“Estoy agotado y recién termina marzo”: las causas del cansancio generalizado según expertos

La frase se repite en chats grupales, charlas de amigos y reuniones familiares. Cómo impacta el uso de la tecnología y cuáles son las consecuencias de sostener una vida sin pausa

El cansancio emocional crece al ritmo de la hiperconectividad y la sobrecarga de responsabilidades (Freepik)

La frase “estoy agotado y todavía no termina marzo” resuena en conversaciones cotidianas, desde grupos de chat hasta reuniones familiares. Y todo indica que el cansancio, tanto físico como mental, no distingue edades ni géneros.

Quienes tuvieron la posibilidad de tomarse vacaciones, pueden haber sentido un alivio, pero lo cierto es que el efecto del descanso dura cada vez menos si la exigencia del día a día no cambia. Especialistas consultados por Infobae coincidieron en que el agotamiento temprano en el año dejó de ser una percepción aislada.

Según comenzó a explicar la doctora en Psicología María Roca (MN 33.819), directora de INECO Organizaciones, “los estudios que existen con respecto al malestar psicológico y a los niveles de estrés muestran que estos aumentan año a año”.

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El agotamiento atraviesa todas las edades

Las vacaciones no logran compensar el desgaste acumulado durante el año, según especialistas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El fenómeno, que abarca a trabajadores, estudiantes y familias, está vinculado a la aceleración de los cambios en el mundo laboral, la hiperconectividad y la dificultad para desconectar incluso en los períodos de descanso. “No tanto, obviamente, relacionado con el mes, sino que cada vez estamos más estresados”, puntualizó Roca.

El cansancio que muchas personas experimentan hacia marzo no responde únicamente a la falta de vacaciones o a un descanso insuficiente. Los expertos advierten que la acumulación de demandas —tanto externas como internas—, la sobrevaloración de la productividad y la dificultad para establecer límites claros entre trabajo y descanso son factores determinantes en la fatiga generalizada. La tecnología, la multitarea y la presión social para “poder con todo” agravan este cuadro, afectando la calidad del sueño y la salud mental de la población.

Cuáles son las causas del cansancio generalizado

El cuerpo y la mente envían avisos claros cuando necesitas frenar, y aprender a distinguirlos puede marcar la diferencia (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para Roca, el avance de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías modificaron los hábitos laborales, incrementando la necesidad de adaptación constante y, con ello, el estrés. “El mundo del trabajo viene cambiando muy rápidamente.

La disposición de nuevas tecnologías y de inteligencia artificial hacen que la forma de trabajo se haya modificado mucho. El cerebro tiene que prestar atención o invita, al menos, la forma de trabajo, a que estemos haciendo muchas cosas de manera simultánea, y el cerebro no está preparado para realizar muchas cosas al mismo tiempo. Cuando intenta hacerlo, genera mayores niveles de estrés y de cansancio”, destacó.

El psicólogo especialista en adolescencia y familias Alejandro Schujman (MN 13486) aportó otra dimensión a Infobae: “Vivimos con un nivel de estrés muy importante. El estrés es un exceso de demandas con pocos recursos. Hay muchas demandas externas, pero la mayoría son internas y en este modo multitasking y de deficiencia en el que vivimos, hay un desfasaje enorme entre los recursos reales que tenemos y los que percibimos tener”.

Especialistas recomiendan prestar atención a cambios de ánimo, apatía o problemas físicos, además de adoptar hábitos saludables y limitar la tecnología, para reducir los daños del estrés sostenido y preservar la salud integral (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según él, “hay una sobrevaloración de la eficacia, del esfuerzo y un empobrecimiento de la idea de descanso. Frenar está mal visto”. Además, advirtió que en los tiempos muertos, en lugar de conectar con el entorno o descansar, “agarramos el teléfono y empezamos a llenarnos de dopamina”, lo que conduce a una “sobredosis de dopamina” y a una sobreestimulación diurna que afecta la calidad del sueño y ha incrementado los trastornos asociados.

A su turno, el doctor en Psicología y docente Flavio Calvo (MN 66.869), señaló una raíz estructural: “Muchas personas no arrancan el año desde cero, lo continúan. Vienen de meses de exigencia acumulada, con poco corte real. A eso se suma que desde el comienzo del año siguen con un ritmo alto, con muchas demandas al mismo tiempo. El resultado es un desgaste que combina fatiga física y, sobre todo, saturación mental: demasiadas decisiones, demasiada atención sostenida, poco espacio para recuperar energía”.

