Mientras los equipos de comunicación del PRO deleitaban a los periodistas con sus maravillosos argumentos sobre hechizos de big data y conjuros "whatsaperos" en chats de mamis, la gente que trabajamos en tecnología sabíamos que todo eran fuegos de artificio. Mapas de calor, perfilamiento, micro segmentación, el monstruo verde de Whatsapp, Facebook, Cambridge Analytica… ¿Todo eso junto en una bolsa, lo agitás y sos presidente?. Pues no.

Big data es a los consultores políticos lo que el sexo es a los adolescentes: todos dicen que ya lo practican pero ninguno toco un cuerpo ajeno.

Es regla: Garbage in, garbage out (metés basura, obtenés basura). Tener datos, y muchos, puede ser más distorsivo que tener pocos y precisos. Además, no sirve de nada micro segmentar mensajes cuando el mensaje es pobre. Es como invertir un montón de tiempo en obtener el teléfono de alguien para que finalmente, cuando logres hablarle, no tengas nada que decirle.

Pero entonces, ¿Cambridge Analytica no existe?
Existe, pero no acá.

Cambridge Analytica fue más allá, modelizó matemáticamente el comportamiento de la gente y se enfocó –con su modelo– en aquellos que podían cambiar su pensamiento. Gente que era permeable. ¿Y cómo lo logró?.

Primero, les hizo un test psicológico con la excusa de ser investigadores de Cambridge University (de ahí su nombre). En base a ese test psicológico, pudieron detectar a los permeables y los bombardearon tanto con mensajes perfilados hasta que vieron la realidad como ellos querían.

En estos últimos tres meses ininterrumpidamente dediqué tiempo a hablar con periodistas sobre la "no campaña", la inexistencia de un mensaje, de una estrategia, por parte del oficialismo.

Empecinado en entender porque todos estaban dispuestos a estrellarse, y ya con la curiosidad de un perito en accidentes, me junté a tomar un café con uno de los jefes de la campaña digital del PRO ("nombres y conversación en off"). Lo resultante fue:

Ellos piensan que en 2015 ganaron porque manejaron maravillosamente las redes sociales, y que el 2017 sirvió como reafirmación de su éxito y expertise en la materia.

El hit llegaría tarde: parecía ser una aplicación, llamada "los defensores del cambio", la cual pusieron en funcionamiento dos semanas antes de las elecciones PASO. Al ser consultados sobre si no era un poquito tarde o a destiempo, el inquisidor fue reprendido: es una app para el diálogo a largo plazo y no de trinchera.

Sobre el mensaje

El ABC del manejo de mensajes en las redes sociales te dice que lo visceral es viral: la indignación, la necesidad de ayudar o hacer justicia, eso que brota de adentro, hace eclosión social. Pero no los puentes, ni las rutas, ni las bicisendas, ni los videos en vertical, ni la súper trillada toma –casual– de algún camionero sorprendido por una obra.

Los líderes de la campaña a favor del Brexit comunicaron el "tener el control de nuestra nación" pero lograron verdaderamente viralizarlo cuando le agregaron la palabra "VOLVER a tener el control de nuestra nación". El sentido de volver a tener algo que perdiste o te robaron. Las vísceras que se retuercen dentro tuyo pidiendo justicia y te calma solo al viralizarlo y gritarlo a viva voz: "Quiero ese poder DE VUELTA en mis manos".

Julián Gallo, a cargo de la imagen de Mauricio Macri en el mundo digital y del cual vi varias presentaciones en WAN-IFRA (una feria que reúne a la prensa digital mundial), nos contaba con ojos sabios cómo pegaba la imagen de Mauricio a una cámara GoPro instalada en un casco de obrero, el cual llevó el Presidente, y pudo registrar en primer plano y contar en la experiencia en sus redes. Julián le mostraba el casco a la audiencia: "Este es el casco que usó el Presidente", decía como si fuera el collar de Nefertiti.

Julián se enamoró de la figura de Macri, su cliente y nuestro Presidente. Y ya sabemos qué ocurre cuando el director de la película se enamora de la primera actriz… todo la película se va al demonio.

Al día de hoy, y después de un mandato completo, la gente no sabe quién es Mauricio Macri. ¿Es el ingeniero loco? ¿Es el empresario rico que quiere superar a su padre? ¿Cuál fue la construcción de este personaje a nivel social digital que se transmitió?.

Maximiliano Hernández Martínez fue un dictador salvadoreño que llegó al poder después de dar un golpe de estado contra Arturo Araujo.

Maximiliano era teosófico. Cuando su pequeño hijo enfermó de apendicitis, no permitió la ayuda de los médicos y trató a su propio hijo con "aguas solarizadas azules", unas botellas color azul que puestas al sol tenían la capacidad de tratar varias enfermedades, según lo que Hernández Martínez creía. Maximiliano mató a su hijo.

¿Qué hace que alguien ponga por arriba de la lógica su fé?

La utilización de pseudociencias transfiere un poder que la lógica no le otorga.

Maximiliano debería haber sido médico para tener el poder de curar a su hijo. Tanto así como nuestros gobernantes tendrían que habernos conocido más que perfilarnos.

La tecnología es tan nociva como una pseudociencia cuando el que la práctica y el que la recibe no entienden de qué se trata.

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