
La microdosificación de medicamentos como Ozempic, cuyo principio activo es la semaglutida, ha generado un intenso debate en el ámbito de la salud pública, lo cual también ha puesto sobre la mesa cuestionamientos éticos y médicos en torno a las aplicaciones alternativas de este tipo de tratamientos. Dicho fármaco, desarrollado por la empresa danesa Novo Nordisk, fue diseñado inicialmente para tratar la diabetes tipo 2, sin embargo, en los últimos años, también cobró relevancia por su eficacia en la pérdida de peso y el control de la obesidad.
Ozempic, introducido al mercado en 2012, actúa imitando al péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1), una hormona fundamental en la regulación del azúcar en sangre y el control del apetito, según la información consultada en National Geographic. De manera más detallada, su mecanismo de acción incluye la estimulación de la liberación de insulina, la inhibición de la secreción de glucagón y el retraso del vaciado gástrico, lo que contribuye a una disminución del apetito.
Sumado a ello, se ha comprobado científicamente que el fármaco reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares graves, un avance que los especialistas en la materia califican como revolucionario en el tratamiento de la obesidad. Al respecto, un ensayo clínico de Fase III citado en National Geographic reveló que los adultos tratados con semaglutida perdieron en promedio un 14.9% de su peso corporal en 68 semanas, frente a una reducción del 2.4% en el grupo placebo.
Sin embargo, como explica la Dra. Caroline Messer, endocrinóloga y fundadora de Well by Messer, el uso estándar no siempre es adecuado para todos los pacientes. “La microdosificación puede ser un cambio radical para quienes buscan perder cantidades mínimas de peso o que sufren efectos secundarios por la dosificación estándar”, declaró a la plataforma estadounidense de estilo de vida femenina, Pop Sugar.
Añadió que algunas personas buscan únicamente los efectos antiinflamatorios del medicamento, sin intención de perder peso: “Anecdóticamente, parece haber una mejora en el ruido de la comida y la inflamación sistémica, pero no disponemos de ensayos prospectivos a largo plazo que lo demuestren”.
¿La microdosificación de Ozempic tiene beneficios?

La práctica de tomar una dosis menor que la recomendada se ha convertido en una opción atractiva para pacientes que ya han alcanzado ciertos objetivos de salud o que desean evitar los efectos adversos de las dosis completas. De acuerdo con un artículo publicado en la plataforma estadounidense especializada en salud, Healthline, “los informes anecdóticos de pacientes e incluso de algunos médicos afirman que la microdosificación de GLP-1 es más rentable” y puede mantener los resultados logrados con tratamientos completos, como mejorar la resistencia a la insulina.
Un caso representativo es el de Chelsea, una mujer de 41 años con síndrome de ovario poliquístico. Según relató a Pop Sugar, dejó de tomar Ozempic tras seis meses al haber alcanzado sus objetivos de bienestar, sin embargo, 18 meses después, los síntomas regresaron. “El ruido de la comida y la inflamación volvieron con fuerza”, comentó.
En busca de una alternativa, acudió al Dr. Evan Blum, quien le recomendó microdosis de GLP-1 para obtener los beneficios sin enfocarse exclusivamente en la pérdida de peso. “Me ha ayudado a controlar mejor los síntomas del síndrome y a concentrarme en alimentos nutritivos”, afirmó Chelsea.
Según Blum, “microdosificar un GLP-1 significa tomar una dosis inferior a la dosis granular mínima indicada para bajar de peso”. En el caso de la semaglutida, la dosis terapéutica para pérdida de peso es de 2.4 mg semanales, mientras que la dosis inicial suele ser de 0.25 mg. “En mi consulta, consideramos microdosis por debajo de esos niveles iniciales”, explica.
Figuras públicas también han promovido esta práctica, por ejemplo, la influencer de salud Tyna Moore, quien discutió la microdosificación en un podcast afirmando que puede ser útil para tratar no sólo obesidad, sino también hipertensión, enfermedades autoinmunes y niebla cerebral. De acuerdo con El New York Times, su curso en línea, Ozempic Done Right University, ha atraído a más de 500 inscritos, cuesta más de dos mil dólares y su popularidad revela el interés creciente por este tipo de usos alternativos del medicamento.
La Dra. Messer, por su parte, confirmó que la microdosificación es cada vez más común en su consulta: “He microdosificado a cientos de pacientes”, afirmó. En su experiencia, este enfoque es útil para pacientes delgados con antecedentes de enfermedades neurodegenerativas o para mantener resultados una vez alcanzado un peso saludable. “Normalmente no empiezo con microdosificaciones, sino que reduzco la dosis una vez que los pacientes han hecho cambios radicales en su estilo de vida”, explicó.
¿Cuáles son los riesgos y advertencias?

A pesar del entusiasmo que se ha generado alrededor del Ozempic, algunos expertos instan a actuar con cautela. Según UCLA Health, citada por Pop Sugar, la microdosificación es un enfoque “experimental y no autorizado”, ya que no existen ensayos clínicos que respalden su seguridad y eficacia en esas dosis bajas.
Al respecto, y aunque suele recetar cantidades menores, la Dra. Messer reconoce esta limitación: “La principal desventaja de la microdosificación es la falta de ensayos clínicos que respalden su uso. Solo las dosis aprobadas por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) han sido rigurosamente evaluadas”.
El New York Times, en un artículo de la periodista Dani Blum, destacó el temor de los médicos a que pacientes usen pequeñas dosis sin supervisión médica. La Dra. Brianna Johnson-Rabbett, endocrinóloga de Nebraska Medicine, advirtió que estirar el uso del medicamento podría llevar a consumirlo incluso después de su fecha de caducidad, lo que representa un riesgo sanitario importante.
Por su parte, la Dra. Vijaya Surampudi, directora asociada de la Clínica de Control de Peso Médico de UCLA, citada en Los Ángeles Times, trabaja con pacientes que desean mantener dosis bajas y explica que no todos necesitan dosis altas para ver resultados. “La respuesta de los pacientes varía considerablemente. No hay una solución única para todos”, afirmó.
Finalmente, el Dr. Daniel Drucker, investigador del Instituto de Investigación Lunenfeld-Tanenbaum del Hospital Monte Sinaí de Toronto y pionero en el estudio de medicamentos como Ozempic, también expresó reservas. “En teoría, estos medicamentos son tan potentes que quizá incluso dosis minúsculas podrían frenar algo el hambre”, comentó al New York Times. Sin embargo, enfatiza que esta posibilidad sigue siendo una hipótesis que debe confirmarse científicamente.
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