(Foto: Julieta Ferrario)
(Foto: Julieta Ferrario)

Imposible no empezar con un comentario que es hoy casi, un lugar común. Se firmo finalmente el Acuerdo, después de veinte años de negociaciones, hasta ayer, infructuosas. Las palabras y la sensibilidad del canciller Faurie anunciando el trascendente hecho al Presidente Macri lo dicen todo. Es comprensible la emocion del momento. Varias generaciones de argentinos -y muchas promociones de diplomáticos- tuvimos durante nuestras mejores épocas en la carrera este objetivo en mira, hoy cumplido.

Huelga también decir que esto representa un paso importante para la región, para la Argentina y para el Mercosur que, en opinión de algunos y tal vez con razón, requeria de un fuerte "aggiornamiento". Claramente significa una merecida satisfacción para el Presidente, el Canciller y sus colaboradores directos en esta negociaciones asi como para las carteras de Hacienda y Comercio, fuertemente involucradas en las etapas mas delicadas. Podriamos agregar que constituye un ejemplo muy concreto del concepto de "inserción inteligente" en el mundo, tantas veces explicado por el Presidente e instrumentado por la Cancilleria.

Ahora bien, un logro de esta magnitud ha implicado muchos años de voluntad politica por parte de varios Gobiernos. Pero debe decirse sin eufemismos que, solamente a partir del momento en que Argentina regreso al mundo, en sentido de abandonar el default y honrar sus compromisos, la Union Europea entendió que se entraba en la recta final. Esto hubiese sido imposible con una Argentina que no calificaba para las inversiones, ni para los créditos, ni para proyectos convergentes en el escenario global como las Operaciones de Mantenimiento de Paz, la cooperación en los campos nuclear y satelital y posibles iniciativas para atender necesidades humanitarias -alimentos, por ejemplo- en Medio Oriente. Menos aun, acariciar pretensiones de ingresar a la OCDE y jugar un rol significativo en el G20 a punto de haber ejercido la Presidencia de ese conjunto de países centrales para la gobernanza global.

La dificultad técnica de estas negociaciones radicaba, en gran medida, en que debian ejercerse hacia direcciones múltiples. Casi todas lo son, pero esta fue típica por su grado de complejidad y sofisticación. Primero, al inicio, durante las gestiones de Guido di Tella y Domingo Cavallo en Economia, informando y comprometiendo a los sectores productivos locales, pymes y Camaras de Comercio, para aclarar las ventajas, posibles inconvenientes, riesgos y objetivos a largo plazo que siempre constituyen la base de cualquier politica exterior.

En segundo lugar, con los socios del Mercosur, teniendo en cuenta el peso mayor de Brasil en las exportaciones del Grupo, pero también de Paraguay y Uruguay convertidos hoy en exportadores responsables, prestigiosos y ejemplares. La capacidad de acceder con mayores facilidades al mercado europeo para Paraguay y eventualmente Bolivia potenciará la Cuenca del Plata y nuestros ríos, generando mayor relevancia geopolítica y además, más trabajo y consecuentemente, mayor bienestar para los argentinos.

En tercer lugar, hubo que acercarse a cada uno de los países de la Union Europea ya que las visiones sobre un acuerdo con el Mercosur no eran homogéneas. Para los archivos de nuestra gratitud quedaran aquellos que, desde un comienzo, apoyaron al Mercosur. Estos entendieron que esta alianza va mucho mas lejos que los importantes aspectos relativos solamente al intercambio comercial. Implica, además, una alianza politica con un sector del mundo íntimamente ligado a la región, en especial a nuestro país, ya que de Europa proviene la fisonomía cultural de la gran mayoría de los argentinos y, sobre todo, los valores de pluralismo y repudio a la violencia, que la actual gestión de Gobierno promueve con firmeza.

Esperemos que los detalles, las letras grandes y chicas se conozcan para comprender mejor la trascendencia de lo anunciado. Las seguras inversiones, los beneficios para el agro, las participaciones en cadenas de valor, el apoyo a la industria de servicios (hoy muy relevante para el talento argentino), el estimulo a la ciencia y tecnología y, sobre todo, la perspectiva cierta de un mayor bienestar para nuestros ciudadanos. En síntesis, una alianza virtuosa por donde se la analice. En lo institucional, en lo técnico, en lo comercial y en el objetivo final de insertarnos en el mundo de la mejor manera.

Se decía hasta hace unas semanas que algunos sectores en Francia tenían problemas con el Acuerdo. Pues bien, eso ya no es así. Incluyamos entonces a Francia junto con España, el Reino Unido, Alemania e Italia en nuestro reconocimiento. Nunca la Fiesta Nacional Francesa del 14 de julio próximo será tan felizmente celebrada.

El autor es el director del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN). Fue embajador, vicecanciller de la Nación y representante permanente de la Argentina ante la ONU.