
Build a Rocket Boy, el estudio británico responsable del polémico videojuego MindsEye, enfrenta una nueva polémica tras la denuncia presentada por un grupo importante de empleados, quienes descubrieron la instalación secreta de un software de vigilancia digital en sus equipos. La administración de la empresa, encabezada por su CEO Mark Gerhard, enfrenta cuestionamientos sobre transparencia, respeto a la privacidad y posibles violaciones a las leyes de protección de datos, en un conflicto que afecta directamente la confianza y la moral de los trabajadores.
Antecedentes y detalles sobre Teramind y la vigilancia digital en el estudio
El sindicato IWGB Game Workers Union confirmó que varios empleados de Build a Rocket Boy presentaron una denuncia colectiva en marzo después de descubrir que el software Teramind había sido instalado en sus dispositivos de trabajo sin previo aviso ni explicación detallada. Según su sitio web, Teramind es una herramienta equipada con inteligencia artificial capaz de registrar pulsaciones de teclado, capturas de pantalla, grabación de pantalla y audio proveniente del micrófono, con el objetivo de detectar amenazas internas y gestionar la productividad. Para los empleados, esas funcionalidades excedían ampliamente las necesidades de supervisión legítima.
El sindicato indica que la empresa eliminó el software de los dispositivos tras la protesta formal de al menos 40 trabajadores. Sin embargo, persiste la preocupación, ya que hasta el momento la compañía no ha aclarado qué tipo de información recopiló Teramind, cómo fue almacenada ni con qué fines. Esta falta de transparencia genera inquietud no solo por el posible acceso a datos personales o sensibles, sino también por el respeto a la dignidad y el derecho a la privacidad en el lugar de trabajo, especialmente considerando que muchas de estas actividades se realizan de forma remota o desde los hogares de los empleados desde la pandemia.
El sindicato sostiene que el uso de Teramind representa una grave vulneración de la legislación británica de protección de datos y solicita la intervención tanto del organismo estatal ACAS como de la Information Commissioner’s Office del Reino Unido (ICO), responsables de la mediación laboral y la supervisión de protección de datos, respectivamente. El IWGB considera que grabar la actividad de los empleados sin su consentimiento viola el derecho a la privacidad y establece un precedente negativo para la industria del videojuego y el teletrabajo.
Patrones de vigilancia previa y conflictos anteriores en Build a Rocket Boy
No es la primera vez que Build a Rocket Boy se enfrenta públicamente con el sindicato IWGB. En octubre de 2025, el sindicato inició acciones legales tras los despidos masivos que siguieron al mal lanzamiento de MindsEye, que fue uno de los títulos peor valorados del año en Metacritic, con puntuaciones de 39 en PC y 28 en PlayStation 5. En esa ocasión, el sindicato denunció la falta de consulta adecuada con los trabajadores y estimó entre 250 y 300 despidos en el Reino Unido.
En la situación actual, el debate gira en torno al uso de herramientas de monitoreo que, según los empleados, se implementaron sin la debida comunicación ni justificación. El conflicto se intensifica porque muchos desarrolladores trabajan desde sus domicilios, lo que significa que la vigilancia pudo invadir espacios personales y familiares, agravando la sensación de inseguridad y desconfianza en la relación laboral. Para muchos, la ausencia de información sobre el uso y la protección de sus datos personales refuerza el temor a posibles filtraciones, uso fraudulento o incluso chantaje laboral.
El uso creciente de software de monitoreo responde, en parte, al deseo de las empresas por proteger la propiedad intelectual y controlar la productividad en el trabajo remoto. Sin embargo, expertos legales advierten repetidamente sobre el riesgo de vulnerar derechos fundamentales si no se garantiza el consentimiento y la proporcionalidad en estos sistemas de vigilancia. Recuerdan que la ley exige informar y justificar cualquier monitorización intensiva sobre los empleados.
Declaraciones y contradicciones en la dirección de la empresa
Mark Gerhard, CEO de Build a Rocket Boy, insiste desde hace meses en que la empresa es víctima de una campaña orquestada de sabotaje y espionaje industrial, lo que justificaría la decisión de implementar medidas de vigilancia interna. En recientes declaraciones, aseguró tener pruebas sólidas y afirmó que tanto las autoridades británicas como estadounidenses están investigando los supuestos ataques a la empresa tras el lanzamiento fallido de MindsEye.
Sin embargo, la dirección del estudio, incluida Leslie Benzies, ha reconocido en reuniones internas que Teramind fue instalado sin el conocimiento previo de los empleados. Este reconocimiento contradice la política de transparencia y plantea dudas sobre la legalidad y legitimidad de dichos procedimientos.
La empresa no ha proporcionado información verificada sobre la cantidad de datos recolectados, ni sobre aspectos básicos como la duración de la recolección o las medidas adoptadas para proteger la información privada de sus trabajadores. Esta falta de comunicación coincide con lo señalado por el sindicato respecto al exceso y la ausencia de justificación clara, factores que provocaron la presentación de denuncias formales ante organismos de mediación y protección de datos.
Este panorama deja a muchos empleados bajo una sensación de incertidumbre respecto a su seguridad digital. Además del clima de temor tras los recientes despidos, la moral y las condiciones de trabajo en Build a Rocket Boy se ven afectadas, mientras la comunidad internacional del desarrollo de videojuegos observa con preocupación creciente.

Implicaciones y riesgos para la industria del videojuego
El caso de Build a Rocket Boy ha iniciado un debate sobre los límites de la vigilancia empresarial en la industria de los videojuegos, una actividad caracterizada por la mezcla frecuente de entornos laborales y personales, especialmente a partir de la generalización del teletrabajo. Esta controversia ha generado preocupación en otros estudios y entre trabajadores del sector, quienes temen que estas prácticas se extiendan si no se establecen límites claros tanto desde los organismos públicos como desde las propias empresas.
Las denuncias del sindicato IWGB buscan establecer un precedente para asegurar que los derechos personales se respeten frente a cualquier intento de control excesivo por parte de las empresas. De acuerdo con las fuentes consultadas, la situación ha llamado la atención de la Information Commissioner’s Office británica, que podría imponer sanciones o exigir medidas correctivas si encuentra pruebas de violaciones a la normativa de privacidad.
Por ahora, la única certeza es el malestar persistente entre los empleados de Build a Rocket Boy, quienes siguen preocupados por el uso de herramientas como Teramind. Este problema va más allá de la situación puntual del estudio y plantea preguntas cruciales para toda la industria, en especial para aquellos trabajadores que se ven obligados a sacrificar parte de su privacidad bajo la promesa de proteger los intereses empresariales.
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