
El asesinato de un joven en un barrio humilde de la ciudad de La Rioja monopolizó las noticias en la provincia norteña. Ni siquiera el video de un concejal dándole una golpiza al chef de un restaurante junto a su padre y su hermano pudo restarle algo de atención. El crimen de Diego Torres fue el centro de la atención absoluto y dividió a la sociedad.
Diego Torres tenía 18 años y seis hermanos a los que su padre abandonó de chicos. Su madre, que padecía esquizofrenia, apareció mutilada el año pasado y nadie investigó el caso. Tenía graves problemas de adicciones. Torres, últimamente, aspiraba pegamento y había cometido varios robos. El albañil Juan José Cano, de 36 años, que vivía a 200 metros de su casa, lo fue a buscar el lunes junto a unas siete personas y le clavó un cuchillo en el corazón. Murió pocos minutos después.

Cano se entregó poco después a la policía, que arrestó a otras cinco personas, incluidos su hermano y un menor de edad, de 14 años. Y las redes sociales estallaron en un interminable debate sobre la mal llamada "justicia por mano propia". Entre todas las líneas que se escribieron, resalta un mensaje titulado "Que Dios me perdone, pero este tipo se merece el apoyo de todos". Es un mensaje que repasa la historia del albañil y fue compartido miles de veces en las redes sociales. Su autor culpa a dos actores centrales en esta historia: al propio Torres y a la policía.
Según la crónica que publicó el portal local El Federal Online, la bronca con Torres había comenzado tiempo atrás, cuando el joven le robó la moto a la esposa del albañil. Y trepó cuando en julio, los Cano organizaron una reunión en su casa y Torres le cortó el cuello a uno de sus invitados, que había ido a comprar una gaseosa. Esa vez hubo una pelea muy grande, que de milagro no terminó con heridos.

Aquel fin de semana de junio, Cano fue a la policía y les contó lo que estaba pasando: había un grupo de jóvenes que eran el terror del barrio. La denuncia le valió el mote de "buchón" entre la bandita de Torres. Cada vez que él o alguien de su familia se los cruzaba, era hostigado y amenazado.
Eso fue justamente lo que le pasó el lunes al hijo de Cano, un adolescente de 13 años que estudia por la mañana y a la tarde ayudaba a su padre en sus trabajos de albañilería. Su papá llegó de trabajar al mediodía y le dio unos pesos para que vaya a comprar pan. En el camino se encontró a un Torres drogado. "Te voy a pisar el coco", le advirtió. Las vueltas hicieron que al final terminara agrediendo a otro vecino. Entonces, el hijo de Cano salió corriendo y le fue a contar a su padre lo que había pasado. El hombre hizo lo que correspondía: fue a la comisaría y lo denunció. "Vayan a buscarlo ahora que todavía está ahí", les dijo, pero no lo escucharon.
La gota que terminó derramando el vaso no está del todo clara. Torres y otro joven apodado "El Inglés" intentaron robar o robaron un camión de distribución de gaseosas. Intervino la policía y hubo algún demorado. De lo que todavía no hay certeza es por qué Torres y sus amigos le terminaron tirando piedras y botellas a Cano. Se especula con que sabían que los había denunciado. Lo cierto es que el albañil se hartó, fue a su casa, tomó un enorme cuchillo y fue directo a la casa de los Torres junto a su hermano y otros vecinos. La versión oficial asegura que eran ocho personas, en total.

"Entregá a tu hermano", le dijo a Tamara, la mayor de los Torres, que quedó a cargo de todos cuando murió su madre, apenas entró a la vivienda . Ella tomó a su hija de 9 años y se encerró en un cuarto. Diego Torres estaba en techo de su casa. Agarró un palo y bajó. Cano lo enfrentó y le pegó dos cuchillazos en el pecho, uno de ellos, directo y certero al corazón. Otro joven también fue herido.

Al otro día, Tamara salió en varias radios contando su versión. "Yo pedía que me ayuden y nadie me escuchó; no digo que mis hermanos son unos santos, pero yo los entregaba a la policía cuando hacían las cosas mal, yo quería intentarlos", dijo.
Cano, mientras tanto, permanece detenido. Su abogado, Gustavo Vedia, apuntó contra la policía. "El principal eje de lo que pasó es la desidia en las fuerzas de seguridad y la ausencia del Estado. Lo dijo un familiar de la víctima: una chica se hace cargo de sus hermanos, que todos están en situación de drogadicción, y nadie se hace cargo, ni le da importancia", argumentó. Y concluyó: "Esta bomba de tiempo que le estalló en la mano de Cano le podría haber pasado a cualquiera".
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