Naiale Urkijo
Vitoria, 17 ene (EFE).- La "caza" o recolección de trufa empezó en España en una posguerra marcada por la pobreza y permitió ganarse la vida a personas como Joaquín Pueyo (Barbastro, Huesca, 1932) que en plena dictadura pasaba a Francia para vender este hongo tan apreciado en la gastronomía.
En busca de trufales recorrió varias regiones y a principios de la década de los 60 se topó en Santa Cruz de Campezo (Álava) con un encinar que, según su ojo experto, reunía las condiciones para ser un trufal generoso. Y acertó: en una sola mañana recogió 22 kilos. Fue entonces cuando decidió que este sería su lugar de "caza".
Finalmente fueron 35 los años en los que Pueyo regresó cada noviembre a Santa Cruz de Campezo para recolectar trufa, una práctica que él introdujo en Álava. Ahora, 60 años más tarde, la Asociación Etnográfica Amalur está rodando un documental sobre él y hoy se presenta el trailer en la Casa de Cultura de esta localidad alavesa.
La idea de rodar 'Donde duerme la trufa. Joaquín, el pionero de la trufa alavesa' surgió en 2022 cuando Arturo Martínez, secretario de la asociación y guía turístico de profesión, se planteó diseñar una ruta guiada por los trufales de la comarca de la Montaña Alavesa.
Durante el proceso de documentación encontró en el Archivo Histórico de Álava un contrato de arrendamiento de un monte público en Antoñana firmado en el año 1963. Este papel le puso sobre la pista de Joaquín Pueyo, que a sus 93 años sigue viviendo en Barbastro. En 2023 Martínez se desplazó a la localidad oscense acompañado del presidente de Amalur y experto trufero, Igor Zubizarreta.
En esa primera visita el nonagenario aragonés les relató cómo descubrió la riqueza micológica de la Montaña Alavesa, una zona a la que en aquella época también llegaron truferos de otros lugares, sobre todo de Cataluña, aunque los primeros en hacerlo fueron Pueyo y sus dos socios -ya fallecidos-, que además fueron los que más tiempo se quedaron.
Tras esa conversación, Martínez y Zubizarreta comenzaron a barruntar la idea de grabar un documental sobre la figura de Pueyo y su trabajo en Álava para "mantener viva la memoria de un mundo que desaparece: el mundo rural", explica el primero a EFE.
En mayo del año pasado regresaron a Barbastro, ya con un cámara y un técnico de sonido, para grabar una charla de cuatro horas que será el núcleo del documental, que cuenta con financiación de la Diputación Foral de Álava y del Gobierno Vasco, pero que requiere de más fondos para poder ser terminado.
Sus promotores confían en que el Gobierno Vasco tenga una mayor protagonismo económico en el proyecto, aunque trabajan también otras posibles fuentes de ingresos como empresas privadas, fundaciones e incluso crowdfunding (microfinanciación colectiva). "Será un documento histórico. Es parte de nuestra historia y posiciona la trufa como nuestra", valora Zubizarreta.
La presentación del trailer pretende precisamente servir de gancho para lograr esa financiación. Es además una excusa para rendir homenaje a Pueyo, que ha acudido a Santa Cruz de Campezo acompañado de su familia.
Su visita a Álava la ha permitido además reencontrarse con Lauri, la mujer que durante esas 35 temporadas de trufa le preparaba cada noche la cena cuando, tras una larga jornada de trabajo recolectando estos hongos subterráneos, regresaba a su hospedaje en El Casino.
En aquel entonces Pueyo recolectaba trufas silvestres pero en la actualidad su recogida en Euskadi está limitada con medidas muy estrictas. Ahora se recogen por tanto trufas de cultivo con una técnica que apenas ha variado en estos 60 años: el trufero recorre el monte con un perro entrenado para localizar trufas con su olfato, las desentierra con un machete y las guarda en un zurrón.
El entrenamiento de estos canes comienza en su etapa de cachorros y dura dos años. El trufero debe tener paciencia y estar dispuesto a invertir tempo en enseñar al animal y a pasar muchas horas en el monte, normalmente pasando frío porque la temporada va de noviembre a marzo, explica a EFE Zubizarreta.
La preparación de las parcelas para el cultivo de trufa es mucho más larga que el adiestramiento canino, ya que desde los primeros trabajos de preparación del suelo, la posterior plantación y cuidado de los árboles inoculados con el hongo -sobre todo robles y encinas-, hasta la recolección de trufas pasan ocho o nueve años.
La plazo de producción de una parcela puede durar veinticinco años, aunque la cosecha va menguando progresivamente y los años realmente fructíferos suelen ser diez. "Y eso si todo va bien y, sobre todo, si los primeros pasos de preparación terreno se han hecho bien", añade este trufero alavés.
Una producción tan a largo plazo encarece el producto. Aunque su precio es muy variable comprada directamente al productor puede rondar los 700 euros el kilo, apunta Zubizarreta. EFE
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