
Cuando una persona se recupera después de haber tenido COVID-19, necesita el alta médica para volver a su vida habitual. La mayoría de las personas (80%) que se contagian el coronavirus transita la infección y se recupera completamente. Pero otros pacientes desarrollan complicaciones que pueden tener secuelas leves o moderadas que se prolongan por varios meses, por lo que necesitan un seguimiento médico.
Así, expertos consultados por Infobae resaltaron la importancia de realizar un chequeo médico completo luego de transitar la enfermedad y para retomar las actividades habituales, así como también la actividad física o la práctica intensa de un deporte. Además, la comunidad médica remarca que es muy probable que la inactividad física que se mantuvo, ya sea por haber cursado la enfermedad, como también en aquellos que no se ejercitaron debido a las medidas de confinamiento, tenga un impacto a mediano y a largo plazo en la salud física y el bienestar mental. Los especialistas recalcan la importancia de volver a ejercitarse, de retomar las rutinas saludables que teníamos antes de la pandemia, ante el preocupante avance del sedentarismo en la sociedad y las consecuencias negativas que tiene en las enfermedades no transmisibles.
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Por ello, especialistas del Hospital de Clínicas recomendaron la realización de estudios previos y un plan gradual para el retorno al ejercicio, especialmente en aquellos que han tenido una infección por COVID-19. El retorno al ejercicio después de la infección por COVID-19 será uno de los temas centrales del próximo Congreso de Medicina Interna del Hospital de Clínicas que se realizará los días 24 y 25 de septiembre.

“En caso de haber padecido el COVID luego del alta médica se recomienda 15 días hasta volver progresivamente al deporte. El primer ejercicio recomendado es la bicicleta porque no requiere soportar el mismo peso del cuerpo. Cualquier actividad que nos permita hablar es el punto aeróbico ideal para comenzar con el ejercicio”, explicó el doctor Jorge Franchella, Director del Programa de Actividad Física para la Salud y el Deporte del Hospital de Clínicas.
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El experto afirmó que para dar el alta del paciente, primero se revisa su historia clínica. “Los estudios que se piden para dar el alta y para volver al deporte son un examen físico y un electrocardiograma y los análisis de sangre de rutina”, indicó. Y agregó: “En el caso de querer volver al deporte, proponemos una ergometría o prueba de esfuerzos. La ergometría debe hacerse según las siguientes características: debe hacerse como es habitual pero, en el momento del informe, debe mencionarse una unidad que se llama MET (Equivalente metabólico del trabajo) que significa cuánto oxígeno consume el cuerpo para cada función que realiza. Ejemplos: el cuerpo en su estado normal consume 1 mets al dormir, 2 mets al estar sentados y 3 mets caminar activamente una cuadra. 4 mets las actividades del día. Pasar de 10 mets es ser francamente activo y por encima de 13 mets encontramos la mayoría de los deportes. Con esta prueba de esfuerzo se pueden saber los límites de cada persona”, concluyó Franchella.
“Los deportistas poseen el mismo riesgo de contraer la enfermedad por COVID-19 que la población general, pero con un riesgo bajo de complicaciones. Estas últimas consisten en el desarrollo de una respuesta inflamatoria exagerada con daño pulmonar, miocárdico y manifestaciones tromboembólicas. Debido a la compleja fisiopatología que trae aparejada esta infección, no debemos obviar la posibilidad de desarrollar otros cuadros tales como trastornos de la coagulación, trombosis venosa y eventual tromboembolismo pulmonar, más allá de las potenciales complicaciones miocárdicas”, dieron a conocer autoridades de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) junto a la Federación Cardiológica Argentina (FCA).
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Según ambas entidades, estudios en deportistas con resonancia magnética nuclear cardíaca (RMNC) han evidenciado inflamación del miocardio después de la recuperación del COVID-19 también en pacientes asintomáticos y levemente sintomáticos.
