Los expertos coinciden: para que haya un ejército europeo primero debe estar claro el modelo y quién lo comanda

La propuesta de una estructura militar conjunta en el bloque europeo enfrenta incertidumbre entre aliados, quienes priorizan definir funciones, nivel de integración y liderazgo, advierten investigadores. Divergencias en intereses y autonomía nacional frenan cualquier avance concreto

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Las recientes preocupaciones de seguridad entre los ciudadanos europeos, reflejadas en el Eurobarómetro que indica que el 84% de los españoles manifiesta inquietud por los conflictos cerca de las fronteras y un 80% señala el terrorismo como motivo de alarma, han intensificado el debate acerca de la posible creación de un ejército europeo. Según informó Europa Press, el surgimiento de conflictos como la invasión rusa de Ucrania y la incertidumbre generada por el distanciamiento de Estados Unidos, especialmente ante el retorno de Donald Trump a la presidencia, han colocado el asunto en la agenda prioritaria de los países de la Unión Europea.

Diversas autoridades políticas, incluyendo al Gobierno español, han expresado su apoyo a la propuesta de formar una estructura militar conjunta. Sin embargo, el medio Europa Press expuso que existen profundas dudas entre los Estados miembros sobre el tipo de ejército que se busca constituir, el alcance de esa estructura y la distribución del liderazgo en caso de materializarse la iniciativa. Félix Arteaga, investigador principal en temas de Seguridad y Defensa en el Real Instituto Elcano, y Rafael Martínez, investigador sénior del CIDOB, coinciden en señalar que definir el concepto mismo de “ejército europeo” es el primer desafío. Las preguntas clave incluyen si se trataría de una fuerza militar exclusiva para los países de la UE o si abarcaría también a países como el Reino Unido y Noruega. La posición de los estados neutrales dentro del bloque complica aún más la posibilidad de alcanzar un consenso.

Martínez explicó a Europa Press la dificultad que implica establecer una amenaza común que justifique la creación de un ejército único. El debate también se centra en el modelo de mando, aspecto fundamental para los estrategas y aliados. Se discuten opciones como una jefatura rotatoria entre los Estados, el nombramiento de un comisario militar europeo o la designación de un militar destacado de algún país miembro. Europa Press reportó que estas alternativas enfrentan la resistencia de países con fuerte influencia militar y equipamiento nuclear, como Francia, que difícilmente aceptarían quedar bajo el mando de oficiales extranjeros.

Cuatro modelos están sobre la mesa, de acuerdo con la categorización de Martínez. El primero consiste en un ejército único con funcionamiento intergubernamental, donde los gobiernos nacionales mantendrían significativas cuotas de control, aun fusionando sus fuerzas armadas. El segundo es un ejército integrado bajo la dirección de las instituciones europeas, lo cual requeriría una cesión considerable de soberanía de parte de los miembros, posibilidad que muchos ven poco realista. La tercera opción contempla un sistema no único y de naturaleza también intergubernamental, similar a los ‘battlegroups’ ya existentes en la UE, en los cuales los países voluntariamente aportan tropas y recursos para misiones específicas. Según consignó Europa Press, aunque esos grupos se han creado formalmente, aún no han funcionado operativamente en crisis reales como las de Ucrania o Groenlandia. La última posibilidad plantea un ejército no único pero bajo mando plenamente europeo; este modelo demandaría la creación de nuevas fuerzas desde cero y estaría igualmente bajo las instituciones comunitarias.

El medio Europa Press señaló que la falta de avances en materia de integración militar responde a distintas razones históricas y políticas. La idea de un ejército europeo no es reciente: en 1956, los seis estados fundadores intentaron dar vida a la Comunidad Europea de la Defensa, pero la iniciativa fracasó cuando la Asamblea Nacional Francesa se negó a ratificar el acuerdo. Desde entonces, la preservación de la soberanía de los Estados en materia de defensa y la preferencia por la protección ofrecida por la OTAN han sido factores determinantes para frenar nuevas apuestas en ese sentido, aunque el valor estratégico de la alianza atlántica ha comenzado a ser reevaluado ante declaraciones recientes de Donald Trump y su distanciamiento con Europa.

Otra dificultad relevante identificada por los investigadores tiene que ver con la disparidad en culturas, doctrinas y equipamientos de defensa entre los miembros de la Unión Europea. Rafael Martínez declaró a Europa Press que esta heterogeneidad complica la interoperabilidad y puede suponer incompatibilidades logísticas y operativas significativas. La armonización de armamentos, por ejemplo, requeriría inversiones considerables y una voluntad de transformación por parte de todos los involucrados, algo que no se presenta con claridad en el contexto actual.

A la complejidad técnica y organizativa se suman las divergencias en la percepción de las amenazas y en la disposición para asumir riesgos. Martínez se preguntó: “¿Vendrían los finlandeses a defender Ceuta y Melilla?”, ilustrando así las dudas sobre si las distintas naciones comprometerían a sus ciudadanos en la defensa de intereses ajenos. Además, la toma de decisiones en el seno de la Unión Europea suele caracterizarse por su lentitud, limitando la capacidad de reacción militar ante amenazas inminentes, un factor crítico para cualquier fuerza armada conjunta.

Europa Press recogió también las consideraciones económicas que implicaría crear y mantener una fuerza militar europea propia. El grado de compromiso presupuestario requerido todavía representa un interrogante para muchos gobiernos nacionales. Martínez puntualizó que este tipo de inversiones solo sería posible si existiera una voluntad política claramente identificable y sostenida, algo que hasta el momento no se observa en la mayoría de los países participantes.

Por otra parte, la cuestión electoral y el costo político de embarcarse en operaciones militares de alcance europeo influyen en el debate, según declaró Félix Arteaga al mismo medio. Las exigencias financieras, así como el potencial riesgo de tener que justificar el envío de tropas a conflictos considerados ajenos, son elementos con escaso atractivo ante la opinión pública y pueden afectar a los gobiernos en comicios futuros.

En las declaraciones recogidas por Europa Press, Arteaga sostuvo que el predominio de Estados Unidos como garante de la defensa en Europa ha servido hasta ahora como un “poli malo” en el escenario geopolítico, pero la disminución de ese compromiso ha llevado a los líderes europeos a buscar nuevas fórmulas que trasladen la responsabilidad a la Unión Europea. Martínez tildó la idea del ejército común como “una quimera”, advirtiendo además que, dado que los ‘battlegroups’ nunca se han activado en situaciones reales, resulta poco probable asistir a una rápida materialización de un ejército europeo.

El último Eurobarómetro permite percibir que la preocupación en Europa por la seguridad supera la media comunitaria, con España ubicada entre los países donde existe mayor inquietud. A pesar de este contexto, Europa Press citó a Arteaga, quien precisó que la alternativa de un ejército europeo podría volverse más factible solo en el escenario de una retirada decisiva por parte de Estados Unidos, escenario que tampoco considera probable. La presencia norteamericana a través de la OTAN sigue constituyendo un elemento de influencia y protección, en tanto un vacío en ese sentido podría dejar a los países europeos sin respaldo ante potencias extranjeras como Rusia o China.

Como conclusión de sus intervenciones, los especialistas consultados por Europa Press pusieron en duda la capacidad de la Unión Europea para llegar a un acuerdo suficientemente sólido sobre la creación de una fuerza rápida de 5.000 efectivos, cuestionando la viabilidad de alcanzar consensos para una estructura militar conjunta de mayor envergadura.