
Un cambio en la Corriente de Florida podría desatar consecuencias a escala planetaria, alterando el equilibrio de lluvias, temperaturas y hasta el nivel del mar. Esta corriente, una de las más rápidas del mundo, es clave en el sistema de la Circulación Meridional Atlántica (AMOC). Si se debilita, la cadena de efectos puede ser profunda: desde sequías severas en distintas regiones hasta inundaciones a lo largo de la costa este de Estados Unidos, pasando por una caída de las temperaturas en Europa Occidental y la posible propagación de enfermedades a nuevos territorios.
Este escenario, que alguna vez fue argumento de películas como “El día después de mañana”, preocupa a la comunidad científica, aunque los expertos no coinciden sobre la rapidez ni la certeza de que tal debilitamiento ocurra. Lo que sí es indiscutible es que la Corriente de Florida actúa como una cinta transportadora, trasladando agua cálida, nutrientes y calor desde el ecuador hacia el norte, influenciando así el clima mundial. Un colapso no solo modificaría patrones de lluvia en el Sudeste Asiático y partes de África, sino que también podría elevar el nivel del mar en 30 centímetros o más en zonas costeras vulnerables.
¿Cómo monitorean los científicos la Corriente de Florida y por qué es fundamental?

Desde hace más de cuatro décadas, equipos de investigadores han realizado un seguimiento casi ininterrumpido del flujo entre Florida y las Bahamas. Esta labor es esencial para entender los cambios de la corriente y, por extensión, anticipar posibles alteraciones en el clima global. La medición precisa de la intensidad, temperatura y salinidad del agua permite prever si el sistema está en riesgo de desaceleración, un dato crítico para la seguridad de millones de personas.
El trabajo no es sencillo. Los científicos, como el oceanógrafo Ryan Smith y su equipo de la Universidad de Miami, enfrentan jornadas extensas en altamar, muchas veces de madrugada y en condiciones adversas. Una de sus tareas principales consiste en sumergir jaulas con sensores a cientos de metros de profundidad para registrar datos vitales. La premura es constante: cualquier fallo en el equipo puede suponer horas de retraso y riesgo de perder valiosa información, lo que obliga a improvisar soluciones en tiempo real.
¿Qué se discute entre los científicos sobre la AMOC y qué consecuencias podrían darse?

El corazón del debate científico se centra en si la AMOC está realmente debilitándose y, en tal caso, a qué velocidad. Mientras algunos estudios han sugerido un enlentecimiento desde mediados del siglo XX, otros análisis recientes no encuentran evidencia clara de una tendencia sostenida. El consenso apunta a que el calentamiento global altera el equilibrio: la entrada de agua dulce por el derretimiento del hielo ártico reduce la densidad del agua oceánica, dificultando el hundimiento que impulsa la circulación.
Denis Volkov, coinvestigador principal del proyecto Western Boundary Time Series de la NOAA, señala: “El papel del AMOC en el clima es que transporta una enorme cantidad de calor desde el ecuador hacia los polos”. Sin embargo, advierte sobre la limitación de los datos disponibles: “Pero hay una salvedad: los datos observacionales son muy escasos”. Volkov subraya la necesidad de más información a largo plazo para evaluar si la pequeña disminución registrada es parte de la variabilidad natural o una tendencia persistente: “Los científicos necesitarían otros 20 años de observaciones del AMOC para determinar si la pequeña disminución es una característica robusta y no parte de la variabilidad natural”.
Esta incertidumbre genera discrepancias. La mayoría de los investigadores cree que la AMOC podría debilitarse en las próximas décadas, pero no hay acuerdo sobre si el proceso ya está en marcha. Las consecuencias de un cambio sustancial serían inmediatas y diversas: cambios drásticos en el régimen de lluvias, alteraciones en la distribución de especies marinas, y un aumento del nivel del mar en puntos críticos. Incluso países como Islandia han catalogado este riesgo como una amenaza para su seguridad nacional.
¿Cuáles son los principales retos y métodos en la recolección de datos oceánicos?

La obtención de datos precisos sobre la Corriente de Florida y la AMOC depende de una combinación de tecnología avanzada y métodos tradicionales. Durante años, los científicos aprovecharon un cable de telecomunicaciones fuera de servicio de AT&T, que captaba voltajes inducidos por el flujo marino y permitía calcular el volumen de agua transportado. Este método, complementado con mediciones directas desde embarcaciones y boyas, fue fundamental hasta que el cable falló en 2023, presuntamente por rotura.
La recolección de datos se ve amenazada por la escasez de registros continuos y por la dependencia de equipos que pueden averiarse en cualquier momento. Los sensores submarinos, los barómetros acústicos en el fondo del océano y las muestras recogidas por buzos son fuentes de información imprescindibles. Volkov explica: “Ahora decidimos darles servicio con mayor frecuencia, ya que, por el momento, esta es la única fuente de datos para nuestras estimaciones de transporte de la Corriente de Florida”. Sin embargo, la variabilidad natural del océano y la falta de observaciones a largo plazo dificultan sacar conclusiones definitivas sobre las tendencias en la corriente.
¿Qué ocurrió en la última expedición y qué papel cumplen los instrumentos submarinos?

En septiembre, el barco de investigación FG Walton Smith partió de Miami en una misión de 36 horas, con seis investigadores y siete tripulantes a bordo. El objetivo: determinar cuánta agua fluye por segundo hacia el norte a través de la Corriente de Florida y recopilar datos de temperatura, salinidad, densidad y velocidad. A lo largo de nueve puntos de muestreo y dos inmersiones de buzos, el equipo enfrentó desafíos como la rotura de cables, sensores que dejaron de transmitir información y condiciones de visibilidad nula bajo el agua.
Uno de los instrumentos clave fue la roseta CTD (conductividad, temperatura y profundidad), que permite inferir el origen y la trayectoria de las masas de agua. Jay Hooper, quien ha participado en estos viajes durante una década y gestiona los datos, describe el trabajo en equipo antes de una de las inmersiones: “Estoy listo cuando tú lo estés”, comentó a través de su auricular. Los datos recopilados se procesaron y compartieron con el Laboratorio Oceanográfico y Meteorológico Atlántico de la NOAA, dejando constancia solo de los perfiles exitosos y sin mención a los inconvenientes sufridos en la travesía.
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