Este es el hábito que tienen en común todas las personas seguras de sí mismas, según un psicólogo

Las personas seguras no son temerarias o imprudentes y también tienen miedo ante las mismas situaciones, pero luchan contra ello todos los días

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Un hombre sonriendo durante un paseo por el campo (Canva)

¿Cuántas veces has guardado tu opinión frente a personas que respetas o has evitado reclamar algún beneficio o ascenso merecido en tu trabajo porque no te sentías preparado o sentías miedo? Aunque no lleves la cuenta, lo cierto es que la mayoría de las personas esperan a tener una certeza o, simplemente, no tener nada que perder para hacer cualquier apreciación, sobre todo cuando se trata de un ambiente laboral. Sin embargo, el psicólogo estadounidense Mark Travers ha asegurado en un artículo de Psychology Today que esperar a sentir esa confianza es lo que la mantiene fuera de tu alcance.

En su análisis, el experto formado en la Universidad de Cornell y la Universidad de Colorado Boulder advierte que la seguridad personal no es una condición inicial con la que se nace o que desciende mágicamente sobre nosotros, sino que está destinada a ser el resultado final de nuestras acciones. Concretamente, el Dr. Traves revela que el comportamiento que distingue a estas personas del resto es que actúan en presencia de la incomodidad en lugar de esperar a que esta desaparezca.

Pero no hay que unir esto a un mayor porcentaje de imprudencia o temeridad. Y es que las investigaciones psicológicas, al contrario de lo que muchos piensan, señalan que las personas seguras de sí mismas también tienen miedos ante estas decisiones. Pero demuestran que han aprendido, a través de la práctica constante, a avanzar junto a la duda en lugar de esperar su resolución, como enuncia el experto. Algo que explica con el trabajo de Albert Bandura.

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Una mujer sonriendo durante un paseo por el campo (Canva)

La “experiencia de dominio” frente a la incertidumbre

Bandura determinó que la fuente más poderosa de “autoeficacia” es la “experiencia de dominio”; esto es, la acumulación de pruebas que se obtienen al hacer las cosas realmente. De hecho, un estudio al que ha tenido acceso Travis demostró que las personas con fobias severas a las serpientes que interactuaban físicamente con el origen de su miedo experimentaban aumentos dramáticos en su confianza, no por recibir palabras de aliento, sino por actuar. De esta forma, fisiológicamente, el cerebro humano no actualiza su estimación de nuestras capacidades basándose en buenas intenciones o en la preparación privada, sino en lo que hacemos en el mundo real.

Aquí también entra la intolerancia a la incertidumbre, pues hay otras investigaciones que apuntan a que quienes más se angustian ante la ambigüedad reportan un menor bienestar y una mayor tendencia a evitar situaciones nuevas. El antídoto, explica Travers, no es eliminar la incertidumbre, sino exponerse a ella repetidamente. Así, un profesional que lidera una iniciativa sin sentirse totalmente preparado construirá, en pocos meses, un historial y una evaluación realista de sus habilidades. Por el contrario, quien espera a sentirse listo solo acumulará inacción, profundizando paradójicamente la ansiedad que intentaba resolver.

El yoga combina ejercicio físico y meditación para mejorar fuerza, postura y flexibilidad. Favorece la respiración consciente, reduce ansiedad, fortalece huesos y articulaciones, mejora el sueño, la inmunidad y la salud cardiovascular, aportando equilibrio emocional y bienestar integral.

Ansiedad versus emoción

Esta idea se aplica igualmente en entornos más abiertos: cuando en un grupo quieres iniciar una conversación sobre un tema en concreto, pero esperas varios minutos a que aparezca el momento perfecto. Sin embargo, la realidad es que si lo lanzas antes de toda esa espera, ganarás la evidencia real sobre la que se construye la seguridad. Al final, esto tiene un vínculo estrecho con la ansiedad y las emociones, ya que las dos son fisiológicamente casi idénticas al acelerar el ritmo cardiaco y aumentar el estado de alerta.

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Aun así, un estudio de 2014 de la Universidad de Harvard, publicado en el Journal of Experimental Psychology, demostró que las personas que reinterpretaron su ansiedad como “emoción” obtuvieron resultados notablemente mejores en tareas como hablar en público o negociar. En definitiva, las personas seguras han dejado de permitir que el corazón acelerado funcione como una señal de alto, entendiéndolo simplemente como un indicador de que la situación importa, pero sin interponer un freno.