
En el mundo del tabaco, suele surgir la pregunta sobre las diferencias y equivalencias entre los productos más consumidos: los cigarrillos y los cigarros puros. Aunque a simple vista podrían parecer similares por pertenecer a la misma familia, sus características, composición y, especialmente, el impacto en la salud, difieren de forma notable.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional del Cáncer de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos, la diferencias entre los cigarrillos y los cigarros puros van más allá del tamaño y la envoltura, influyendo también en la cantidad de tabaco consumida y en la exposición a sustancias tóxicas.
Para entender esta comparación, es importante señalar que un cigarrillo convencional en Estados Unidos contiene menos de 1 gramo de tabaco, que se mezcla y no se fermenta, y está envuelto en papel.

Los puros, en cambio, suelen estar fabricados con un solo tipo de tabaco curado y fermentado, enrollado en hojas de tabaco y presentando una amplia variedad de tamaños; pueden contener desde 1 hasta incluso 20 gramos de tabaco en un solo ejemplar.
El tiempo de consumo también marca una diferencia significativa. Mientras un cigarrillo puede fumarse en menos de diez minutos, un puro grande puede requerir hasta dos horas. Esta mayor duración se traduce en una mayor absorción de nicotina y en una exposición más prolongada a compuestos tóxicos.
Según el Instituto Nacional del Cáncer, un solo cigarro puro grande puede llegar a contener una cantidad de tabaco equivalente a toda una cajetilla de cigarrillos, es decir, alrededor de 20 cigarrillos. Esta relación no solo se observa en el peso del tabaco, sino también en la cantidad de nicotina disponible para su absorción, independientemente de si el usuario inhala el humo o no.

Además, el proceso de fabricación del cigarro puro, que incluye fermentación, genera sustancias como las nitrosaminas en concentraciones superiores a las que se encuentran en los cigarrillos. Estas sustancias han sido identificadas como causantes de cáncer, y al fumarse un puro, esos compuestos son liberados y absorbidos.
A esto se suma el hecho de que el consumo de un puro tiene lugar, en ocasiones, sin inhalación directa del humo, lo que lleva a la falsa creencia de que el daño es menor. Sin embargo, los riesgos persisten, ya que zonas como boca, garganta y laringe quedan igualmente expuestas a los compuestos peligrosos del humo, además de la posibilidad de transportar carcinógenos a través de la saliva.
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