
En 1917, el Centro de San Salvador exhibía edificaciones que combinaban materiales locales y diseños europeos, adaptados a un clima tropical. Láminas troqueladas, madera y bahareque predominaban en las construcciones, otorgando a la ciudad una fisonomía reconocible por sus puertas de arcos amplios y relieves ornamentales.

El auge de esas técnicas respondía a una época de expansión urbana y modernidad, donde la influencia del Art Nouveau aparecía en relieves, formas florales y detalles de herrería que definieron la arquitectura de la zona.

Durante décadas, el Centro de San Salvador se mantuvo como un referente arquitectónico y social, testimonio de una ciudad en transformación.
Las estructuras, muchas de ellas erigidas con láminas troqueladas y madera, resistieron sismos y modernizaciones parciales, conservando relieves y figuras que evocaban el esplendor del pasado. Es decir, los diseños de las puertas permitían que el aire circulara y refrescara los hogares, una solución práctica ante el clima cálido.

El uso del bahareque una técnica que mezcla caña y barro facilitó la expansión rápida de viviendas y comercios durante la primera mitad del siglo XX. Las técnicas tradicionales convivieron con innovaciones traídas de Europa, especialmente en los detalles de herrería y relieves que aún se distinguían en los portales, una muestra de la prosperidad de esos años.
Hace tan solo unos días, Óscar Machón, fotoperiodista, documentó sobre las infraestructuras antiguas.
La publicación, acompañada de imágenes que capturaban la esencia de estas construcciones, se transformó en un testimonio de despedida para un patrimonio que, tras el incendio, solo permanece en la memoria y en fotografías.
La madrugada del 13 de febrero de 2026, un incendio devastó uno de los patrimonios culturales más reconocidos del Centro de San Salvador. Las llamas consumieron estructuras centenarias en pocas horas, dejando tras de sí cenizas y la pérdida de un legado arquitectónico.

Tres personas perdieron la vida durante el siniestro, según informaron las autoridades locales. El fuego se propagó rápidamente por los materiales originales del edificio, madera y lámina troquelada, lo que dificultó las labores de rescate y contención.

El patrimonio destruido incluía relieves art nouveau y piezas de herrería con formas florales que habían caracterizado al Centro de San Salvador durante más de un siglo. “El fuego acabó con una parte de nuestra historia urbana”, lamentó un portavoz de la alcaldía, de San Salvador. Equipos de rescate y preservación trabajaron para recuperar fragmentos y documentos que permitan reconstruir parte de la memoria colectiva de la ciudad.

Las autoridades anunciaron la apertura de una investigación para determinar las causas exactas del incendio y evaluar los daños estructurales en los edificios contiguos.

El Centro de San Salvador enfrenta ahora el desafío de preservar lo que queda de sus edificaciones históricas, muchas de las cuales fueron construidas en 1917 con técnicas y materiales que hoy constituyen una referencia de la identidad urbana. La pérdida generada por el incendio reavive el debate sobre la protección y restauración del patrimonio cultural en la capital salvadoreña.
La publicación de Óscar Machón y las imágenes difundidas por medios locales se transformaron en los últimos recuerdos visuales de edificaciones que resistieron décadas de cambios y modernizaciones en San Salvador. Ahora, ese legado solo persiste en fotografías y en la memoria de quienes recorrieron sus pasillos y admiraron sus detalles.



