
Nemesio Oseguera Cervantes, mejor conocido como “El Mencho”, es el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y uno de los criminales más buscados por las autoridades de México y Estados Unidos. Pero más allá del poder que ejerce su organización, lo que ha captado la atención de especialistas en seguridad y psicología criminal es el perfil personal del hombre que ha logrado consolidar un imperio delictivo a nivel mundial.
Según psicólogos forenses, investigadores de crimen organizado y expertos en seguridad consultados en el documental “Familias Narco: El Mencho, Líder del Cártel Jalisco Nueva Generación” del canal DNews, la figura de Oseguera se construye sobre tres ejes que definen su liderazgo: una personalidad dual, un historial de violencia extrema y una capacidad inusual para el silencio, el cálculo y la invisibilidad.
Un líder con dos rostros

A juicio de la investigadora independiente Ainhoa Vázquez, el perfil psicológico de El Mencho responde a un carácter “tremendamente sanguinario” pero también “paternalista”.
“Tiene una personalidad muy dual: por un lado, es extremadamente violento con sus enemigos; por otro, es carismático y querido por su círculo cercano”, explicó. Este contraste ha sido clave para construir una red de lealtades dentro del cártel y entre comunidades que han sido históricamente abandonadas por el Estado.
Según Nathaly Guzmán, psicóloga forense, Oseguera exhibe comportamientos asociados con la sociopatía y trastornos de personalidad antisocial. “Es un hombre dominante, despiadado, que busca conservar y expandir su poder a cualquier costo”, afirmó. Este perfil se refleja en el uso sistemático de la violencia no solo como herramienta de castigo, sino como método de control territorial y psicológico.
Desde su juventud, Oseguera mostró habilidades sociales que le permitieron escalar dentro del crimen organizado. “Tenía un gran poder de convencimiento con sus jefes directos”, dijo Guzmán. Esa capacidad de comunicación, unida a su temprana inmersión en labores de seguridad para capos del narcotráfico, le permitió consolidar un rol operativo clave antes de convertirse en líder.
El poder del perfil bajo

A diferencia de otros capos mexicanos como Joaquín “El Chapo” Guzmán, exlíder del Cártel de Sinaloa, El Mencho ha evitado la ostentación, el protagonismo público y los excesos visibles.
Según el experto en seguridad Andrés Nieto, su estilo se resume en cinco palabras: “fuerte, audaz, callado, estratega y operacional”. Nunca ha buscado los reflectores ni se le ha vinculado con el mundo del espectáculo. “Prefiere el perfil bajo y la invisibilidad, lo cual lo hace aún más peligroso”, añadió.
El analista Manfred Gautofft coincide en que la estrategia de Oseguera Cervantes combina el uso de redes sociales para propagar el miedo —con videos de ejecuciones, amenazas o ataques— con una disciplina empresarial fría y meticulosa. “Él entiende la guerra narrativa y sabe que el terror focalizado puede hacer retroceder incluso a fuerzas estatales”, dijo.
Uno de los elementos que más llama la atención entre los expertos es la capacidad de adaptación del CJNG bajo su mando. El cártel no solo se ha expandido geográficamente, sino que ha diversificado su “portafolio criminal” al integrar secuestros, extorsión, sicariato y distribución de drogas sintéticas como fentanilo.
Según Sebastián Flores, fundador de CNC, este modelo responde a un liderazgo capaz de identificar oportunidades delictivas locales y su capacidad de adaptarse rápidamente a ellas.
“Cada vez que llega a una nueva región, estudia cuál es el negocio criminal predominante y se suma a él. No impone, absorbe”, señaló Nieto.
La violencia como control

Los relatos recogidos en el especial también evidencian un uso extremo de la violencia como herramienta de formación interna. Se conoce que El Mencho ha implementado métodos de reclutamiento forzado a través de falsas ofertas de trabajo. Una vez capturados, son llevados a los llamados “campamentos del terror”, donde deben pasar pruebas de sobrevivencia, entrenamiento militar y rituales de iniciación que incluyen descuartizamientos y actos de canibalismo, según testimonios de desertores.
Esta violencia se convierte, así, en un mecanismo de cohesión interna y en una marca que infunde terror en los territorios bajo control del CJNG.
Para el Dr. Segundo Romero, psicólogo forense, Oseguera representa una figura de liderazgo sustentada en la agresividad como valor estructurante. “La característica principal de Nemesio era esa característica de alta dosis de agresividad. Lo que se dice a veces: sanguinario”, explicó. Su ascenso en el mundo criminal se dio a través de demostraciones de brutalidad calculada, como ejecuciones difundidas en redes sociales.
Nathaly Guzmán lo califica como un individuo “influyente, dominante” con patrones de personalidad propios de un sociópata con psicopatías funcionales. Se trata de un perfil que no actúa desde impulsos descontrolados, sino desde una lógica de poder sostenido, basada en el control emocional, la intimidación permanente y el desprecio por la vida ajena.
Andrés Nieto, experto en crimen organizado, remarca que Oseguera nunca ha permitido que su ego determine sus acciones, algo que lo diferencia de otros líderes del narcotráfico.
Invisibilidad táctica

Uno de los elementos clave que ha impedido su captura, incluso tras años de operaciones binacionales, es su capacidad para desaparecer en regiones montañosas entre Michoacán, Jalisco y Colima, donde alterna casas de seguridad, hoteles y haciendas, pero con un “estilo de vida bajo, sin asistir a lugares públicos ni mostrar derroches económicos”.
Además, ha creado una red de comunicación cerrada que no depende de compañías de telecomunicaciones tradicionales. Nathaly Guzmán explicó que se trata de un “sistema único, difícil de infiltrar”, en el que no se permite el menor margen de error. “Nadie se atreve a filtrar nada, porque el castigo es inmediato”, afirmó.
Este patrón de seguridad se refuerza con el uso de lealtades comunitarias: habitantes de zonas controladas por el CJNG lo protegen a cambio de ayuda directa en forma de despensas, medicinas o infraestructura básica. Esa relación simbiótica convierte a Oseguera no solo en un capo, sino en una figura casi intangible, blindada tanto por la violencia como por la omisión del Estado.
A más de 40 años de haberse iniciado en el narcotráfico, El Mencho representa una evolución del liderazgo criminal mexicano, marcada no por la ostentación, sino por la sistematización del terror y el entendimiento del poder como un fenómeno tanto logístico como psicológico.
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