Si entrenas en el gimnasio y te salen más granos, probablemente sea por uno de estos tres motivos

El sudor acumulado en la piel después del entrenamiento, combinado con bacterias y sebo, puede causar irritación y aparición de nuevos brotes

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Una mujer con un grano en la cara (Freepik)
Una mujer con un grano en la cara (Freepik)

Quienes asisten al gimnasio y notan un aumento de granitos o una apariencia más opaca en la piel suelen pasar por alto tres errores cotidianos que pueden estar perjudicando su rostro, advierte el especialista en medicina estética Xavier Batalla. El médico, que divulga a través de sus redes sociales (@dr.xavierbatalla), explica en una de sus últimas publicaciones qué puede estar detrás de los brotes inesperados de acné que aparecen después de hacer deporte en estos espacios.

Uno de los errores que destaca este especialista es entrenar con maquillaje. Según Batalla, “el sudor abre los poros y el maquillaje los bloquea”. Esta mezcla de sudor, grasa y producto es “el caldo perfecto para que aparezca acné, granitos en la frente o textura irregular en las mejillas”.

El médico también indica que otro de los factores que pueden ser perjudiciales para la piel es no ser conscientes de qué tocamos. Muchas personas “tocan mancuernas, máquinas y luego, sin querer, se limpian el sudor con las manos”. En ese momento, se desata una “transferencia de bacterias y suciedad”, que supone “una de las causas más recurrentes de granitos en la zona T”, es decir, en la frente, la nariz y la barbilla.

El tercer error que suele pasar desapercibido ocurre al “postergar la ducha después de entrenar”. Batalla advierte que “si te vas directo a casa, el sudor se seca directo en tu piel y se mezcla con bacterias y sebo, y eso ”hace que el poro se bloquee y que aparezcan irritaciones o brotes que no tenías antes”.

Qué sucede cuando el acné sobrepasa la adolescencia

El acné en la edad adulta ha dejado de ser una rareza para convertirse en un motivo habitual de consulta médica. Este trastorno cutáneo puede dejar manchas, cicatrices y brotes persistentes localizados especialmente en la mandíbula y el mentón, lo que afecta tanto al aspecto físico como a la autoestima y la calidad de vida.

El acné adulto se produce por la obstrucción del folículo piloso, originada por la acumulación de sebo y células muertas, lo que provoca inflamación cutánea. Una de las características principales es su tendencia a situarse en la parte baja del rostro, como el mentón y la mandíbula, y la posibilidad de asociar una piel grasa con síntomas de sensibilidad e irritación. A diferencia del acné juvenil, las formas adultas suelen vincularse a factores hormonales en la mujer, como el ciclo menstrual, el embarazo y la menopausia, así como al estrés persistente, el uso de cosméticos inadecuados, algunos medicamentos y el consumo de tabaco.

Si el acné se presenta de manera repentina en la edad adulta, provoca dolor, deja manchas o no evoluciona favorablemente tras varias semanas de cuidado adecuado, la consulta a un dermatólogo resulta especialmente aconsejable. Del mismo modo, se recomienda acudir a un especialista si existen cambios hormonales, trastornos menstruales o si el impacto psicológico es importante.

La prevención y la gestión eficaz del acné adulto exigen una rutina constante y respetuosa con la piel. Entre las principales recomendaciones, se incluyen el uso de cosméticos no comedogénicos y formulados para pieles sensibles, la protección solar diaria, evitar la manipulación manual de las lesiones para reducir el riesgo de cicatrices, realizar una limpieza suave sin exfoliaciones agresivas, así como asegurar un descanso adecuado y procurar técnicas para reducir el estrés.