
“Si mis cimientos hablaran dirían que soy roca surgida de la roca; sobre ella me yergo y ella dio forma a la extensión que recorro. Obra de hombre nací, pero tengo más de la naturaleza agreste que anima este paraje, que de las manos que me pulieron y me colocaron piedra a piedra, hasta levantarme en empalizada, murallas o las estancias que fui”, esta es la forma en la que se presenta el Castillo de Albarracín.
En el centro de la primitiva medina musulmana, sobre un impresionante peñasco, se sitúa el castillo de Albarracín, una localidad de la provincia de Teruel. Su impresionante belleza hizo que fuese declarado Conjunto Histórico-Artístico por la UNESCO en el año 1961. Su valor cultural es innegable. Del mismo modo, la topografía del mismo le ha convertido en uno de los miradores más especiales del panorama aragonés. Con todo, este castillo se presenta como uno de los emplazamientos más destacados de la provincia de Teruel.
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El interior del Castillo de Albarracín
Esta fortaleza es una pieza fundamental del sistema defensivo de Albarracín. Así, destaca como la estructura más alta del casco urbano. Durante la época islámica, este emplazamiento fue crucial para la defensa de la provincia de Teruel y desempeñó un papel significativo en la historia medieval de la ciudad.
Con raíces árabes, el Castillo de Albarracín, durante sus primeros años de vida, actuó como alcázar, motivo por el que también se le conoce como el Alcázar de Albarracín. Sin embargo, tras la conquista y reconstrucción llevada a cabo por Pedro III de Aragón, su función evolucionó. En su interior se
han llevado a cabo excavaciones arqueológicas en las que se han encontrado restos de las épocas romana y musulmana, enriqueciendo así su legado histórico.
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Historia de la fortaleza
El Castillo de Albarracín se erige imponente en lo más alto del pueblo. De hecho, para llegar a él, los visitantes deben ascender por una empinada cuesta hasta llegar a la entrada, ubicada en una de sus torres. Su recinto amurallado consta de hasta once torres y en su momento contó con hasta tres puertas de acceso. La extensión total del castillo es de hasta 3.400 metros cuadrados.
En su interior, el castillo albergaba un amplio patio y diversas viviendas, incluyendo un aljibe de dos plantas bajo el patio principal. A lo largo de su historia, este emblemático lugar ha acogido a una variedad de pobladores y culturas, cada una de las cuales ha ido dejando constancia de su paso por la fortaleza.
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Desde los tiempos de los pueblos visigodos hasta la era cristiana, pasando por los romanos y los musulmanes, el Castillo de Albarracín ha sido testigo de múltiples ocupaciones y transformaciones. En el siglo XVI, incluso sirvió como bastión para las tropas del rey Felipe II en su intento de sofocar una revuelta local. Ahora bien, en la actualidad sólo quedan los restos de lo que un día fue.
Cuándo visitar el Castillo de Albarracín
Para llegar al Castillo de Albarracín primero es necesario llegar al municipio turolense y, seguidamente, pasar por el museo de la localidad, ya que este realiza visitas guiadas que llevan a los visitantes hasta la fortaleza. El recorrido tiene una duración de una hora y un precio de 3 euros por persona. El horario habitual de la visita es a las 13:00 horas por la mañana y a las 16:30 por las tardes. No obstante, dado que los horarios pueden cambiar según la demanda, se recomienda consultar previamente el horario de las visitas en la página web de la fundación del museo.
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El castillo, situado a tan solo 5 minutos del museo, ofrece a los visitantes la oportunidad de explorar las mansiones palaciegas de la era islámica, así como sus pintorescos patios centrales y las estancias adyacentes.
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