Juan Goñi, arquitecto, sobre los precios actuales de la vivienda: “El acero ha subido un 84% desde 2019”

Todos aquellos materiales cuya producción depende en gran medida del consumo energético han visto cómo sus costes se incrementaban de forma notable

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Composición fotográfica de un mapa de España junto con un edificio en construcción (Composición Infobae)
Composición fotográfica de un mapa de España junto con un edificio en construcción (Composición Infobae)

El encarecimiento de la vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones económicas en España, y no solo por la demanda o la falta de oferta. Detrás de los precios finales hay una realidad menos visible: el aumento constante de los costes de construcción. En especial, con las últimas subidas provocadas por la guerra en Oriente Medio.

Así lo explica el arquitecto Juan Goñi, que pone cifras concretas a una tendencia que afecta directamente tanto a promotores como a particulares que quieren construir su propia vivienda. La clave, según apunta, está en la evolución de los materiales y su impacto en los presupuestos.

Uno de los ejemplos más claros es el del acero, un material fundamental en prácticamente cualquier obra. Desde 2019, su precio se ha disparado en torno a un 84%, pasando de unos 360 euros por tonelada a cerca de 680 euros. Este incremento tiene un efecto directo en el coste total de una vivienda.

Por ejemplo, en una casa unifamiliar de unos 120 metros cuadrados, donde pueden utilizarse unas diez toneladas de acero, el sobrecoste puede alcanzar fácilmente los 3.000 euros. Este dato ilustra cómo un solo componente puede alterar significativamente el presupuesto inicial, convirtiéndose en un factor clave dentro del coste construcción.

Pero el acero no es el único material afectado por esta escalada. Otros elementos esenciales también han experimentado subidas importantes en los últimos años. Los materiales cerámicos, por ejemplo, han aumentado su precio en torno a un 60%, mientras que el cobre ha subido cerca de un 40%.

Un portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid denuncia la crisis de la vivienda, calificándola de 'problema estructural'. Advierte a los fondos buitre que se organizarán para resistir y detalla las exigencias del colectivo: bajada del 50% de los alquileres, contratos indefinidos y recuperación de viviendas vacías.

El aumento de la obra se traslada al precio final

En conjunto, esto refleja una tendencia generalizada: todos aquellos materiales cuya producción depende en gran medida del consumo energético han visto cómo sus costes se incrementaban de forma notable. Esta situación está directamente relacionada con el encarecimiento de la energía, lo que introduce una variable adicional en el cálculo de cualquier obra, especialmente en lo que respecta al precio materiales.

Este contexto obliga a replantear la forma en la que se elaboran los presupuestos de construcción. Tradicionalmente, muchos proyectos se basaban en estimaciones relativamente estables, pero esa previsibilidad ha desaparecido. Hoy en día, un presupuesto puede quedarse obsoleto en cuestión de meses si no está respaldado por un contrato cerrado. Esto significa que los promotores y particulares deben actuar con mayor rapidez si quieren evitar desviaciones económicas importantes.

En este sentido, el arquitecto lanza una recomendación clara: cerrar los precios cuanto antes. Firmar un contrato que fije el coste de los materiales y de la ejecución se ha convertido en una herramienta esencial para protegerse frente a futuras subidas. De lo contrario, el presupuesto queda en una especie de “borrador permanente”, sujeto a cambios constantes en función de la evolución del mercado.

Además, este fenómeno tiene implicaciones más amplias en el mercado inmobiliario. El aumento de los costes de construcción se traslada, en muchos casos, al precio final de la vivienda. Esto contribuye a encarecer tanto la compra como el alquiler, ya que los promotores necesitan mantener márgenes para que los proyectos sean rentables. En consecuencia, el acceso a la vivienda se vuelve más complicado, especialmente para los perfiles con menor capacidad económica.