación.
  6. Impacto en funciones corporales. La conexión intestino-cerebro afecta el hambre, la digestión, el metabolismo, el ánimo, la inmunidad y la función cognitiva.
  7. Relación con enfermedades. Trastornos como el síndrome del intestino irritable, ansiedad, depresión y enfermedades neurológicas pueden estar vinculados al eje intestino-cerebro.

Cómo fortalecer la salud intestinal y cerebral

Incorporar probióticos y prebióticos estimula la diversidad microbiana y mejora la función inmunitaria (Imagen ilustrativa Infobae)

“La mejor manera de cuidar tu salud intestinal a diario —y, por consiguiente, tu salud cerebral— es mantener una dieta sana y equilibrada“, señaló Cleveland Clinic.

La clave reside en reforzar la microbiota intestinal a través de hábitos dietéticos simples, la reducción del estrés y la elección consciente de alimentos de origen vegetal, ricos en fibra, antioxidantes y grasas saludables, evitando los ultraprocesados y el consumo excesivo de azúcares y aditivos.

Mantener este equilibrio puede traducirse en una mejoría perceptible en el estado de ánimo y el bienestar general.

Mantener una dieta basada en plantas, fibras y antioxidantes ayuda a reforzar la microbiota intestinal y el bienestar general (Imagen Ilustrativa Infobae)

Recomendaciones dietéticas:

  • Los alimentos ricos en fibra soluble e insoluble, presentes en plantas, regulan el tránsito intestinal y sostienen las bacterias beneficiosas, que refuerzan la mucosa digestiva.
  • Incorporar fuentes de prebióticos y probióticos, como yogur natural, kimchi, kéfir, kombucha y vegetales como cebolla, ajo, bananas o espárragos, estimula la diversidad de la microbiota, explicó Caro a Infobae.
  • Los antioxidantes —abundantes en frutas, verduras y polifenoles vegetales— contribuyen a controlar la inflamación sistémica y a mantener un entorno intestinal saludable.
  • Incrementar el consumo de omega-3, ácidos grasos presentes en pescados de agua fría, nueces, semillas y aceites vegetales. Son esenciales para la función cerebral y la modulación de la inflamación.
  • Emplear hierbas y especias (cúrcuma, menta, tomillo, jengibre).

Además, las terapias mente-cuerpo, la terapia cognitivo-conductual y la relajación ayudan a manejar síntomas digestivos y reducir el estrés.

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