En ocasiones, el cuerpo nos pide azúcar y comida basura. Y aunque no hay que demonizar los alimentos, no son los más saludables, ya no solo para el cuerpo, también para la mente. El psicólogo Alberto Ramírez advierte que “la comida basura no solo afecta a tu cuerpo, afecta a tu cerebro”. El especialista y divulgador explica las razones a través de su cuenta de TikTok (@albertopsi.mental madrid), desde donde divulga sobre salud mental.
Entre las principales consecuencias, Ramírez destaca el efecto inmediato tras consumir productos ricos en azúcares y grasas: “Cada vez que consumes ultraprocesados cargados de azúcares y grasas saturadas, generas picos rápidos de dopamina”. Para el psicólogo, ese estímulo se traduce en placer fugaz, energía instantánea y sensación de alivio, pero advierte sobre la fase posterior. “Después viene la caída. Y esa caída no es solo física, es emocional”, avisa.
El especialista expone que las consecuencias posteriores abarcan “más irritabilidad, mayor cansancio, más apatía y mayor dificultad para concentrarte”, haciendo hincapié en cómo esos ciclos afectan la vida diaria.
Los alimentos procesados afectan al ánimo
Al desarrollar la relación entre alimentación y microbiota, resalta: “Lo que comes influye directamente en tu microbiota. Y tu microbiota influye directamente en la producción de serotonina, que es la que regula tu estado anímico”.
Varios estudios recientes, señala Ramírez, han vinculado la inflamación sistémica originada por estos alimentos con síntomas de ansiedad y depresión. Si bien no plantea la eliminación total de ciertos productos, matiza: “No se trata de demonizar una hamburguesa o una pizza. Se trata de entender que si tu alimentación habitual es comida basura, tu estabilidad emocional se va a resentir”.
Para quienes atribuyen apatía, tristeza o desmotivación a causas imprecisas, Ramírez recomienda mirar hacia la dieta cotidiana. Según recalca, “muchas personas creen que están desmotivados, ansiosos o tristes porque sí, cuando realmente su cuerpo se encuentra en una montaña rusa emocional precisamente por la alimentación”.
En última instancia, sintetiza su recomendación en un mensaje que abarca cuerpo y mente: “Cuidar tu alimentación no es solo estética, es salud física y mental”, concluye el especialista.
El cerebro se ve afectado aunque el cuerpo no lo haga
Un reciente estudio publicado en la revista Nature Metabolism muestra que el exceso de alimentos de este tipo provoca un patrón cerebral similar a los observados en las personas con obesidad. La investigación ha comprobado que la comida “basura” es capaz de cambiar los patrones del cerebro en adultos jóvenes sanos, aunque el peso y la composición no se vieran alteradas.
Los resultados mostraron que, al final del período de cinco días, un grupo que consumió comida ‘basura’ presentaba una mayor actividad en tres regiones cerebrales vinculadas a la respuesta a los cambios dietéticos y al sistema de recompensa. Este patrón de actividad es similar al que se observa en personas con obesidad o resistencia a la insulina, una condición que puede predisponer al desarrollo de diabetes tipo 2.
Siete días después de finalizar la dieta alta en calorías, la actividad cerebral en este grupo había disminuido en dos regiones clave asociadas con la memoria y la respuesta a estímulos visuales relacionados con la comida. Estos hallazgos son consistentes con un estudio previo en personas con obesidad, donde se observó que aquellos con cerebros sensibles a la insulina lograban una mayor pérdida de peso tras adoptar cambios en su estilo de vida, en comparación con aquellos que mostraban resistencia a la insulina.