
“No todos somos lo mismo; no todos somos iguales; hay funcionarios que hacen lo correcto”. Esto les diría a los jueces y fiscales hoy, en una sociedad donde los profesionales del Derecho -tan vapuleado- estamos tan vapuleados.
“Que honran su profesión; que son humanos con sus imperfecciones y aciertos; que debemos separar el funcionamiento de la Justicia como institución, de los valores que constituyen la subjetividad de la inmensa mayoría de estas personas que persiguen el bien común”. Este mismo agradecimiento lo hago extensivo a todo el personal de los Juzgados, Fiscalías y cuerpos auxiliares de la Justicia. Y ahora lo repito y me lo digo a mí mismo: no todos son iguales y no somos todos lo mismo.
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Vivimos un tiempo donde constantemente se intenta devaluar nuestra tarea, algunas veces justificadamente y otras de forma exacerbada. El problema a mi entender es que esta devaluación se fue convirtiendo en la regla, y cuando la opinión social legitima una regla como verdadera revertirla se vuelve una batalla titánica.
Quien transita a diario los Tribunales sabe bien que la excepción son los malos funcionarios, y que en su gran mayoría, por el contrario, son diligentes, prudentes y que atienden cada llamado telefónico por alguna consulta como si estuvieran en mesa de estrada adaptándose a esta nueva modalidad por la pandemia. Ahora bien, cómo dije no todos somos iguales. Pero las excepciones existen y su existencia sobresale, entonces lo particular se universaliza y el universo se reduce a la excepción: aquellos que pueden ser reticentes y muchas veces sordos e insensibles frente a un pedido justo.
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Elijo defender a este Poder Público que es el que debe poner límites frente los atropellos tanto de un particular como del propio Estado. Porque existen estamentos que desoyen las intimaciones hechas por abogados y jueces. Que no cumplen con la ley. Entonces nuestros representados tienen que soportar a veces diferentes injusticias. Pero como dije: no siempre son responsables los jueces y fiscales.
Alguna vez lo expuse de esta manera, recordando las inmensas palabras de mi profesor al momento de cursar aquella materia en mi querida UMSA: parece que vivimos en la época romana en donde existían ciudadanos de diferentes categorías y con diferentes derechos. Estaban los sui iuris y los alieni iuris, esos ciudadanos con menos derechos que no pertenecían a la casta con privilegios.
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Ante las críticas salvajes y destructivas a jueces, fiscales y abogados en ejercicio de la profesión debo ponerme de pie y decir: “No todos somos iguales; no todos somos lo mismo”. Porque a la crítica no le interesan los detalles o las profundidades del pensamiento, solamente quiere imponer un discurso que muestre que todo es lo mismo, negando que lo excepcional invierte el valor de nuestro trabajo transformándolo en una verdad universal. De esa forma, las acciones egoístas, maliciosas e interesadas de los menos, se convierten en las características que definen a los muchos.
Los abogados exponemos a diario ante la Justicia cuando se cometió un delito, o solicitamos alguna cuestión de las diferentes ramas del Derecho para que la Justicia haga lo que tenga que hacer y ponga las cosas en su lugar. Callarme me volvería cómplice. Pido que haya justicia y que no se permita destruir a uno de los Poderes del Estado del cual los abogados somos parte.
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