Los chiringuitos son una parte indispensable de la experiencia veraniega. Ese lugar donde abrir una bolsa de patatas a media mañana, donde tomar una caña bien fría entrada la tarde o donde darse un homenaje ya caída la noche. Hoy, en muchas zonas costeras de España, estos merenderos se han convertido en lugares de moda, espacios pensados para ser ‘instagrameables’ donde ver y ser visto.
Pero hubo un tiempo en que los chiringuitos no servían cócteles de autor, ni ponían música a todo volumen. Estos locales nos llevan acompañando desde principios del siglo XX y, aunque ahora se han convertido en un negocio imprescindible que atrae cada año a numerosos turistas, no siempre fue así. No fue hasta el boom de la actividad turística, allá por los años 60, que estas construcciones humildes que nacieron como simples puestos de bebidas se convirtieron en punto de reunión para bañistas y gourmets.
Encontrar el primer chiringuito abierto en las costas españolas es complicado; hablamos de construcciones y merenderos temporales que nos han acompañado desde tiempos inmemoriales. Pero el primero que puede llamarse como tal se inauguró en 1913, en pleno paseo de la Ribera de Sitges.
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El chiringuito de Sitges, abierto desde 1913
Se trata de El Chiringuito, un icónico establecimiento a solo unos 40 minutos de Barcelona que mantiene inamovible su aspecto marinero, con tablas de madera pintadas de azul y blanco, y su baile de cervezas frías, vino blanco y tapas de pescado. En este bar de enclave inmejorable aún se pueden probar aperitivos al uso como patatas chips, olivas, anchoas y otras conservas o incluso platos de fritura de pescado, como no podía ser de otra manera estando a solo unos metros de las olas.
Aunque abrió sus puertas a inicios de siglo, no sería hasta la década de los años 40 que se reconociese con ese nombre. Fue el dueño, Calafell, quien lo habría bautizado como ‘chiringuito’ por primera vez, un vocablo que para entonces no existía en España y que llegó desde el otro lado del Atlántico.
En Cuba, se utilizaba un término similar para referirse a la forma de consumir el café en las plantaciones azucareras: los trabajadores solían tomar café filtrando el agua de los granos con una media y bebiendo el chorro que caía. A ese líquido le llamaban ‘chiringo’. Con el tiempo, fueron llamando a los quioscos improvisados con el diminutivo ‘chiringuito’, espacios donde tomaban su descanso y su café. Sitges era un lugar con un gran vínculo marinero, una zona a la que habían regresado muchos indianos tras hacer fortuna en América. Fueron ellos los que se habrían traído la palabra consigo.
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Hay quien niega, sin embargo, esta versión de la historia, y afirma que el término ‘chiringuito’ ya se usaba en España para referirse a un aguardiente de caña de azúcar que se preparaba en México y Cuba. Antes de que hiciera aparición el famoso local de Sitges, en el siglo XIX, la prensa española ya hablaría de esta bebida usando dicho nombre. Sea como fuere, el término llegó hasta nuestras costas y se extendió al tiempo que el turismo internacional y la hostelería crecían en época de Transición. Hoy, forman parte imprescindible del paisaje veraniego.