“Dado que sabemos que el virus afecta varios órganos, principalmente el pulmón, el corazón y el hígado, vemos pacientes post COVID que por ejemplo terminan con fibrosis pulmonar. O algunos que padecen miocarditis, que puede afectar la cantidad de sangre bombeada al cuerpo”, explicó a Infobae el doctor Mariano Masciocchi, médico clínico y cardiólogo, del Centro Médico de Diagnóstico CEMEDYT, lugar donde el profesional realiza estudios de laboratorio, de diagnóstico por imágenes, de resonancia magnética nuclear, tomografías computadas multislice, estudios cardiológicos y ecografías. Es decir, todo tipo de exámenes necesarios para realizar un correcto seguimiento de pacientes post COVID para saber cómo está realmente la salud de esa persona.
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La recuperación del coronavirus puede llevar un tiempo y hay síntomas que pueden acompañar al paciente tiempo después de haber sido dado de alta: fatiga, problemas respiratorios, dolor de pecho y tos son los más frecuentes. “También se observan dolores de cabeza, musculares, en las articulaciones, problemas para dormir y comer, diarrea y pérdida del gusto y del olfato. Además de los problemas físicos, después de recuperados, algunas personas todavía sufren problemas de depresión, ansiedad, memoria y dificultades para pensar de forma clara y para focalizarse.Debido a las secuelas pulmonares y cardíacas, es importante hacer un estudio exhaustivo antes de retomar las actividades a las que un paciente estaba acostumbrado“, comparte Laura Palermo, doctora en virología, especialista en la historia de las enfermedades y profesora en el Hunter College de Nueva York. Las secuelas más comunes están en los pulmones, en el corazón y en el cerebro.
Crecimiento del sedentarismo en plena pandemia
En nuestro país el entre el 60 y el 80% de la población en Argentina es sedentaria. “Es importante hablar del “sitting time” que es el tiempo que estamos sentados. Si estamos más de 8 horas sentados aumentan los riesgos en la salud por lo que se aconseja no pasar más de 60 minutos en dicha posición sin intervalos para estirar las piernas y caminar un poco. En general se recomienda entre 150 y 300 minutos semanales de ejercicio moderado”, remarcó Franchella.
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“Se debe tener en cuenta, para iniciar o retomar el ejercicio, qué actividades hacíamos antes de la pandemia, cuales se pudieron hacer en la cuarentena y cuáles son las que se piensan retomar ya que es necesario adecuar esas actividades a cada persona”, sostuvo Franchella y señaló que es clave estar atento “a factores como el sobrepeso, hipertensión arterial, colesterol alto o enfermedades cardiovasculares por lo que resulta fundamental la consulta con el especialista”.
Si bien todas las poblaciones resultan vulnerables al sedentarismo prolongado, Franchella puntualizó dos grupos especialmente afectados: los niños y los mayores de 60 años. “En los niños hablamos que en corto periodo de tiempo la falta de actividad física los lleva al sobrepeso que los excluye de muchas actividades recreativas y predisponen a otro tipo de enfermedades como la diabetes y a problemas en la postura” y como en los mayores “se ha demostrado los beneficios de la actividad física ayudan a prevenir la evolución de enfermedades cardiovasculares o el cáncer”.
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Reducción del ejercicio y pasos diarios
A nivel mundial, el SARS-CoV-2 ha tenido un gran impacto sobre la práctica habitual de actividad física. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), España, fue el país que más redujo el número de pasos diarios de la población –un 38% menos– durante el confinamiento; Argentina es el segundo, con un 24% de reducción. En América las cifras indican que Brasil redujo el 15%, México el 13%, Colombia el 18% (otros países de la región no informan datos.
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Mikel Izquierdo, Catedrático y Director del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra, es terminante: “El ejercicio físico y el deporte deberían ser actividades esenciales y más en pandemia. Las decisiones implicarán impacto en la sanidad pública. Este debería ser uno de los grandes retos de las políticas de salud pública y sanitaria en los próximos años.”
Los numerosos beneficios de la actividad física regular para adultos son bien conocidos. La (OMS) recomienda al menos 150 minutos de actividad moderada o 70 minutos de actividad vigorosa por semana para que esta práctica brinde beneficios para la salud. Algunos de los beneficios más importantes a nivel físico son la mejora de la composición corporal, imagen, nivel metabólico y capacidad cardiorrespiratoria, ayudando a prevenir enfermedades como morbilidad, sarcopenia, hipertensión e incluso cáncer. También produce un efecto psicológico positivo al reducir la tasa de enfermedad por ansiedad y depresión.
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