Esto es lo que pasa si comes arándanos todos los días, según dietistas

La cantidad de antioxidantes y efectos secundarios beneficiosos ha hecho que muchos dietistas lo cataloguen como un auténtico ‘superalimento’; pero ¿esto se mantiene en el consumo diario?

Unos arándanos en la mesa (Canva)

El crecimiento en el consumo de los arándanos en España ha hecho que se incluya en el último Índice de Precios de Consumo (IPC). Este aumento no se justifica solo por ser una moda pasajera, sino que la gran cantidad de antioxidantes y efectos secundarios beneficiosos ha hecho que muchos dietistas lo catalogaran como un auténtico ‘superalimento’. Sin embargo, la pregunta que muchos se hacen es: ¿qué pasa realmente en el interior de nuestro cuerpo si los incorporamos a nuestra dieta diaria de forma rigurosa?

Algunas investigaciones clínicas, lideradas por expertos en dietética y nutrición, han arrojado luz sobre los impresionantes y tangibles efectos que consumir esta pequeña fruta puede tener en nuestra salud metabólica, cardiovascular y general a largo plazo. Concretamente, un equipo de investigadores de la Universidad de East Anglia en el Reino Unido, en colaboración con la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard, llevó a cabo un experimento con resultados de sobresaliente.

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Para el estudio, contaron con 115 adultos de entre 50 y 75 años que padecían el síndrome metabólico. Esta condición clínica reúne algunos riesgos relevantes para la salud, como la hipertensión arterial, el exceso de grasa abdominal, los niveles altos de azúcar en ayunas y anomalías en el colesterol, lo que multiplica significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas y diabetes tipo 2. No obstante, el consumo diario de esta fruta tuvo un efecto sorprendente.

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Un tazón rebosante de arándanos frescos y vibrantes, capturados en un primer plano que resalta su rica textura y color profundo, listos para aportar sus beneficios nutricionales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un escudo contra enfermedades cardiovasculares

Durante un periodo ininterrumpido de seis meses, a los participantes del estudio se les asignó una tarea aparentemente sencilla: incorporar a su dieta diaria el equivalente a una taza de arándanos (150 gramos), o bien, media taza (75 gramos). Pero, para garantizar la fiabilidad, se utilizó polvo de arándanos liofilizados y un placebo idéntico en color y sabor, pero sin los nutrientes reales de la fruta.

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El fenómeno observado al final del semestre fue asombroso y altamente prometedor para la salud pública. Y es que, la ingesta diaria generó mejoras clínicas sostenidas en la función de los vasos sanguíneos y redujo notablemente la rigidez arterial. Los investigadores notaron un incremento en la “dilatación mediada por flujo”, lo que significa que las arterias de los participantes se volvieron más flexibles, saludables y eficientes para transportar la sangre por todo el cuerpo.

Además, los niveles del “colesterol bueno” (HDL) experimentaron un aumento significativo, especialmente en aquellos pacientes que no tomaban medicamentos con estatinas. Estos cambios biológicos se traducen en un escudo protector directo contra los infartos, pues equivalen a una reducción de entre un 12% y un 15% en el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares en el futuro.

Cuál es la fruta que ayuda a perder peso y cuida el corazón.

¿Cuál es el secreto de este ‘milagro’ natural?

Pero los increíbles beneficios diarios no terminan en el corazón. Otro riguroso estudio clínico paralelo, esta vez liderado por el Centro Médico Stratton VA en Nueva York (EE. UU.), investigó el impacto del consumo diario de arándanos en hombres que ya padecían diabetes tipo 2. Tras consumir el equivalente a una taza diaria durante solo ocho semanas, los pacientes mostraron una reducción significativa en sus niveles de hemoglobina A1c y fructosamina, que son los marcadores clave utilizados por los médicos para evaluar el control del azúcar en la sangre a largo y corto plazo.

Sorprendentemente, también se documentó una caída en los niveles de triglicéridos y una mejora notable en la salud del hígado, evidenciada por la disminución de las enzimas hepáticas encargadas de señalar la inflamación o el daño celular. La clave de esta mejora aguarda en las antocianinas, que son los pigmentos naturales que otorgan a los arándanos su intenso color azul y morado.

Al parecer, cuando comemos arándanos todos los días, estas antocianinas se metabolizan y sirven como “alimento” para nuestra microbiota (las bacterias buenas del intestino grueso). Esto desencadena una reacción en cadena en el organismo que estimula la producción de óxido nítrico, una molécula que relaja los vasos sanguíneos y combate la resistencia a la insulina.

Pero, curiosamente, el ensayo británico descubrió que consumir solo media taza al día no era suficiente para obtener estos potentes beneficios sobre el corazón y las arterias. La “dosis terapéutica” recomendada por los dietistas parece ser, de manera muy precisa, una taza llena (150 gramos) diaria.

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