Los campos de barrio, el vivero que nutre el auge del fútbol marroquí

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Fatima Zohra Bouaziz

Rabat, 16 ene (EFE).- En los campos de barrio de Marruecos, cientos de niñas y niños se forman en asociaciones locales, convirtiendo estos espacios en auténticas canteras que alimentan clubes y la selección nacional, y explican el notable auge del fútbol marroquí en los últimos años.

Marruecos llega por primera vez en 22 años la final de la Copa Africana de Naciones, que se disputará este domingo en Rabat, con la ilusión de repetir la hazaña de 1976.

Tras su histórica semifinal en el Mundial de Catar 2022, el país sigue sumando éxitos en torneos masculinos y femeninos a nivel continental y mundial: ganó el Mundial Sub-20 y la Copa Africana Sub-17 y su selección femenina fue finalista en las dos últimas ediciones de la Copa Africana.

El éxito del fútbol marroquí comienza en las calles, donde los niños dan sus primeros toques al balón y juegan con sus vecinos. Muchos de ellos pasan luego a los campos de barrio, surgidos hace más de dos décadas, donde asociaciones locales pulen sus habilidades y los preparan para nutrir clubes locales y escuelas de élite como la Academia Mohamed VI de Fútbol hasta alcanzar la selección nacional o clubes europeos.

Israa Oulahcen, de 14 años, encarna este camino: comenzó a jugar en las calles del barrio popular Massira, en la localidad de Temara (sur de Rabat), antes de unirse a la asociación 'Noujoum Charaf (N.C.S.T)', donde se formó como mediocampista defensiva.

Hace un año su talento le abrió la primera puerta al ser apadrinada por el reputado club marroquí AS FAR de Rabat, y esta temporada dio el salto a la Academia Mohamed VI.

"Empecé a jugar al fútbol como cualquier niña en la calle, hasta que mis amigas me hablaron de la asociación N.C.S.T., donde jugué durante dos años con el entrenador Ehoussein Chabaki. Él me llevó a pasar las pruebas con AS FAR, con quienes llevo un año, y ahora he conseguido entrar en la academia", cuenta Israa a EFE desde el terreno Ahl Haret en el barrio Al Massira 1 en Temara adonde regresó durante un permiso de descanso para reencontrarse con su primer entrenador y sus antiguas compañeras.

Su madre y otros familiares seguían la sesión, algunos acompañando a sus hijos, otros grabando la escena con el móvil, mientras Israa se movía con naturalidad sobre un terreno que conoce de memoria. Su sueño es jugar con 'Las Leonas del Atlas' y algún día integrar el Real Madrid.

Orgulloso de la trayectoria de Israa, el entrenador Chabaki dice a EFE que su asociación trabaja este año con 50 jugadores de entre 5 y 18 años, muchos de familias modestas. El programa se apoya en los campos de barrio, donde los niños dan sus primeros toques al balón y aprenden la técnica adaptando los entrenamientos al horario escolar.

"Primero enseñamos valores y la importancia de estudiar, luego la técnica: control, pase y táctica", dice Chabaki, quien agrega que la asociación organiza amistosos de barrio y participa en torneos regionales para darles exposición desde pequeños.

Los campos de barrio forman parte de un plan impulsado por el rey Mohamed VI, que inauguró en 2003 el primero en Uchda (noroeste). Integrados en barrios residenciales de todo el país, cuentan con césped sintético y barreras metálicas, muchos patrocinados por la Iniciativa Nacional de Desarrollo Humano (INDH), creada en 2005 por el mismo monarca, aunque existen otras canchas gestionadas por departamentos deportivos.

La INDH construyó 1.808 instalaciones deportivas de proximidad, con una inversión de 2.500 millones de dirhams (233 millones de euros), incluyendo piscinas y canchas de baloncesto, voleibol y balonmano. El 70 % están destinadas al fútbol (1.258 campos), según los datos ofrecidos a EFE por la Coordinación Nacional de INDH en el Ministerio de Interior marroquí.

Estos campos son un eslabón clave del ecosistema futbolístico marroquí, cuya fábrica de talentos es la Academia Mohamed VI, fundada en 2009 y considerada por prensa y analistas internacionales como el corazón del éxito del país.

Financiada por el rey y con un programa de formación riguroso de cinco años, la academia dio jugadores que brillaron en el Mundial de Catar 2022 y en el Sub-20, como Youssef En-Nesyri, Nayef Aguerd, Yassine Khalifi y Yassir Zabiri.

El ecosistema futbolístico marroquí, que impulsó sus éxitos recientes y su presencia en el Mundial 2026, será clave para consolidar al país como potencia y demostrar que ya no es la sorpresa de Catar de cara al Mundial 2030, que organiza junto a España y Portugal. EFE

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