Laura Abellán, psicóloga: “Un niño termina construyendo su identidad en base a lo que escucha constantemente sobre sí mismo”

Algunas etiquetas escuchadas muchas veces durante la infancia pueden favorecer la aparición de ciertos problemas de salud mental durante la adultez

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La psicóloga Laura Abellán explica cómo pueden influir las etiquetas en la construcción de la identidad. (Freepik)

Durante la infancia, gran parte de lo que un niño aprende sobre sí mismo no nace de una reflexión propia, sino de las palabras y los mensajes que recibe de quienes le rodean. Así, los más pequeños comienzan a construir la imagen de quiénes son y cuál es su lugar en el mundo.

Muchas de esas descripciones parecen inofensivas. Expresiones como “es muy tímido”, “es un terremoto”, “es muy responsable” o “siempre da problemas” suelen pronunciarse sin intención de hacer daño. Sin embargo, cuando esos calificativos se repiten una y otra vez, pueden acabar convirtiéndose en una especie de guion que el niño asume como parte de su identidad.

La psicología lleva años señalando que la forma en que nos vemos a nosotros mismos tiene un origen muy temprano y que determinadas experiencias infantiles pueden dejar una huella que se prolonga hasta la edad adulta. En algunos casos, esa identidad construida a partir de etiquetas puede influir en la autoestima, la manera de relacionarse con los demás e incluso favorecer la aparición de problemas de salud mental como la ansiedad o la culpa excesiva.

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Las etiquetas en la infancia pueden favorecer la aparición de problemas de salud mental durante la adultez. (Freepik)

Sobre ello ha reflexionado la psicóloga Laura Abellán (@menteyraices en TikTok) en una publicación en redes sociales, donde invita a mirar hacia la infancia para entender muchos comportamientos presentes. “¿Cómo hablaban de ti cuando eras pequeño? ¿Cuál te dijeron que era tu manera de ser? El problemático, el tímido, la perfecta. Porque justo ahí empieza la forma en la que hoy te relacionas contigo mismo y también con los demás”, afirma.

El peligro de las etiquetas, especialmente durante la infancia

La experta recuerda que los adultos rara vez etiquetan con mala intención. Sin embargo, explica que esas palabras tienen un peso mucho mayor del que suele imaginarse. “Aunque por supuesto los adultos no lo hagan con mala intención, un niño termina construyendo su identidad alrededor de lo que escucha constantemente sobre sí mismo”.

Según explica Abellán, existe una razón relacionada con el desarrollo psicológico. “Hasta más o menos los doce años no terminamos de desarrollar las capacidades cognitivas necesarias para construir nuestra identidad de manera independiente”. Mientras tanto, añade, “si un niño recibe constantemente mensajes como ‘eres bueno’, ‘eres malo’, ‘eres problemático’, ‘eres inteligente’, tiende a incorporarlos como verdades absolutas sobre sí mismo”.

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El problema, según señala, es que esas etiquetas no siempre reflejan la realidad del menor, sino la interpretación que hacen los adultos de su comportamiento. “Lo peligroso de las etiquetas es que muchas veces no describen de verdad al niño, sino la forma en la que los adultos están interpretando sus emociones y sus conductas”.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

Para ilustrarlo, la psicóloga expone distintos ejemplos: “A veces ‘demasiado sensible’ era en realidad un niño que necesitaba seguridad emocional y no se la estaban dando; ‘muy independiente’ era un niño en cuya casa había que atender antes las necesidades de otra persona, entonces aprendió a no pedir ayuda; ‘conflictivo’ era un niño expresando dolor; la niña perfecta simplemente entendió que valía en función de cuánto cumpliera las expectativas o de que se le quería más cuantos menos problemas diera”.

Con el paso de los años, esas creencias pueden seguir condicionando la forma en que una persona afronta su vida. “El problema es que nos hacemos mayores y muchas de esas etiquetas se nos quedan dentro”. Como consecuencia, “aparecen adultos que sienten ansiedad si decepcionan, culpa por poner límites, sin darse cuenta de que siguen intentando encajar en el personaje que aprendieron cuando eran pequeños”.