Más cerca de la crisis que de la reacción

Guardar

José Luis Sorolla

Zaragoza, 9 oct (EFE).- En plenas fiestas del Pilar y con la afición dispuesta a divertirse, la clara y dolorosa derrota ante un equipo hundido en la clasificación como el Alcorcón han dejado al Real Zaragoza claramente tocado en la moral y con la palpable sensación de que debe empezar a cambiar cosas.

Las dudas empiezan a ser muy superiores a las certezas y nadie duda de que la reacción está cada vez más lejos y en lo que se encuentra inmerso el equipo es en una crisis que es necesario cortar de raíz antes de que se precisen adoptar medidas mucho más urgentes y más graves.

El triunfo tan solo cuatro días antes en el Principado de Andorra, en lo que para algunos zaragocistas era una ilusión de reverdecer los viejos laureles de sus antaño brillantes participaciones internacionales aunque el fútbol andorrano está a mucha distancia del nivel de sus triunfos europeos, se tornó 72 horas después en un mero espejismo.

De Andorra se salió con el convencimiento de que los tres puntos conquistados fueron un excesivo premio al juego desplegado y que de haber sido otras las circunstancias, su rival jugó desde el minuto 17 con uno menos, se habría estado más cerca de la derrota que de la victoria.

Los nueve cambios que introdujo Fran Escribá respecto al equipo que ganó en Andorra, solo alguno de ellos obligado por problemas físicos o lesión, delataba de inicio que ante los alcorconeros se hacía necesario proponer cambios para intentar no repetir errores. No cabía pensar en la gestión de esfuerzos como principal arma argumental para justificarlos.

El conjunto que dirige Fran Escribá, que se muestra bastante menos crítico con su equipo y el juego que ofrece en las derrotas que en las victorias, necesita retomar las sensaciones ante una afición que comenzó a ofrecer las primeras sensaciones de inquietud.

Las once temporadas consecutivas en Segunda división, que le hacen ser el equipo más veterano de la categoría, no ayudan precisamente a templar los ánimos y mantener la calma.

Con diez partidos disputados y a solo 45 minutos de que la categoría cierre su primer cuarto de competición de la temporada, ya es el momento de poner en los platillos de la balanza los pros y los contras de lo que se está haciendo.

A mediados de agosto, los zaragocistas arrancaron la temporada a bordo de un caballo que salió al galope y el jinete supo controlar todos y cada uno de sus bríos. Alterno buenos momentos, con otros no tan brillantes, pero la eficacia y la rentabilidad estuvo de su lado.

El resultado final fueron cinco triunfos consecutivos, 15 puntos en el casillero en un inicio de ensueño. Tampoco hacía falta mucho para soñar porque ya en la segunda jornada se había certificado el mejor inicio de temporada en la categoría de plata en once temporadas.

Tal vez no fue tan positivo como se pudo creer, aunque la afición respondió a ese fulgurante inicio superando los 26.000 abonados y apenas dejando espacios libres en la vetusta Romareda, porque primero difuminó y después tapó las muchas cosas a rectificar y mejorar.

Del galope desbocado se pasó sin solución de continuidad a ir primero al trote y después al paso e incluso a ver como el caballo se detiene a ramonear hierba en el camino.

En los cinco partidos siguientes el balance ha sido un empate, que llegó después de las cinco victorias lo que todavía no sirvió para encender ninguna luz de alerta, y luego dos derrotas, un triunfo y de nuevo doblar la rodilla, para cerrar el balance: 19 puntos, fuera de los puestos de ascenso directo en los que se vivió las cinco primeras fechas y a un punto del Espanyol que tiene pendiente de jugar su partido por lo que podría estar ya a dos puntos; empatado con Leganés, Levante y Valladolid en los puestos de promoción; y a solo uno del Eibar, ahora séptimo.

Ahora con seis días por delante para volver a coger las riendas y tratar de volver al camino, antes de que los nervios, siempre malos consejeros pero inevitables en un negociado en el que se vive de los resultados, se hagan con ellas.

La promesa del capitán y líder del equipo el portero Cristian Álvarez, tras recibir el título de Hijo Adoptivo de Zaragoza, de volver al Ayuntamiento "dentro de nueve meses", aunque sin nombrarlo en clara referencia a un soñado y deseado ascenso, van a tener que seguir trabajándola. EFE

jls/og