Una víctima de trata de seres humanos en Burgos sostiene que vivió bajo "amenazas y humillaciones"

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Una testigo protegido, presunta víctima de una organización dedicada en Burgos a la trata de seres humanos con fines de explotación sexual, ha sostenido este lunes, durante la primera sesión del juicio en la Audiencia Provincial, que durante la época investigada vivió bajo "amenazas y presiónes, con humillaciones" y con un estricto "control" por parte de una mujer que ejercía de cabecilla de la banda integrada por otras cinco personas, también encausadas.

El testimonio de dicha mujer ha sido claramente incriminatorio contra los seis ocupantes del banquillo, tres mujeres y otros tantos varones, cuyo juicio por estos hechos está previsto durante una semana y media en la Audiencia Provincial, donde la fiscal del caso acude, provisionalmente, con una petición de penas que suman 214 años de cárcel, de ellas 17 para unos y hasta 64 para los, presuntamente, más implicados en esa red que presuntamente explotaba y prostituía a mujeres a las que captaba en países de Latinoamérica.

La testigo protegida ha declarado que la principal imputada y cabecilla del grupo la captó para realizar trabajos de naturaleza sexual y ha reconocido "ser consciente" de ello desde el primer momento, si bien ha añadido que no tuvo más remedio ante la situación de "vulnerabilidad y las necesidades económicas" familiares por las que atravesaba.

Por eso se trasladó desde otra ciudad hasta Burgos para aceptar una oferta de la jefa de la organización, quien colgaba anuncios en Internet ofreciendo servicios sexuales. Sus víctimas quedaban "sujetas al control" de la red, como ha apuntado la testigo protegida, y su situación pasaba a ser de "sometimiento", hasta el punto de que las mujeres captadas tenían que estar disponibles "las 24 horas de los siete días de la semana", a lo que se añadía la impobilidad de negarse, sin margen de decisión, a "prácticas de todo tipo" que les solicitaban los clientes.

Las mujeres tratadas llegaban a Burgos y era entonces cuando se les informaba de la naturaleza concreta del trabajo, sin que tampoco los emolumentos percibidos se ajustaran a lo que se les había indicado en un principio. En declaraciones a la fiscal, la mujer prostituida contactó con la persona acusada en octubre de 2018 tras su llegada a España para ganar dinero y ayudar a familia. Incialmente estuvo en una ciudad del norte y unas semaas después recaló en Burgos.

Aunque al principio contó con la promesa de la cabecilla de que gozaría de una cierta privacidad, denuncia que finalmente tenía que trabajar en una cama dispuesta en el salón y vigilada por cámaras, unas cámaras que la 'madame' "revisaba" para controlar la actividad desplegada por las mujeres que trabajaban en el inmueble, sito en la calle Luis Alberdi.

La testigo ha denunciado que trabajaba 24 horas sin días libres, fuera y dentro de la casa, y sólo podía descansar "si no había clientes". Con los clientes tan solo trataba la 'madame' y las víctimas nunca podían negarse a realizar el servicio, algo que ella trató de hacer el alguna ocasión aunque sin éxito.

La promesa recibida de la jefa de la trama era que percibiría el 60% del servicio prestado, mientras que el 40 restante era para la organización, aunque ha insistido en que tales condiciones nunca se cumplieron, ya que sus supuestos explotadores se quedaban con la mitad, "bajo promesa de correr con los gastos" de aseo, comida y sanitarios. Sin embargo, según la testigo, las mujeres explotadas eran las que compraban "comida o iban a por ella a Cáritas".

La mujer se fue por motivos de "angustia, humillaciones y amenazas" incluso hacia su familia. En definitiva, la declarante ha mantenido que "tenía miedo" y que necesitó asistencia psicológica para superar el trauma sufrido. Llegó vulnerable a España pero, como así ha lamentado, la situación se agravó ante las malas experiencias de maltrato verbal y humillaciones padecidas.

La defensa de la cabecilla de la trama ha tratado de demostrar que la testigo protegida acudió a Burgos desde otra ciudad del norte de España para celebrar el cumpleaños de su clienta y que ésta vivía en otro domicilio, aunque también estaba en el piso donde eran prostituidas las mujeres.