
Uno de los sucesos que más conmocionó al Estado de México fue cuando asesinaron a 24 albañiles, el 12 de septiembre de 2008, que venían provenientes del sur del país con fin de tener mejores oportunidades y ganar un poco más de lo que percibían en su tierra natal.
Los empleados de la construcción llegaron al municipio de Huixquilucan, donde rentaron una propiedad sin esperarse que ese sitio sería el ‘culpable’ de su muerte, debido a que era señalado como un punto de reunión de integrantes de la Familia Michoacana.
Al ser confundidos por dicha organización criminal, los exoperadores del Cártel de los Beltrán Leyva terminaron con la existencia de los 24 hombres que no supieron qué ocurría debido a que ellos solamente llegaron a trabajar en una obra.
“Sobre la masacre de los 24 albañiles en La Marquesa, en la confesión grabada por la Policía Mexiquense, García Montoya dijo que los asesinaron después de que a su organización criminal le llegó información errónea que detallaba que el domicilio donde vivían los trabajadores de la construcción, era supuestamente un punto de reunión de la Familia Michoacana, quienes pretendían empezar una lucha para controlar la zona”, se lee en el libro ‘Narcos de México’.

Fue hasta el 11 de agosto de 2011, tres años después de la masacre, que se supo que uno de los responsables fue Óscar Osvaldo García Montoya, alias ‘El Compayito’, quien en su confesión delató a Raúl Villa Ortega, uno de sus sicarios, luego de ser detenido en la alcaldía Tlalpan, en la Ciudad de México.
“El número de trabajadores y personas que merodeaban ese lugar con características físicas y rasgos diferentes a los de los pobladores locales, elevaron sus sospechas, esa noche llegó un convoy armado de casi 40 personas y sometió a los albañiles, nadie opuso resistencia, nadie se defendió, pues no tenían con que, ninguna de sus víctimas sabía qué pasaba, según la crónica de García Montoya, quien aseguró que en el secuestro y posterior asesinato de los 24 albañiles, él no participó directamente, sino que el encargado fue Raúl Villa Ortega, uno de sus sicarios”, continúa el relato del autor.

Los trabajadores fueron secuestrados en ya mencionado domicilio y abandonaron sus cadáveres en las inmediaciones de La Marquesa, donde se le pudieron apreciar huellas de violencia, impactos de proyectil de arma de fuego y algunos estaban semidesnudos.
“En ese sitio rentaron una propiedad los albañiles a los que asesinaron y abandonaron en las inmediaciones de La Marquesa, y que buscaban ganar más de 80 pesos diarios, que en promedio ganan en las zonas marginadas”, se lee en el libro.
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