Ser padre o madre es una tarea que no viene acompañada de un manual de instrucciones. Cada niño es diferente, cada familia tiene sus propias circunstancias y, en muchas ocasiones, las decisiones cotidianas generan dudas. Una de las más habituales tiene que ver con el equilibrio entre proteger y dejar crecer: ¿hasta qué punto conviene intervenir cuando un hijo se enfrenta a una dificultad? ¿Es mejor acompañarlo constantemente o darle margen para que aprenda por sí mismo?
La preocupación por el bienestar de los niños lleva a muchos adultos a intentar evitarles errores, frustraciones o situaciones incómodas. Sin embargo, diversos especialistas en desarrollo infantil recuerdan que la autonomía también forma parte del aprendizaje. La confianza en uno mismo no aparece de manera automática, sino que se construye a través de experiencias, decisiones y pequeños desafíos adaptados a cada etapa de crecimiento.
En este contexto, el psicólogo Javier de Haro (@psicologo_teayudoaeducar en Instagram) ha compartido una reflexión dirigida a madres y padres bajo una idea central: “Deja de hacer estas diez cosas y estarás ayudando a tu hijo a que construya confianza en sí mismo”.
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La importancia de equivocarse o del aburrimiento
La primera recomendación del experto es sencilla, aunque no siempre fácil de aplicar. “Déjale tomar decisiones para las que le veas preparado o en las que no haya riesgo”. Permitir que los niños elijan en situaciones adecuadas a su edad les ayuda a desarrollar criterio y seguridad.
A ello añade una segunda clave relacionada con la forma de actuar. “Déjale hacer las cosas también a su manera, no siempre a la tuya”. Aunque los adultos puedan considerar que existe una forma más eficiente de hacer determinadas tareas, permitir otros caminos favorece la iniciativa personal.
La posibilidad de cometer errores también ocupa un lugar importante en la lista. “Déjale tropezar y equivocarse cuando no haya peligro”. Para De Haro, aprender de las propias experiencias resulta fundamental en la construcción de la confianza.
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En la misma línea, el psicólogo defiende la importancia de que los menores expresen desacuerdo. “Por mucho que te cueste, déjale que te diga que no. Eso sí, siempre que lo haga con respeto, porque las formas importan y mucho”. Del mismo modo, considera esencial fomentar el pensamiento propio. “Déjale pensar por sí mismo y pensar diferente a lo que piensas tú, porque esa es la mejor forma para ayudarle a comprender que lo que él piensa y lo que él siente importa”.
La tolerancia a la frustración es otro de los aspectos que destaca. “Déjale frustrarse, aburrirse, esperar y acostumbrarse a una palabra tan sana como necesaria: no”. Según el experto, aprender a gestionar estas situaciones forma parte del desarrollo emocional.
A continuación, De Haro señala la importancia de afrontar dificultades cotidianas. “Déjale dudar e intentar solucionar sus propios problemas”. Y añade una idea estrechamente relacionada con la responsabilidad: “Déjale asumir sus propias consecuencias. Y es que pocas cosas hay como esa que enseñen tanto”.
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Las dos últimas recomendaciones son, en palabras del propio psicólogo, las más importantes. “Déjale que sepa que lo amas siempre, pero sobre todo cuando más lo necesita. Y ya te digo yo que eso no suele ser cuando todo va bien o todo es fácil”. La seguridad afectiva aparece así como uno de los pilares sobre los que construir la autoestima.
Por último, resume su planteamiento con una invitación a respetar la identidad de cada niño. “Déjale ser él, porque cómo va a confiar en sí mismo si no le dejas ser él mismo. Y es que la confianza en uno mismo no viene de serie y la vamos construyendo día a día”.
Junto a estas diez pautas, De Haro subraya cuatro aspectos que considera fundamentales para ayudar a los hijos “en lugar de perjudicarles con buenas intenciones”. El primero es respetar los tiempos de cada niño: “El ritmo lo marcan ellos”. También destaca el peso del ejemplo de los adultos, recordando que los menores aprenden más observando que escuchando. A ello suma la importancia de la comunicación y de las formas con las que se transmiten los mensajes, así como la utilidad de practicar situaciones cotidianas en entornos seguros mediante juegos o simulaciones.
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