
Llega a los cines una película que plantea, a través de una incómoda verdad, todo un choque cultural y diagnóstico de España, aunque lo haga desde el humor que caracteriza a su director, David Serrano. Hablamos de Laponia, la adaptación cinematográfica de la obra teatral escrita por Cristina Clemente y Marc Angelet, quienes firman el guion. En entrevista con Infobae, Serrano detalla el proceso de llevar esta historia a la gran pantalla, marcando distancia respecto a sus clásicos como Días de fútbol y Al otro lado de la cama. El realizador enfatiza su apuesta por una comedia que se aleja de los estereotipos y ahonda en la realidad cotidiana de la clase media española, en una historia sobre una familia española con un niño pequeño que va a visitar a otra que vive en Laponia. Un viaje que ya comienza accidentado después de revelar una incómoda verdad, y que convierte la Nochebuena en un suplicio para ambas parejas.
Después de varios años sin verse, dos hermanas deciden pasar juntas las Navidades (con sus respectivas familias) en el Polo Norte, donde vive una de ellas. Lo que iba a ser una noche idílica se convertirá en una batalla en la que se sacarán a relucir toda clase de trapos sucios, secretos y mentiras.
El guion de Laponia llegó a sus manos cuando la obra original aún seguía en cartel. Serrano optó por no verla, con el fin de preservar una mirada “más pura, más virgen” para su versión cinematográfica. “Preferí no acercarme con ideas preconcebidas y trabajar directamente sobre el texto que me enviaron los propios autores”, señala. La estrategia buscaba dotar a la película de un enfoque más universal, sin perder la esencia familiar que marcó la función teatral. Al enfrentarse a la adaptación, Serrano recalca que el guion fue escrito por los mismos autores de la obra, lo que permitió mantener la coherencia argumental. “Intentamos no quedarnos solo en la anécdota familiar, sino insistir en los temas universales que ya estaban en el texto”, explica.
El director reconoce que la versión teatral tenía un tono marcadamente cómico, mientras que en la película se optó por rebajar algunos chistes para dar mayor peso a las capas dramáticas. “Había partes más extremas que suavizamos para que la transición hacia los temas graves no resultara abrupta”, afirma. La intención era que los debates intelectuales sobre crianza, tradiciones o la sinceridad con los hijos tuvieran la densidad adecuada y se entendieran con claridad. “Es muy difícil que llegue una comedia así. En España estamos acostumbrados a comedias más chabacanas, quería apostar por un humor pegado a la realidad”, destaca Serrano, comparando el proyecto con otras comedias donde el humor suele estar más subrayado. “Encontrarme con personajes razonablemente inteligentes, que dialogan sin caer en dogmatismos, es un lujo”, resume el también director del musical Voy a pasármelo bien protagonizado por Raúl Arévalo.

Redescubriendo a Julián López
Serrano detalla los motivos detrás de la selección de su elenco principal. La credibilidad de las edades fue un factor clave. El cine, a diferencia del teatro, exige mayor realismo, por lo que recurrió a actores como Natalia Verbeke, Julián López, Ángela Cervantes y Vebjørn Enger. Sobre Julián López, el director cuenta que llevaba año y medio rechazando comedias y celebró la oportunidad de mostrar una faceta distinta. “Es la primera vez que me enfado de verdad en cine”, le confesó López tras el rodaje. Serrano considera que el actor tiene capacidad para abordar tanto el drama como la comedia, comparándolo incluso con Steve Carell.
En el caso de Ángela Cervantes, su incorporación supuso un cambio de registro respecto a sus papeles anteriores, mucho más dramáticos. El director de casting, Luis San Narciso, fue quien sugirió su nombre. “Vi Chavalas y me convencí de que podía hacerlo de sobra”, comenta Serrano, quien celebra la versatilidad de la actriz. La integración de Vebjørn Enger planteó un reto lingüístico, pues aunque es noruego, debió interpretar a un personaje finlandés y hablar en finés. “El finés no tiene nada que ver con el noruego; tuvimos que contratar una coach para que lograra el acento”, explica. Serrano destaca el esfuerzo del joven actor, que apenas lleva dos años en España y tuvo que aprender diálogos en dos idiomas.
Uno de los ejes de Laponia es el contraste entre la mentalidad española y la finlandesa, tema que Serrano aborda con cautela para evitar caricaturas. “No queríamos el típico español torpe”, aclara. El personaje de Julián López representa a una clase media reconocible, alejada tanto de la caricatura paleta como de la élite internacional. Serrano reivindica el cine pegado a la realidad y cita como referentes a Rafael Azcona y Luis García Berlanga.
La película busca reflejar esa autenticidad, sin subrayados ni tópicos, mostrando una familia que solo se replantea su identidad cuando se enfrenta a un entorno diferente.

El mundo necesita más magia (y cine pegado a la realidad)
El director distingue la intención de retratar “gente pegada a la vida”, con profesiones y preocupaciones cotidianas. “La clase alta, que puede que solo sea el cinco por ciento de la población, no me interesa retratarla”, afirma sobre su preferencia temática. Serrano se detiene en el debate central de la película: la conveniencia o no de mantener la ilusión infantil frente a la verdad racional. Relata su propia experiencia con el descubrimiento de la verdad sobre los Reyes Magos, influido por la actitud racional de su padre. “Cuando le pregunté, me dijo: ‘¿Tú qué crees?’. Siempre quiso hacerme pensar”, recuerda.
Como padre, Serrano confiesa que prefiere preservar la inocencia de sus hijos el mayor tiempo posible. “Intento que mi hijo conserve la candidez y la ilusión, porque el mundo es duro y ya tendrá tiempo de enfrentarse a la realidad”, asegura. La película establece paralelismos entre la pérdida de la magia infantil y la búsqueda de nuevas formas de ilusión en la vida adulta, como el cine o el fútbol. El director repasa la vigencia de sus anteriores trabajos, especialmente Días de fútbol y Al otro lado de la cama. Reconoce que algunos elementos han envejecido y que la sensibilidad social actual es diferente. “Hay chistes y situaciones que hoy serían impensables, pero es enriquecedor ver cómo ha cambiado la mirada social”, señala.
Serrano rechaza el revisionismo extremo, pero valora la posibilidad de observar las transformaciones en la representación de temas como el machismo, la sexualidad y los roles sociales. “El mundo ha cambiado y yo también he cambiado en muchas cuestiones, pero aspiro a no perder la naturalidad y el apego a la realidad”, concluye. Antes de acabar, Serrano revela que junto a Diego San José llegó a escribir una segunda parte de Días de fútbol, pero la productora no la aprobó. Pese a ello, reitera su intención de seguir haciendo cine desde la observación de la vida cotidiana, sin perder el interés por la autenticidad y la conexión directa con el espectador.
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