La mediatización de la cultura

Adriana Amado, en diálogo con Infobae Tv, habla sobre las consecuencias de la mediatización total de la cultura y la política

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Respecto a la marcha de Ni una menos, hay gente que reduce su militancia a la asistencia a esos eventos, y que cree que con eso se soluciona el problema y la realidad es que eso no cambia nada…

En algún punto, el reclamo de los colectivos hoy es que quieren ser visibles, luchar contra la invisibilización que supuestamente es la causa de sus males. Hoy leía en el diario La Nación a una gran periodista que se llama Fernanda Sandez, parafraseando la frase de El Principito: "lo esencial es invisible a la cámara", y yo creo que ahí tenemos una paradoja, porque reconocemos que las cosas importantes no son las que necesariamente aparecen en la televisión pero insistimos en llevar a la televisión nuestros problemas. Esto tiene dos coletazos: uno es que para mucha gente, participar en ese tipo de expresiones, calma. El otro problema que tiene específicamente la marcha de Ni una menos, es a quién se le lleva el reclamo. Porque está claro que al hombre golpeador, esa marcha que es generalmente en el centro de Buenos Aires, movilizada por las redes sociales por las clases ilustradas, no alcanza para conmoverlo. Y a veces, ese "endulzamiento" del tratamiento que hace que todos los programas, incluso los de entretenimiento más vulgar, abracen la causa y, queriendo ponerlo en la pantalla, terminamos frivolizándolo y al que supuestamente le debería importar el mensaje, lo exacerba.

En consonancia, pienso hasta dónde existe un paralelismo o una congruencia entre la intención de mostrarse de los políticos y lo que realmente eso afecta su propia imagen y su posibilidad de llevar adelante procesos. Me parece que están dándole importancia a lo que dicen los medios, y por lo tanto, a aparecer ahí adentro, y en los resultados finales no se ve tanto.

No, se ve lo contrario. En el año ya tuvimos dos grandes sucesos internacionales que mostraron que el clima de los medios no tenía nada que ver con lo que pasó. Uno fue el tema del "Brexit" (la salida de Gran Bretaña), en un contexto donde aparentemente los medios des-informaban al rededor de ese tema. El otro es el "No" en Colombia, donde también todo el clima de opinión estaba claramente orientado al Sí, a la paz y a la exaltación de un acuerdo.Y ahora nos viene de Trump, ahí está toda la prensa claramente en contra, pero el resultado es incierto.

Esto te plantea que hoy los medios se hacen eco de unas voces que no necesariamente son las voces de la opinión pública, y a la inversa, muchas veces la sociedad repite hacia afuera la consigna de los medios porque es lo que evalúa que la va a integrar, aunque después hace otra cosa.

El material con que se trabaja en la televisión tiene que ver justamente con el análisis de algo que dijo alguien en algún lugar, y a partir de eso se establece una cadena de situaciones, como si fuese una cadena de enredos, de la cual viven 700 periodistas en la televisión, sin producir una sola noticia.

Eso es un género que apareció en el 2001 durante la crisis. En ese momento no había recursos en la televisión, entonces se empezó a desarrollar ese género que era de pseudo- espectáculos, de una pseudo- celebridad, que ya venía de los mediáticos de los 90. Lo curioso es que vino la bonanza económica y esos programas de chimentos no sólo se reforzaron sino que empezaron a inspirar a los programas políticos, a los programas de actualidad, y aparece el panelismo, que se encarga de juntar a varias personas que opinen. Eso está bueno en la medida en que te da un ejercicio de debate al que nosotros nos estamos acostumbrados, pero el tema es cuánta sustancia hay en eso.

Yo sé de fútbol, lo mismo que sabe Maradona de política, y sin embargo, lo que le importa a la gente es qué opina Maradona o Andrea del Boca. La pregunta es: ¿realmente le importa a la gente lo que opinan determinados personajes sobre esos temas?

En nombre de la gente se han cometido bastantes tropelías. Yo no sé hasta qué punto un periodista es capaz de interpretar la voz de la gente cuando ese periodista ni siquiera contesta los comentarios en el twitter. El periodista está queriendo entrevistar al señor importante, y el político está desesperado por ir a un programa cualquiera, entonces vos te encontrás al final del día que un funcionario que tiene altísimas responsabilidades, estuvo en tres radios, dos programas de televisión y te preguntás ¿cuándo gestionó?. Entonces, por un lado, la comunicación es importante, pero no esta comunicación televisada. Si el político hace la gestión que yo necesito, yo lo voy a ver. Ahora, ahí hay que reconocer que el periodista y el político están en el mismo juego, porque cuando dicen que el gobierno comunica mal, le piden más de este show off.

¿Qué diferencia hay entre la forma en que comunicaba el gobierno anterior y el actual?

Los dos están muy obsesionados por la exhibición de logros, por la presentación en formatos publicitarios muy cuidados de sus cuestiones. Los dos son muy sensibles a lo que dice la prensa. Está claro que el gobierno anterior era mucho más combativo y buscaba esa controversia, y el actual no solo la evita sino que se los ve tomando decisiones por el solo hecho de que hubo muchas críticas en los medios. No sé si está bueno esto, porque no necesariamente la opinión de los medios refleja el humor de la opinión pública. Yo creo que son dos gestiones muy parecidas, son muy "pop" en el sentido de que están muy pendientes de lo masivo, de la mediatización, pero en los dos casos les falta mucha más sustancia.

Cierro con una pregunta fuera de tema: 29% de pobreza deja Cristina, 3% más agrega Macri. Ese 3% hace decir a un montón de gente, que ahora va a estallar todo. ¿Qué características tiene ese 3% de pobres nuevos distinta a las que tenía ese 29% para que ahora sea peligroso y antes no lo era?

Bueno, eso te lo tiene que explicar la gente que ve esas amenazas y que de pronto descubre la pobreza y la inseguridad. Yo creo que ahora hay mucha gente viendo la realidad porque le desenchufaron el televisor que estaban viendo y además, es encantador asignárselo a otro.