¿Por qué parece que el descanso ya no alcanza?

La multitarea y la presión por ser productivos afectan la calidad del descanso y aumentan el estrés (Freepik)

Aunque las vacaciones pueden ofrecer una pausa, su efecto es limitado ante un esquema diario de alta exigencia. Al respecto, Roca explicó: “A nivel neurobiológico, el descanso no es algo que se acumula. Uno puede haber descansado mucho en las vacaciones, pero si la última semana no desconectaste en los momentos que tenías que desconectar, no dormiste bien, el descanso acumulado no compensa tu no descanso o tu no desconexión actual”.

Para la especialista, “el bienestar del cerebro, la salud cerebral, requiere de un cuidado constante, no solo en algunos momentos particulares”.

Desde su experiencia clínica, Schujman comparó el proceso con lo que sucede con la nafta del auto o la batería de un dispositivo electrónico: “Durante todo el año llegamos con la reserva del tanque de nafta hasta diciembre, con lo cual las vacaciones no alcanzan de ninguna manera para descansar, alcanzan para regular un poco. Es como llegar con el teléfono en 1% de batería y con las vacaciones llegamos al 15, pero no estamos en un 100 ni de casualidad, porque el desgaste durante el año es mucho mayor del que tendría que ser y hay muy pocas pausas en el durante”.

Calvo coincidió en el diagnóstico: “Las vacaciones ayudan, pero tienen efecto limitado cuando la exigencia de cada día no cambia. Si después del descanso se vuelve a un esquema de sobrecarga y alta exigencia, la recuperación se consume rápido. No es que el descanso sea menor, es que el gasto de energía es constante y elevado”.

Qué rol tiene la tecnología y la hiperconectividad

El uso excesivo de pantallas y redes sociales impacta directamente en el sueño y la salud mental (Imagen Ilustrativa Infobae)

La omnipresencia de pantallas y la fragmentación de la atención son señaladas como factores centrales del agotamiento actual. Al respecto, Roca enfatizó: “Las tecnologías y la inteligencia artificial generan un ambiente que invita a dividir la atención en distintas cosas. Esto genera mucho cansancio en el cerebro”. Además, advirtió que “la desconexión es cada vez más difícil y eso tiene un impacto en los niveles de estrés, en el agotamiento y en la salud cerebral”.

Para Schujman, “los tiempos de descanso nunca terminan siendo de descanso genuino, porque hay una sobreestimulación diurna que afecta la calidad del sueño". Y tras destacar que en el último tiempo crecieron exponencialmente los trastornos del sueño, enfatizó: “La sobredosis de pantallas es todo lo que está mal. Cuando usamos dispositivos por la noche le estamos diciendo al cuerpo ‘ya es de día’, con lo cual deja de producir melatonina y la calidad de descanso es muy pobre”.

En la misma línea, Calvo destacó que “la tecnología es un estresor importante. Mantiene al cerebro en un estado de activación permanente. Las aplicaciones te llenan de notificaciones, de información continua que no es importante y de estímulos permanentes que mantienen nuestro sistema nervioso en estado de alerta. No hay cortes claros entre actividad y descanso. Aunque la persona esté quieta, sigue en modo de alerta, y eso agota”.

Señales de alerta: cómo identificar un cansancio preocupante

La fatiga persistente puede derivar en cuadros de burnout, ansiedad y trastornos físicos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los especialistas coincidieron en que existen indicadores precisos para diferenciar el cansancio normal de aquel que requiere atención. Estas son las principales señales de alerta, según los expertos:

  • Irritabilidad y cambios de humor. El malhumor persistente, la baja tolerancia a la frustración y la sensibilidad extrema a las críticas pueden ser manifestaciones tempranas del agotamiento emocional. Schujman explicó que “la irritabilidad sostenida es una de las primeras señales; cuando la respuesta emocional se vuelve desproporcionada ante pequeños estímulos, es momento de prestar atención”.
  • Agotamiento físico y mental. La sensación de no tener energía, fatiga constante incluso tras dormir y dificultades para concentrarse suelen indicar un problema más profundo. Roca señaló que “la mente sobrecargada, la dificultad para tomar decisiones y la tendencia a procrastinar son síntomas cognitivos claros del estrés”.
  • Apatía y desmotivación. La falta de interés por actividades antes placenteras y la sensación de vacío emocional pueden reflejar un cansancio que el sueño no resuelve. Calvo advirtió que “la falta de disfrute y la pérdida de motivación para tareas cotidianas son señales de alerta”.
  • Distanciamiento afectivo. La desconexión con los demás, el comportamiento mecánico y la frialdad en las relaciones pueden indicar que el agotamiento está afectando los vínculos personales. Schujman afirmó: “Muchas veces dejamos de ver gente querida porque estamos escasos de tiempo, pero ese aislamiento refuerza el desgaste”.
  • Problemas cognitivos. Olvidos frecuentes, dificultad para pensar con claridad y toma de decisiones lenta pueden aparecer frente a situaciones de estrés sostenido, según Roca.
  • Sintomatología física. Dolores de cabeza, cambios en el apetito, debilidad muscular y tensión, sin causa física aparente, son manifestaciones que el cuerpo utiliza para advertir sobre el desequilibrio, indica Calvo.

