
Entre el verde de los montes, sus pequeños pueblos e impresionantes acantilados, Cantabria esconde tesoros naturales que dejan con la boca abierta. Estos últimos conforman una de las costas más escarpadas e imponentes de España, dando lugar a paisajes y enclaves únicos que atraen a infinidad de viajeros. Es por ello que se ha convertido en un destino único en el norte del país, donde el viajero puede disfrutar de playas de ensueño y de todo tipo.
Una de las más fascinantes es la playa de Somocuevas, un arenal situado en el pueblo de Piélagos y único en la región, ya que forma parte del Geoparque Mundial Unesco Costa Quebrada. Es por ello que es una joya para los viajeros, ya que permite contemplar un paisaje salvaje y virgen donde las dunas, los flysch y su rica historia marina son los principales protagonistas. Pero no solo eso, pues además, la playa de se divide en dos zonas: la oriental, más rocosa y más protegida de los fenómenos meteorológicos, y la occidental, más amplia y de arena fina.
Naturaleza en estado puro
El entorno de la playa de Somocuevas se presenta como un refugio para quienes buscan la esencia de la naturaleza sin aditivos. Esta playa invita al recogimiento y al silencio, lejos de la agitación veraniega que caracteriza otras zonas del litoral. Aquí no hay ningún servicio, lo único que se contempla es un enclave salvaje donde la naturaleza campa a sus anchas. Así, Somocuevas mantiene intacto el carácter que la ha definido durante siglos. Arena dorada y rocas conforman el paisaje, mientras que el aspecto de la playa varía con la llegada de la marea, transformando constantemente su fisonomía y regalando a cada visitante una experiencia irrepetible.
A su vez, en días de viento, los surfistas acuden puntualmente a primera hora de la mañana en busca de olas, mientras que quienes prefieren la calma practican paddle surf, siempre que el estado del mar lo permite. Además, el sendero que conduce a la playa ofrece recompensas visuales a quienes se animan a recorrerlo. En jornadas despejadas, desde lo alto se divisan las dunas del Parque Natural de Liencres al este, el perfil de los Picos de Europa hacia el sur y el Atlántico que se pierde en el horizonte por el oeste.
Cuevas y una gran biodiversidad

El nombre de Somocuevas proviene de las cavidades naturales presentes entre los promontorios rocosos de la punta; cuevas formadas a lo largo del tiempo por la fuerza del mar y el viento, que hoy aportan carácter y singularidad al arenal. Pero esto no es todo, al integrarse prácticamente intacta dentro de un entorno protegido, la playa constituye un hábitat fundamental para la fauna marina y la flora de costa.
La zona resulta idónea para la observación de aves marinas, tanto residentes como migratorias, que encuentran refugio junto a cardos marinos, alfalfas de mar, helechos y musgos en los rincones más húmedos y resguardados. Este mosaico vegetal y animal convierte Somocuevas en un enclave apreciado por los ornitólogos y amantes de la naturaleza.
Además de su valor ecológico, las afecciones deportivas y recreativas encuentran su espacio en los acantilados y paredes rocosas cercanas, donde algunos escaladores locales desafían la vertical, a pesar de que el área no está considerada una zona oficial de escalada. Los senderos costeros que parten desde la playa invitan a los caminantes a explorar el resto de la Costa Quebrada, enlazando otras playas vírgenes y acantilados que jalonan este litoral tan singular.
Cómo llegar
Desde Santander el viaje es de alrededor de 20 minutos por la carretera S-20. Por su parte, desde San Vicente de la Barquera el trayecto tiene una duración estimada de 45 minutos por la carretera A-8.
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