
Charles Aznavour vive en todas las casas de Francia. Está en las escuelas, donde los alumnos siguen aprendiendo sus canciones, en los taxis y en los bares, donde suena por la radio, y sobre todo, en la memoria de millones y millones de fans que el cantante, uno de los más exitosos de la historia de su país, acumuló durante toda su vida. “Se ha convertido en una leyenda”, lo define Tahar Rahim, el actor encargado de dar vida a uno de los padres de la chanson francesa en el biopic Monsieur Aznavour, uno de los mayores taquillazos del año en Francia después de acumular más de dos millones de espectadores.
Ora por canciones como La bohéme, Emmenez-moi o For Me... Formidable, ora por los violines de Hier encore que Bad Bunny tomaría prestados para su tema MONACO, pocas personas en Occidente hay quienes no hayan escuchado alguna vez la música de Charles Aznavour. Rahim, como él mismo dice del cantante, también “traspasa y trasciende fronteras” gracias a sus papeles inolvidables en películas como Un profeta, Samba o The Mauritanian. Sin embargo, ni su prestigio ni su dura preparación para el papel evitaron que sintiera una “presión extra” por interpretar a un personaje verdaderamente fundamental en la cultura y el arte de Francia.
Una inmersión completa en el personaje
“Durante la preparación del papel, tuvimos acceso a archivos inéditos de Aznavour”, nos explica Rahim durante la entrevista con Infobae España. “Eso solo contribuyó a aumentar más la presión porque, claro, tienes que ser fiel y te preguntas si va a gustar o no”. Tanto en ese proceso como en las diferentes entrevistas que realizó con los hijos, la hermana o la mujer del cantante, el intérprete buscó encontrar “ese lado más de sombra” que le permitiera, ya desde las primeras fases del guion, construir al personaje en una película que sigue al artista desde su infancia hasta lo más alto de su carrera.
Aznavour no tuvo problemas con las drogas, no sufrió tormentosas adicciones al alcohol ni al juego. “No hay nada de esas cosas típicas”, pero fue eso precisamente lo que, con el paso de los días y de las semanas, les hizo comprender que “todo giraba en torno a su vida, en torno a ese intento de llegar a lo más alto en la música y de ir a buscarlo, y eso terminó por convertirse en su maldición”. De este modo, el cantante aparece representado como un hombre que nunca está satisfecho, obsesionado con la perfección que provoca, al mismo tiempo, que tantas cosas en la vida se le escapen.

A pesar de que el propio Charles Aznavour (fallecido en 2018) participó en la planificación inicial de la película, esta iba a tratar asuntos delicados. Por eso, para conseguir toda la información posible sobre el personaje que debía interpretar, el actor decidió seguir el mismo método de trabajo que había mantenido en la película The Mauritanian. Si para esta película entrevistó al verdadero Mohamedou Oud Slahi (famoso preso torturado en la cárcel de Guantánamo, donde sigue actualmente), para Monsieur Aznavour trató de hablar con la familia para que cada uno de sus miembros le contara lo que considerara sobre el famoso cantante. “Hasta llegar, poco a poco, a conversaciones cada vez más íntimas”.
La dura preparación de Tahar Rahim
Interpretar a Charles Aznavour no es tarea fácil, sobre todo si, como en el caso de Tahar Rahim, es tu propia voz la que suena a lo largo de toda la película. El actor realizó clases de piano, música e interpretación musical durante medio año para poder conseguirlo. “La preparación ha sido lo más difícil, largo e intenso que he tenido que hacer en toda mi carrera”, confesaba el intérprete. Afortunadamente, la voz ronca del cantante sí que consiguió hacerla pronto, mientras que para los gestos buscó todos los vídeos de apariciones públicas y conciertos del artista para imitar sus movimientos, minuto a minuto.
“A priori, iba a cantar sin que se usara mi voz, porque yo quería que se vieran las venas, la garganta, el sudor, y que pareciera que estaba cantando de verdad. Cuando Mehdi y Fabien (directores de la película) vieron el resultado, me dijeron que estaba perfecto y me que iban a utilizar mi voz”. Hizo falta volver a grabar algunas escenas y, también, cambiar algunas partes agudas en las canciones, porque en esos puntos sí que se podían identificar algunas diferencias en la voz inevitables. “Teníamos un registro vocal común, pero fue mucho, muchísimo trabajo”. Eso, y la enorme labor de maquillaje, vestuario y peluquería convirtieron a Tahar Rahim en un Charles Aznavour más que creíble, a la altura del mito que representaba.

En ese acercamiento, comprobó también hasta qué punto algunas características de Aznavour le habían llevado a ser rechazado durante mucho tiempo antes de convertirse en una estrella. “Lo que él vivió fue realmente espantoso. Periodistas de la época, incluso en el momento de más éxito, le pedían que les explicara cómo era que tenía tanto éxito siento tan bajo, sin tener voz ni ser guapo”. Afirma que él mismo tuvo que sortear algunos obstáculos similares en los inicios de su carrera, “sobre todo para salir del encasillamiento por el tema étnico (Rahim es de origen argelino, mientras que Aznavour era de familia armenia) y por mi voz”.
Una búsqueda constante
Monsieur Aznavour no será la única película que veremos de Tahar Rahim este mes de noviembre. En poco más de dos semanas, el actor aparecerá en la gran pantalla de otro de los estrenos del año en Francia: Alpha, la nueva película de Julia Ducournau (ganadora de la Palma de Oro en 2021 por Titane). “Para poder tener el oficio que tengo, estoy entregando mi vida”, se sincera el actor, que no esconde su gusto por el riesgo y los grandes retos en cada uno de sus papeles.

“En Alpha está ese riesgo, por la pérdida de peso (antes había tenido que ganarlo para interpretar a Charles Aznavour), por encarnar a una persona en el mundo de la droga...”. Además, explica que durante el rodaje con Julia Ducournau participó en un rodaje que funcionaba como “un laboratorio de química”, donde cada día intentaban cosas nuevas en su trabajo interpretativo. “Eso realmente es lo que me lleva a llegar hasta lo más alto y dar de mí lo mejor que puedo”.
Entre ambos rodajes mediaron apenas unos meses, lo que le llevó al límite por su cambio físico, aunque al mismo tiempo, es consciente de que ese mismo esfuerzo es lo que le permitió alcanzar su mejor nivel: “La voluntad de hierro, el enorme amor y la entrega por poder experimentar cosas distintas: arriesgar, incluso en lo que parece ser imposible”.
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