José Luis Picón
Málaga, 7 mar (EFE).- Manolo Summers fue un cineasta que tuvo que soportar prejuicios y que en su carrera "intentó hacer películas personales y de calidad, pero el público no le respondía y no le quedó más remedio que recurrir a películas comerciales", según Miguel Olid, director de un documental sobre su figura.
"Curiosamente, sus grandes fracasos económicos coinciden con sus mejores películas, que tienen buenas críticas, y sus películas más taquilleras suelen tener muy malas críticas", afirma en una entrevista con EFE Olid, que este jueves presenta 'Summers el rebelde' fuera de concurso en la sección oficial de documentales del 27 Festival de Málaga.
Olid admite que, cuando él empezó a ver cine, Summers estaba haciendo sus películas de cámara oculta y un tipo de filmes que no le "interesaban", por lo que partía "con muchos prejuicios" sobre el cineasta.
"Había renegado de su cine en su momento, pero en los últimos años vi algunas películas que me gustaron como 'Del rosa al amarillo' o 'El juego de la oca'".
Eso le llevó inicialmente a investigar cómo afectó a Summers la censura, fue a consultar los expedientes y descubrió "que le habían hecho la vida imposible y que había habido una summersfobia, por lo que existía una historia que contar al ser un gran desconocido".
Se alternan las alabanzas y las críticas al cineasta, "porque no habría sido honesto hacer un documental solo con elogios sobre alguien que fue denostado por un sector de la crítica importante, y ese sector tenía que estar".
"Era un tipo que podía caer mal, al que le gustaba polemizar y discutir, que se enfadaba y que era cuestionado y criticado", apunta Olid, pero también alguien a quien "se compara con Fellini o con Chaplin".
Sufrió "estigmas" como el que le tachaba de franquista, derivado del hecho de que su padre era gobernador civil en la dictadura.
"El documental pone luz para intentar romper esos prejuicios, porque mucha gente piensa que era franquista, pero la censura se lo hizo pasar mal, fue de los más censurados y el que más se enfrentó a los censores".
Aun así, en sus películas quedaron escenas impensables para la época que, por ejemplo, rezumaban anticlericalismo, después de que fueran tachados otros muchos pasajes por los censores.
"En un guion aparecía un monaguillo desatascando la pila bautismal, pero eso lo quitó la censura, y en 'La niña de luto' se decía que una anciana iba con miedo a confesar ante el cura, y eso estaba tachado. Se quedaron muchas cosas por el camino", resalta Olid.
Su otra bestia negra fue la crítica, con la que hubo "una relación complicada en ambas direcciones, porque la crítica le dio fuerte y Summers no se calló, y si a él le atacaban, se defendía".
Su filmografía tiene otro título clave como 'Adiós, cigüeña, adiós', que fue "un gran éxito global, ya que no solo se vio en España, sino también en África, en países árabes o en el lejano oriente, y en América tuvo un éxito descomunal, hay gente que todavía la recuerda y superó a 'El Padrino' en Colombia".
Además, esta película generó "un fenómeno viral antes de que el término viral existiera" y es "la única que ha marcado a una generación en dos continentes a ambos lados del océano".
Olid apunta que, cuando se ve su documental, "quien conoce a Summers descubre cosas que no sabía, incluso cinéfilos o críticos, y a quien no lo conoce le entran ganas de ver sus películas". "Si consigo que se desmonten esos prejuicios, estoy satisfecho". EFE
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