Estas señales, especialmente cuando se mantienen durante varios días o semanas y no mejoran con el descanso, requieren ser atendidas. “El cuerpo nos va dando señales; vamos enfermando aquello que no podemos gestionar saludablemente”, resumió Schujman.

Consecuencias físicas y mentales del cansancio sostenido

El cuerpo envía señales de alerta, como irritabilidad y fatiga, que no deben ser ignoradas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ignorar las señales de alarma puede derivar en consecuencias significativas para la salud física y mental. Roca advirtió que “el estrés crónico produce burnout, que es un factor de riesgo para trastornos de ansiedad, del ánimo y adicciones. Las consecuencias de sostener estos niveles de cansancio y estrés en el tiempo son importantes”.

Schujman detalló que las somatizaciones pueden manifestarse en tres grandes vías: “Las tres grandes vías de somatizaciones son las vías respiratoria, digestiva y dermatológica”. Además, resaltó la relación entre el eje intestino-cerebro y el aumento de casos de colon irritable, que mejora cuando se reduce el estrés.

Para Calvo, el impacto a nivel mental también es severo: “Aparece más irritabilidad, menor claridad y dificultad para tomar decisiones. Si esto se sostiene en el tiempo, puede derivar en cuadros de ansiedad, agotamiento extremo, depresión u otros problemas mayores o crónicos a nivel físico. Cuanto más se ignora y se sostiene, más difícil puede ser revertirlo”.

Estrategias para enfrentar el cansancio y promover el bienestar

Recuperar tiempo para los vínculos personales actúa como un factor de protección contra el agotamiento y fortalece el bienestar emocional, destacan los especialistas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La gestión del cansancio requiere intervenciones tanto individuales como organizacionales. Roca recomendó: “Cuidar el tiempo de descanso, proteger nuestro sueño, conocer las medidas higiénicas del sueño para dormir mejor y consultar si algo no anda bien. Entrenarnos en priorización, diferenciar lo urgente de lo importante, técnicas de gestión del estrés, tratar de no caer en la multitarea, sino en la posibilidad de hacer foco y trabajar en esa cosa sin estar haciendo múltiples cosas al mismo tiempo. Hacer ejercicio físico, cuidar nuestros vínculos, buscar un propósito en lo que hacemos, regular el uso de las nuevas tecnologías. Además, es clave que las empresas empiecen a considerar el bienestar mental como una prioridad estratégica”.

En la misma línea, Schujman sugirió: “Por lo menos dos o tres veces por semana, hacer algo que sea para nosotros y nos haga bien. Ir a jugar a la pelota, cantar, bailar, lo que fuera. Así como agendamos cuestiones laborales, agendar lo que nos hace bien. El descanso emocional no es un lujo, es una necesidad. Nadie puede cuidar bien si está completamente agotado”.

Sobre el final, Calvo aconsejó: “Bajar cosas a papel, ordenar niveles de exigencia y priorizar. Incorporar pausas durante el día, no solo al final; varias micropausas ayudan a bajar el sistema de alerta. Regular el uso de tecnología, especialmente en momentos de descanso, ponerse metas sostenibles de cinco minutos sin aplicaciones. Cuidar el sueño con horarios y condiciones más estables, sin usar el celular a la hora de acostarse. Si el cansancio se vuelve persistente, buscar ayuda para reorganizar la dinámica antes de que escale”.

El consenso entre los expertos es claro: la fatiga generalizada es un síntoma del ritmo actual y de la cultura de la productividad. Aprender a identificar las señales, poner límites y priorizar el autocuidado es fundamental para evitar consecuencias más graves y sostener la salud física y mental a lo largo del año.

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