México registra cerca de 80 mil pacientes con enfermedad renal crónica terminal solo en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), de acuerdo con un comunicado de prensa de la institución.
La cifra refleja un problema de salud pública que crece en silencio: millones de personas pueden desconocer que sus riñones ya trabajan en condiciones adversas.
Lo que pocos sospechan es que uno de los factores que los pone en riesgo ocurre cada noche, en casa.
La enfermedad renal crónica, entre las primeras diez causas de muerte en México
Según el IMSS, la enfermedad renal crónica se ubica entre las primeras diez causas de muerte en el país.
El doctor Juan Carlos Tomás López, coordinador de Programas Médicos en la División de Medicina Familiar del mismo instituto, define la condición como un daño persistente en la estructura o función renal por más de tres meses.
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La progresión es silenciosa: en sus etapas tempranas no duele, no avisa.
Los factores de riesgo más conocidos son la diabetes y la hipertensión.
Además, la evidencia científica acumulada en los últimos años señala un hábito que la mayoría no asocia con sus riñones.
Este es el hábito nocturno que podría estar dañando tus riñones
De acuerdo con un análisis publicado en la revista médica internacional Clinical Kidney Journal que integró datos de 39 estudios y más de 2.5 millones de pacientes, tanto la falta como el exceso de sueño se asocian con un mayor riesgo de desarrollar enfermedad renal crónica.
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Quienes duermen cinco horas o menos presentan un 46% más de probabilidad de desarrollar la enfermedad frente a quienes duermen entre siete y ocho horas.
El riesgo elevado no desaparece al dormir de más: nueve horas o más también se asocian con un incremento de 46%.
El hábito nocturno en cuestión es, entonces, no respetar ese rango.
Acostarse tarde de forma crónica, dormir menos por presión laboral o académica, o pasar demasiadas horas en cama sin que el sueño sea reparador: cualquiera de esos patrones entra en la zona de riesgo que documenta el estudio.
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La presión que los riñones no deberían soportar de noche
El mecanismo detrás del daño tiene nombre: hipertensión nocturna.
Durante el sueño, la presión arterial baja de forma natural entre un 10% y un 20%, un fenómeno conocido como dipping.
Ese descenso no es opcional: los riñones lo necesitan para reducir la carga de filtración y recuperarse.
Según la revisión publicada en el Clinical Kidney Journal por investigadores del Instituto de Fisiología Clínica de Reggio Calabria, cuando el sueño es inadecuado ese mecanismo falla.
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La presión se mantiene elevada durante la noche, los glomérulos —las unidades de filtrado del riñón— quedan expuestos a una presión sostenida y el daño se acumula.
El estudio documenta que la ausencia de dipping nocturno se asocia con la progresión acelerada de enfermedad renal.
Por qué el médico no detecta este daño en una consulta normal
Según la misma revisión científica, la disfunción del sistema nervioso autónomo es otro mecanismo que alimenta la hipertensión nocturna.
En condiciones normales, ese sistema regula la presión arterial durante el sueño.
Cuando falla (algo frecuente en personas con riñones ya comprometidos) la presión no baja, el riñón no descansa y el daño se profundiza noche tras noche.
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Los mismos autores señalan que la hipertensión nocturna afecta hasta el 90% de los pacientes en etapas avanzadas de enfermedad renal crónica.
El problema es que permanece subdiagnosticada: la medición convencional de presión arterial no la detecta.
El IMSS advierte que la enfermedad es más común en personas mayores de 40 años, aunque cada vez más adultos jóvenes y niños presentan estos padecimientos.
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La institución atiende a pacientes con hemodiálisis en un 52% de los casos y con diálisis peritoneal en el 48% restante: tratamientos que sustituyen lo que el riñón ya no puede hacer.