
Diversos estudios científicos han reconocido al espino blanco (Crataegus monogyna o Crataegus laevigata) como una de las plantas medicinales con mayor evidencia en apoyo a la salud cardiovascular y en la prevención de episodios como el infarto agudo de miocardio. Esta planta es utilizada en la fitoterapia tradicional de Europa y Asia desde tiempos antiguos, y sus extractos de flores, hojas y frutos conforman el principio activo presente en suplementos y preparados medicinales.
El espino blanco contiene compuestos fenólicos, sobre todo flavonoides y proantocianidinas, que actúan como antioxidantes. Estos compuestos ayudan a reducir la formación de radicales libres en el organismo, lo que contribuye a proteger las paredes de las arterias y favorece la integridad vascular. Diversos ensayos han observado que el espino blanco puede mejorar la función endotelial, es decir, el estado de la capa interna de los vasos sanguíneos, aspecto clave en la prevención de placas ateroscleróticas que pueden derivar en infartos.
Más propiedades del espino blanco

Otra propiedad relevante del espino blanco es su capacidad para favorecer una mejor circulación y colaborar en la regulación de la tensión arterial. Estudios clínicos han reportado una disminución de la presión sistólica y diastólica en pacientes que consumieron extractos estandarizados de la planta. Este efecto vasodilatador se suma al aumento en la contractilidad del músculo cardíaco y una mejora de la irrigación en los tejidos. Además, se ha reportado una acción antiarrítmica leve y una ligera reducción de la frecuencia cardíaca en personas con trastornos leves del ritmo cardíaco. Estas características convierten al espino blanco en una opción fitoterapéutica para pacientes con factores de riesgo cardiovascular bajo supervisión médica.
El consumo habitual de espino blanco, ya sea en forma de cápsulas, extractos líquidos, infusiones o tabletas, suele considerarse seguro para la mayoría de adultos sanos cuando se utiliza en dosis recomendadas. Pese a ello, su uso debe evitarse en combinación con ciertos medicamentos cardiovasculares, como digitálicos o antihipertensivos, sin consultar previamente a un profesional, ya que podrían presentarse interacciones.

Aunque el espino blanco es el principal exponente entre las plantas medicinales de uso cardiovascular, otras especies han sido asociadas a beneficios para la salud del corazón. Entre ellas destaca el ajo (Allium sativum), conocido por su efecto moderador de la presión arterial y la reducción de lípidos en sangre, así como la hoja de olivo y el ginkgo biloba. Sin embargo, la mayor evidencia clínica y reconocimiento oficial por agencias reguladoras como la Agencia Europea del Medicamento está centrada en el espino blanco.
Ningún tratamiento a base de plantas sustituye la atención médica especializada ni el control de factores de riesgo convencionales como alimentación equilibrada, ejercicio y abandono del tabaco. Los preparados a base de espino blanco deben considerarse como coadyuvantes y siempre bajo supervisión profesional sanitaria.
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