Madrid, 12 mar (EFE).- Buscar apoyo institucional, denunciar por los canales habilitados por las plataformas o directamente abandonar las redes sociales son algunas de las soluciones a las que recurren científicos, meteorólogos y divulgadores españoles frente el acoso y la desinformación que, según explican a EFE, han ido a más en los últimos años.
“Comunicar sobre ciencia no debería ser un acto de valentía”, resume la física, meteoróloga y divulgadora científica Isabel Moreno, quien expresa de esta manera el sentimiento de muchos otros expertos climáticos que, como ella, han optado por abandonar o al menos reducir su exposición en las redes sociales después de padecer múltiples insultos y situaciones de acoso.
Aunque pasen los años, hay mensajes que Moreno no consigue olvidar, como el de un usuario de Twitter -ahora X- que escribió que "se ahorrarían muchas tonterías si a los de su calaña los eliminaran a tiempo”, a lo que otra persona contestó escuetamente que “habría que hacer algo”.
Esta científica se pregunta "¿Qué es lo que hay que hacer conmigo? Eliminarme. ¿Qué es eliminarme?" y a continuación menciona otros mensajes perturbadores como que "debería ir a la horca", que es "una zorra" o que su familia debería morir “entre terrible y lento sufrimiento”.
Tras sufrir semejantes mensajes de odio, Moreno lanzó en 2024, junto con las periodistas Valentina Raffio y Verónica Pavés, un manifiesto en el que pedían a las autoridades políticas, policiales y judiciales y a los responsables de las redes sociales un mayor compromiso para frenar este tipo de acoso.
Sin embargo, como ella misma reconoce, "desde entonces ha ido a peor” ante la consolidación de dos bandos: "aquéllos que defienden la ciencia y quienes no”, algo “peligroso” y fruto de la polarización política, a la que todos apuntan como una de las principales responsables.
Experiencias similares a las de esta científica son, por ejemplo, las de la periodista y coordinadora del 'Science Media Center' (SMC) de España, Pampa García Molina. el ambientólogo Andreu Escrivà o el meteorólogo José Miguel Viñas.
El informe elaborado por el SMC en el año 2024 demuestra que más de la mitad de los científicos han sufrido ataques tras expresar sus opiniones en los medios de comunicación o en las redes sociales.
En este contexto, la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, Sara Aagesen, acreditó ante la Fiscalía General del Estado ataques contra divulgadores científicos y anunció recientemente la puesta en marcha de un plan de acción frente a la desinformación.
García Molina distingue entre la “crítica legítima” a su trabajo y el acoso y hostigamiento "con la intención de callarte, disciplinarte” y de intentar “hacerte ver que estás ocupando un lugar que no deberías”.
Viñas y Escrivà coinciden a la hora de señalar la tragedia de la dana de Valencia en 2024 como un punto de inflexión en el aumento de odio en redes sociales, algo que de alguna manera también sucedió con la pandemia del coronavirus, especialmente "en plataformas digitales como X, sobre todo tras la adquisición de Elon Musk", al que acusan de promover la desinformación climática.
Escrivà va incluso un paso más allá y pide a las instituciones oficiales que dejen de utilizar esta red social: "creo que sinceramente es un error mantenerse, no podemos pensar que estos espacios son una especie de ágora en la cual hay que estar sí o sí”.
De hecho, él mismo cerró su cuenta allí, igual que García Molina porque “era una fiesta en la que ya no quería estar” o Moreno, quien dice "dormir mucho mejor" desde que se echó a un lado. EFE
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