
La nochebuena (Euphorbia pulcherrima), también conocida como poinsettia, es una de las plantas ornamentales más emblemáticas de México y un referente biológico por su peculiar estructura y adaptación a los ciclos de luz.
Aunque popularmente se piensa que su atractivo radica en sus flores rojas, en realidad la parte vistosa corresponde a brácteas modificadas, mientras que las verdaderas flores son pequeñas, amarillas y discretas. Esta singularidad la convierte en un ejemplo fascinante de estrategias evolutivas para atraer polinizadores.
Originaria de regiones tropicales y subtropicales del país —principalmente de Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Sinaloa—, la nochebuena pertenece a la familia Euphorbiaceae, un grupo de plantas caracterizado por la presencia de látex lechoso y estructuras florales complejas. En su entorno natural puede crecer como arbusto de hasta tres metros de altura, aunque en su forma comercial se mantiene en tamaños pequeños mediante técnicas de cultivo controlado.

Biología y estructura de la nochebuena
Uno de los aspectos más relevantes de esta planta es su morfología. Sus brácteas, que suelen ser rojas pero también pueden encontrarse en tonos blancos, rosados, amarillos o marmoleados debido a la hibridación, cumplen la función de atraer insectos hacia las verdaderas flores, conocidas como ciatios. Estos ciatios están formados por estructuras reducidas sin pétalos, típicas del género Euphorbia, que contienen unidades reproductivas masculinas y femeninas.
La planta depende del fotoperiodo —la duración de luz y oscuridad— para inducir la coloración de sus brácteas. La nochebuena es una planta de día corto, lo que significa que necesita largas horas de oscuridad ininterrumpida para activar su proceso de pigmentación. Por ello, en la naturaleza sus brácteas adquieren color durante los meses de invierno, coincidiendo con la disminución de horas de luz solar.
A nivel fisiológico, su pigmentación se debe principalmente a antocianinas, compuestos presentes en diversas plantas que producen colores que van del rojo al púrpura. La intensidad del color depende de factores ambientales como humedad, acidez del suelo y exposición lumínica.

Ciclo de vida y reproducción
En condiciones naturales, la nochebuena florece una vez al año. Su ciclo inicia con un crecimiento vegetativo durante la primavera y el verano, seguido por la inducción floral en otoño, cuando las noches se alargan. La reproducción puede ser sexual, mediante polinización de los ciatios, o asexual, mediante estacas, método utilizado en la industria ornamental para reproducir clones con características uniformes.
La planta también produce látex, una sustancia blanca que actúa como defensa contra herbívoros. Aunque no suele ser peligrosa para los humanos, puede causar irritación leve en piel y mucosas.
Además de su valor ornamental y cultural, la nochebuena es relevante en estudios de fisiología vegetal. Su sensibilidad a la luz oscura la convierte en un modelo utilizado para comprender cómo las plantas perciben y procesan señales ambientales.
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