Alberto Fernández enfrenta un monstruo político que ya sobrevivió a 36 años de democracia: los servicios de inteligencia civiles, que fueron llamados SIDE, SI y ahora Agencia Federal de Inteligencia (AFI). El presidente electo recibió un dossier de su designado secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, que propone un verbo en infinitivo para terminar con la agencia que protege a los espías sin uniforme: “DISOLVER”, como escribió a Infobae en su WhatsApp un protagonista clave del gobierno que asumirá en cuatro días.
La SIDE, SI o AFI, en cualquiera de sus nomenclaturas, siempre implicó un organismo que sirvió para influir en los tribunales de Comodoro Py, intervenir teléfonos sin orden judicial o recolectar información de la vida privada de propios y extraños para proteger a los poderosos en turno.
Béliz partió al exilio en plena democracia por enfrentar a un poderoso jefe de espías que operaba desde la dictadura militar. Alberto Fernández, cuando presentó en sociedad a su gabinete, aludió al hecho vergonzoso que cambió la vida del ético futuro secretario de Asuntos Estratégicos.
Alberto Fernández tiene intenciones de aceptar la recomendación fulminante de Béliz, pero ello no significa terminar con la inteligencia nacional ejecutada por civiles. El presidente entiende la necesidad de tener información estratégica y su intención es disolver la AFI para iniciar una nueva etapa en la construcción de un organismo moderno, sin vicios estructurales y con un presupuesto que contemple las hipótesis de conflicto que enfrenta y enfrentará la Argentina en el siglo XXI.
La eventual decisión de Alberto Fernández puso en movimiento un juego de fuerzas interno protagonizado por exfuncionarios de la AFI, que desean regresar al sombrío edificio de 25 de Mayo 11, y futuros secretarios y ministros que se alinearon automáticamente con el presidente electo.
Cristina Fernández de Kirchner conoce las intenciones de Alberto Fernández y desde hace días que empuja a Juan Martín Mena, exseñor 8 de la AFI, para que regrese al puesto que le permitió conocer y manejar complejos secretos de Estado.
El presidente electo desea resolver este asunto político en sus primeros siete días de gestión, y aguarda una última reunión con CFK para ejecutar una faena que es resistida por la comunidad de inteligencia y caracterizados protagonistas del Frente de Todos.

Además de evaluar la disolución de la AFI, el presidente electo considera la posibilidad de crear una unidad de lucha contra la corrupción y el lavado de dinero que ofreció a Ricardo Alfonsín. Alfonsín aún cavila y decidirá en las próximas horas.
El Estado Nacional tiene una Oficina Anticorrupción (OA) y una Unidad de Información Financiera (UIF) que son reconocidas en los tribunales federales y en los principales organismos multilaterales (OCDE, GAFI, ONU) por su seriedad y transparencia. Hasta el lunes serán dirigidos por Laura Alonso y Mariano Federici, dos funcionarios que fueron cuestionados por CFK en su última presentación en Comodoro Py.
“El Gobierno utilizó la Oficina Anticorrupción y la UIF para impulsar las causas judiciales. El rol de la señora Laura Alonso, no abogada, que asume la OA. Se modificó el decreto para que pueda asumir. ¿Quién es el titular de la UIF? Mariano Federici, un ex funcionario del FMI. Eso no es reprochable, pero Federici viene del HSBC, una entidad financiera que ha sido internacionalmente perseguida por lavado de dinero. Y el HSBC tiene una causa en la Argentina”, opinó la vicepresidente electa cuando compareció en la causa Vialidad. .

En el primer encuentro entre Alberto Fernández y el embajador de Estados Unidos, Edward Prado, se consideró la situación de la UIF y la posibilidad de mantener en su puesto a Federici, que es respaldado por la Casa Blanca. Federici tiene un cargo estratégico a nivel global (Egmont Group of Financial Intelligence Units), y Estados Unidos ya anticipó que si Alberto Fernández no lo mantiene en ese puesto, Argentina perderá ese lugar clave en el organismo multilateral más importante en la lucha contra el lavado de activos y dinero sucio.
Alberto Fernández ya tomó la decisión. No quiere a Alonso ni a Federici, creara una sola unidad con la OA y la UIF y por encima colocará a un político prestigioso con rango de secretario de Estado. El presidente electo ofreció esa secretaría a Ricardo Alfonsín, que aún duda en aceptar la propuesta de Alberto Fernández.
Alfonsín sabe que es un camino sin retorno.
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